El único gobierno departamental conquistado por la Coalición Republicana empieza a mostrar sus primeras grietas serias. Marcelo Malaquina, figura colorada clave en el triunfo de Carlos Albisu, se desmarcó del gobierno salteño y dejó una frase que pega donde más duele: la Coalición, orgánicamente, “no existe”.
La Coalición Republicana tiene en Salto su única intendencia. Tiene intendente, cargos, relato de unidad y foto de victoria. Lo que ahora aparece en discusión es si también tiene una coalición funcionando de verdad.
El 11 de mayo de 2025, Salto fue presentado como el gran ensayo departamental de la derecha uruguaya: blancos, colorados, independientes y cabildantes bajo un mismo paraguas para sacar al Frente Amplio de la Intendencia después de dos períodos. El resultado fue claro: la Coalición Republicana ganó con el 54,9% frente al 40% del Frente Amplio, y Carlos Albisu llegó al gobierno departamental como candidato más votado dentro del lema.
Pero ese triunfo no fue solo blanco. Marcelo Malaquina, candidato colorado, aportó cerca de 14.000 votos y fue parte decisiva de la victoria. En los números iniciales divulgados tras la elección, Albisu aparecía con 35.753 votos y Malaquina con 13.842; Búsqueda informó luego que el aporte colorado final fue de 14.229 votos dentro de los 51.157 que obtuvo la Coalición. Sin esa columna colorada, el festejo habría sido bastante menos sencillo.
La unidad duró menos que el cartel de campaña
La ruptura no llegó por una votación perdida ni por una declaración al pasar. Malaquina publicó el 15 de abril un comunicado en el que resolvió actuar con independencia política respecto al gobierno departamental. El argumento central fue que, después de ocho meses de gestión, no se consolidaron las condiciones políticas necesarias para sostener la confianza entre los socios. También señaló que su sector no contó con ámbitos reales de participación en la toma de decisiones.

El golpe más duro no estuvo solo en la salida, sino en la descripción del estado interno de la alianza. Malaquina sostuvo que la Coalición fue útil para ganar, pero que no funciona orgánicamente como instrumento de gobierno. En otras palabras: sirvió para juntar votos, pero no para ordenar el poder una vez ganada la Intendencia.
La frase deja al descubierto una contradicción conocida: muchas veces las coaliciones nacen con discursos de amplitud, pero terminan administradas como gobiernos de partido único con invitados alrededor de la mesa. En Salto, según Malaquina, la lógica fue esa: dirigentes designados por el intendente, participación individual y poca o nula construcción colectiva.
Albisu dice normalidad, Malaquina dice invisibilización
Desde el entorno del intendente Carlos Albisu, la respuesta fue bajar el tono. Según informó Búsqueda, fuentes de la comuna aseguran que el funcionamiento del gobierno y de la Coalición es “normal”, con participación de dirigentes de los cuatro partidos. También sostienen que el diálogo nunca se cortó y que no entienden la actitud de Malaquina.
Pero el dirigente colorado no habla de una simple molestia. Dice que hubo una decisión política de invisibilizarlo, que no fue tenido en cuenta en las decisiones y que la Coalición no puede reducirse a cargos sueltos repartidos a dirigentes. Aclaró, además, que no pasa a la oposición ni busca “ponerle bombas” al gobierno, sino actuar con autonomía y acompañar lo que considere positivo para Salto.
Ese matiz importa. Malaquina no rompe con el Partido Colorado ni declara una guerra abierta contra Albisu. Lo que hace es algo más incómodo: se queda dentro del tablero, pero fuera del libreto oficial. Y desde ahí marca que el experimento salteño, presentado como ejemplo de unidad republicana, tiene problemas bastante antes de llegar a la mitad del período.
El laboratorio de la derecha empieza a crujir
Salto no era una intendencia más. Era el único caso exitoso de la Coalición Republicana en las elecciones departamentales de 2025, después de competir también en Montevideo y Canelones sin lograr el gobierno. Por eso el caso salteño fue leído como prueba piloto para futuras estrategias electorales de la derecha.

La construcción ya había nacido con tensiones. En febrero de 2025, cuando se proclamaron las candidaturas de Albisu y Malaquina, ambos dijeron que trabajarían “separados” pero con un “fin común”: recuperar el gobierno departamental. Cabildo Abierto, por su parte, no presentó candidato propio a la Intendencia y se concentró en la Junta Departamental, integrándose al esquema de la Coalición salteña.
El problema es que gobernar no es lo mismo que sumar listas. Una alianza electoral puede sobrevivir con un objetivo simple: ganarle al adversario. Una coalición de gobierno necesita reglas, diálogo, equilibrios y capacidad de procesar diferencias. Y ahí aparece la grieta: Salto ganó como Coalición, pero empieza a gobernar como un archipiélago de intereses.
El trasfondo tampoco ayuda. Albisu ya venía marcado por su salida de la Comisión Técnica Mixta de Salto Grande en 2023, en medio de cuestionamientos por presunto clientelismo político, y en 2025 la Jutep cuestionó la designación del hijo del secretario general de la Intendencia como director de Obras, señalando irregularidades y violaciones a normas de ética pública. Albisu rechazó esos cuestionamientos y los presentó como un ataque político.
Por eso la crisis con Malaquina no cae sobre una mesa limpia. Cae sobre un gobierno que ya venía acumulando ruido político, tensiones internas y discusiones sobre la forma de manejar el poder.
La derecha uruguaya quiso mostrar Salto como prueba de que la Coalición Republicana podía bajar del discurso nacional al territorio. Por ahora, la prueba deja una enseñanza menos cómoda: juntar partidos alcanza para ganar una elección, pero no necesariamente para construir gobierno.
Malaquina no se fue del Partido Colorado, no se declaró opositor y no rompió todos los puentes. Hizo algo políticamente más filoso: dijo que la Coalición, como organismo vivo, no existe. Y cuando quien aportó los votos decisivos empieza a decir que la herramienta no funciona, el problema ya no es una interna colorada. Es una advertencia sobre el modelo completo.
En Salto, la Coalición todavía gobierna. La pregunta es si gobierna como coalición o apenas como una suma de nombres bajo el mando del intendente. Esa respuesta, tarde o temprano, no la va a dar un comunicado.









