El laboratorio del Hospital Especializado de Ojos volvió a confeccionar lentes para niños y pacientes con correcciones complejas. La noticia no empieza ahora: el programa de salud visual escolar funcionó desde 2017, quedó inactivo durante la administración anterior y fue retomado por las nuevas autoridades de ASSE.
Antes de hablar de reapertura, hay que hablar de abandono. El Hospital de Ojos “José Martí” no es cualquier dependencia de ASSE: desde su creación fue una de las políticas públicas más concretas para que miles de personas con bajos ingresos pudieran recuperar o mejorar la visión sin depender del bolsillo.
En 2019, MSP y ASSE recordaban que el Hospital de Ojos había realizado unas 95.000 operaciones en 12 años, 60.000 de ellas de cataratas, y que también se habían hecho pesquisas en escuelas públicas, con entrega gratuita de lentes cuando correspondía. Aquella política permitió resolver problemas de salud visual que durante décadas habían quedado postergados para los sectores con menos recursos.

Ese camino también incluyó el Programa Nacional de Salud Visual Escolar, creado en 2017 y pensado para detectar temprano problemas de visión en niños y niñas. Según datos difundidos por la Dirección General de Educación Inicial y Primaria, entre 2017 y 2020 se realizaron unas 15.000 pesquisas y se entregaron alrededor de 1.000 lentes.
Pero durante el gobierno de Luis Lacalle Pou esa política no fue fortalecida: quedó inactiva. ASSE informó en noviembre de 2025 que el programa había quedado sin funcionar durante la administración anterior, y ANEP señaló que las autoridades hablaban de “reinstalar” el programa por su discontinuidad desde 2019.
Cajas guardadas, niños esperando
El dato más fuerte no es solo que el programa se haya detenido. Es que había recursos para trabajar. Álvaro Danza, presidente de ASSE, dijo que en el Hospital de Ojos encontraron lentes, armazones y cristales sin hacer, materiales que podían estar al servicio de niños que necesitaban ver mejor para estudiar.
Dicho de forma simple: no faltaba todo. Había materiales. Lo que faltó fue decisión política, continuidad y gestión pública para que esos recursos llegaran a quienes los necesitaban.
No hay una cifra oficial que permita decir cuánto dinero tuvieron que gastar las familias por esa ausencia. Pero el costo social es claro: si el Estado no pesquisa, no receta, no fabrica y no entrega lentes, la familia espera o paga. Y cuando se trata de niños de escuelas públicas, rurales o de contextos vulnerables, muchas veces pagar no es una opción.
La consecuencia no se ve en una planilla: se ve en un niño que no distingue bien el pizarrón, que se cansa leyendo, que pierde atención o que queda rezagado por un problema que podía resolverse con un par de lentes.
La reapertura del laboratorio
Ahora ASSE anunció la reapertura del laboratorio del Hospital Especializado de Ojos, ubicado en el predio del Hospital Saint Bois, en Lezica. Danza dijo que el centro estuvo “un largo tiempo” cerrado y que fue encontrado con cajas de material para producir lentes, principalmente para niños.
Desde diciembre de 2025 hasta abril de 2026, ASSE confeccionó 335 pares de lentes para niños, sobre todo dentro del Programa de Salud Visual Escolar. Son niños que necesitaban lentes y tenían dificultades para ver en la escuela.
Además, el organismo contrató a un técnico óptico para poner al día la lista de espera, con prioridad en niños y en pacientes con correcciones visuales complejas. Según Danza, muchos de esos pacientes difícilmente podrían acceder a esa prestación por fuera del sistema público.
El director del Hospital de Ojos, Alejandro Fischel, destacó también la importancia de contar con un técnico óptico propio de ASSE. Eso significa que el Estado recupera capacidad directa para confeccionar lentes, sin depender solamente de soluciones externas.
Qué cambia para las familias
La reapertura del laboratorio permite cerrar el circuito completo: detectar el problema, hacer la evaluación médica, confeccionar los lentes y entregarlos en la escuela.
El programa funciona con varias instituciones: ASSE, MSP, ANEP, UTU y Udelar. En las escuelas se realiza primero una pesquisa visual a niños y niñas de nivel 5, independientemente del prestador de salud que tengan. Después, si se detectan alteraciones, pasan a evaluación con oftalmólogo. Si necesitan lentes, se receta y se confeccionan. Si aparece otra patología, se deriva al prestador correspondiente.
Presidencia informó que el relanzamiento incluye la reapertura de un laboratorio del Hospital de Ojos, donde se confeccionan los anteojos con participación de docentes y estudiantes de UTU y técnicos ópticos de ASSE. Una vez elaborados, los lentes se entregan en las escuelas.
Ese punto es clave: la política va hacia el niño, no espera que la familia golpee puertas. En salud pública, eso hace la diferencia.
Una política que empezó antes y había que recuperar
El Hospital de Ojos nació como una respuesta concreta a una desigualdad concreta. En sus primeros nueve años, según ASSE, más de 67.000 personas recuperaron la visión mediante distintos procedimientos, y más de 47.000 lo hicieron gracias a cirugías de cataratas.
En el área escolar, el programa también había mostrado resultados. En una etapa anterior, ASSE informó que en seis meses se habían pesquisado 1.988 alumnos de nivel 5 en 30 escuelas Aprender, se habían entregado 190 pares de lentes y se había constatado que 20% de los niños evaluados tenía alteraciones visuales; de esos casos, 80% podía corregirse con lentes.
Eso demuestra que no se trataba de una política simbólica. Funcionaba, detectaba problemas reales y daba una respuesta concreta.
Por eso el freno durante el período anterior no fue neutro. Cuando una política así se apaga, no queda todo igual. Se acumulan niños sin diagnóstico, familias sin respuesta y materiales guardados que deberían estar cumpliendo una función social.
La reapertura del laboratorio del Hospital de Ojos no borra los años perdidos, pero marca un rumbo. Donde había cajas cerradas, vuelve a haber producción pública. Donde había espera, empieza a haber respuesta. Donde el mercado podía dejar afuera a muchas familias, el Estado vuelve a ocupar su lugar.
Ver bien no es un lujo. Para un niño, puede ser la diferencia entre aprender o quedar atrás. Para una familia trabajadora, puede ser la diferencia entre pagar una óptica o llegar a fin de mes. Para un paciente con una corrección compleja, puede ser la diferencia entre tener una solución o seguir esperando.
La salud pública también se mide en estas cosas: en que los recursos no duerman guardados, en que los programas no se abandonen, en que las políticas que funcionan no se corten por desidia o por falta de prioridad.
ASSE reabre el laboratorio del Hospital de Ojos y recupera una herramienta que nunca debió quedar apagada. Porque un Estado serio no guarda lentes en cajas mientras hay niños que no ven el pizarrón.









