El nuevo plan de movilidad metropolitana ya empezó a tomar forma y, si se concreta como fue presentado, cambiará de manera fuerte la forma en que se viaja entre Montevideo y Canelones. La idea es priorizar el transporte colectivo con un sistema de buses rápidos que circularán por carriles exclusivos, especialmente en los corredores de mayor tránsito, y uno de los puntos más visibles de ese cambio será 18 de Julio. Allí, la propuesta que hoy se perfila es un corredor central para ómnibus de alta capacidad, con menos interferencia del tránsito común, menos superposición de líneas y una circulación mucho más ordenada que la actual.
En los hechos, lo que se quiere hacer no es simplemente pintar un “solo bus” como los que ya existen en algunos tramos. El proyecto apunta a instalar un esquema tipo BRT, es decir, un sistema de buses rápidos con carriles exclusivos, unidades más grandes, paradas más espaciadas y un funcionamiento más parecido al de una red troncal. La apuesta es que el transporte público deje de quedar atrapado en el mismo embotellamiento que los autos y gane velocidad, regularidad y capacidad. Presidencia presentó esta alternativa como una red de ómnibus rápidos en superficie sobre 18 de Julio y los principales corredores metropolitanos.
Para el lector común, el cambio central es fácil de entender: 18 de Julio dejaría de operar como una avenida donde pasan decenas y decenas de líneas mezcladas con el resto del tránsito. La propuesta es concentrar el movimiento de los buses en un corredor central, uno por cada sentido, para que la circulación del transporte público sea más limpia y directa. Eso supone una reorganización importante de toda la avenida y también de la forma en que se entra y se sale del Centro.
La intención oficial es que este corredor sea parte de una reforma mayor que una Montevideo y Canelones a través de los grandes ejes metropolitanos. La base del sistema sigue siendo la conexión por 8 de Octubre y Camino Maldonado hacia Zonamérica, y por Avenida Italia y Giannattasio hacia El Pinar, con articulación en Tres Cruces y conexión con el Centro. Dicho más simple: el nuevo carril de buses en 18 de Julio no sería una obra aislada, sino una pieza clave de una red más grande pensada para mover a mucha más gente en menos tiempo.
Uno de los argumentos más fuertes del proyecto es el tiempo de viaje. Las estimaciones que se manejaron públicamente indican que el tramo entre Plaza Independencia y Tres Cruces podría bajar de alrededor de 22 minutos a unos 10 minutos. Esa diferencia es enorme para quien usa ómnibus todos los días y también para el sistema en general, porque un corredor que ahorra tiempo permite mover más pasajeros con mayor previsibilidad. El punto no es sólo llegar más rápido, sino también que el viaje sea menos incierto y que el ómnibus no dependa de cada trancazo del tránsito común.
La reforma también implica cambiar la lógica del transporte en la avenida. Hoy 18 de Julio funciona con una superposición muy grande de recorridos. Con el nuevo esquema, la idea es pasar a una troncal fuerte de buses rápidos y dejar que otras líneas alimenten ese corredor desde distintos barrios o zonas laterales. Algunas coberturas señalaron incluso que el nuevo diseño reemplazaría el paso de 122 líneas por la avenida por una estructura troncal mucho más concentrada. Eso, bien aplicado, puede ordenar una circulación que hoy luce saturada, lenta y muchas veces caótica.
Otro cambio fuerte será para los autos. La propuesta difundida prevé mantener circulación particular, pero con menos espacio que hoy. En algunos tramos habría un carril por sentido para vehículos particulares, mientras que parte del tránsito hacia Ciudad Vieja sería redirigido por calles como Colonia. También se mantendría la ciclovía. O sea: no se trata de cerrar 18 de Julio al tránsito general, pero sí de darle una prioridad mucho más clara al transporte público, que es justamente el corazón político y práctico de toda la reforma.
En cuanto a las paradas, la lógica será distinta a la actual. En vez de tener detenciones muy frecuentes, el proyecto maneja estaciones más separadas entre sí, a unos 500 metros aproximadamente. Según las distintas descripciones públicas, entre Tres Cruces y Plaza Independencia habría unas seis o siete paradas. Ese detalle todavía puede ajustarse, pero la idea general ya está definida: menos paradas, más velocidad y recorridos más directos. Para algunos usuarios eso implicará caminar un poco más, pero a cambio el sistema debería volverse bastante más ágil.
Sobre el tipo de vehículos, todavía no se conoce un pliego final cerrado, pero todo apunta a ómnibus articulados o de alta capacidad, mucho más grandes que los urbanos comunes. La lógica es que no haya una marea de coches chicos o medianos compitiendo entre sí, sino menos unidades, más grandes y mejor integradas a un sistema de prioridad vial. Eso encaja con el objetivo de convertir el corredor en una verdadera columna vertebral del transporte metropolitano.
También hay una definición política que no es menor: Orsi confirmó que las obras comenzarían en 2027. Eso coloca al proyecto en una etapa que ya no es de mera idea abstracta, aunque todavía falten cierres técnicos y detalles finos. La señal política es que el gobierno quiere avanzar con esta reforma y que el carril exclusivo para buses en superficie es hoy la pieza central del tramo céntrico.
De todos modos, todavía no está todo cerrado al milímetro. Faltan definiciones más precisas sobre estaciones, cruces, desvíos, diseño final del espacio vial y ajuste del nuevo mapa de líneas. Tampoco aparece publicado, por ahora, un presupuesto ejecutivo completamente desglosado sólo para la variante de superficie de 18 de Julio. Lo que sí está claro es que el gobierno la considera una opción más rápida de ejecutar y más conveniente para ordenar la circulación metropolitana.
En resumen, lo que se proyecta para 18 de Julio es un cambio profundo de prioridades. La avenida seguiría siendo un eje central de la ciudad, pero con otro criterio: menos dominio del tránsito mezclado y mucho más peso del transporte colectivo. Si el plan avanza como se anunció, el ómnibus pasará a ocupar el centro de la escena, no sólo en sentido figurado, sino también en el espacio físico de la avenida. Y ahí está el verdadero giro del proyecto: no se trata sólo de mover buses, sino de redefinir cómo se organiza la movilidad entre Montevideo y Canelones para los próximos años.









