El informe final del Diálogo Social plantea habilitar una vía opcional de retiro desde los 60 años, con reglas diferenciadas según ingresos y trayectoria laboral. La clave no está solo en la edad: está en reconocer que no todos llegan igual a los 65.
La discusión sobre las jubilaciones vuelve al centro de la agenda, pero esta vez con un punto que obliga a mirar más allá de los números fríos. El informe final del Diálogo Social propone crear una causal de retiro anticipado que permita jubilarse desde los 60 años, sin eliminar la edad normal de retiro de 65 años.
La propuesta no plantea una salida igual para todos, porque justamente parte de una realidad evidente: no todos los trabajadores llegan al final de su vida laboral en las mismas condiciones. No es lo mismo una trayectoria estable, con buenos ingresos y menor desgaste físico, que décadas de informalidad, changas, tareas pesadas, salarios bajos o empleos que dejan el cuerpo roto antes de tiempo.
No todos llegan igual a los 65
El planteo del Diálogo Social reconoce que el envejecimiento de la población y los cambios en el mundo del trabajo obligan a revisar el sistema previsional. Pero también advierte algo que muchas veces se oculta cuando se habla de “trabajar más años”: hay desigualdades estructurales que hacen que la edad de retiro no pese igual para todos.
Un trabajador de menores ingresos, con una vida laboral irregular o con tareas físicamente exigentes, no tiene la misma posibilidad real de seguir activo que alguien con mejores condiciones laborales. Por eso el documento propone un esquema estratificado, donde la opción de jubilarse desde los 60 años tenga reglas diferentes según ingresos y trayectoria.
El Poder Ejecutivo confirmó que la edad normal de retiro se mantiene en 65 años, pero que se estudia habilitar una causal anticipada para quienes quieran retirarse desde los 60. Esa opción estaría acompañada de incentivos para quienes decidan continuar trabajando hasta los 65.
Una salida anticipada, pero con enfoque social
El punto más importante está en los trabajadores de menores ingresos. Para ese sector, la propuesta plantea que la jubilación anticipada garantice, mediante un suplemento solidario, un monto no inferior al que habría correspondido con el régimen vigente antes de la reforma previsional de 2023.

En otras palabras: quienes están en la parte más vulnerable de la escala laboral no deberían ser castigados por necesitar retirarse antes. La idea es que puedan hacerlo desde los 60 años con una jubilación adecuada, mientras el sistema mantiene incentivos para que quien pueda y quiera seguir trabajando tenga una mejora progresiva en el monto.
Para los sectores de mayores ingresos, también se abriría la posibilidad de retiro desde los 60, pero con un diseño más orientado a incentivar la permanencia en actividad hasta los 65 años, mediante tasas de reemplazo crecientes y criterios actuariales.
Según el Ministerio de Economía y Finanzas, los cálculos realizados por el Banco de Previsión Social permiten sostener que la creación de esta causal anticipada no afectaría la sostenibilidad financiera del sistema.
La reforma de 2023 sigue en el fondo de la discusión
La Ley N.º 20.130 elevó gradualmente la edad jubilatoria y consolidó el nuevo Sistema Previsional Común. Según la información del BPS, para las personas nacidas en 1977 en adelante la edad jubilatoria normal será de 65 años con 30 años de trabajo computados, mientras que los nacidos entre 1973 y 1976 tienen una transición gradual.
Ese cambio dejó una discusión abierta: cómo sostener financieramente el sistema sin trasladar todo el peso sobre quienes tuvieron peores condiciones laborales. La propuesta del Diálogo Social intenta corregir parte de ese problema con una regla más flexible, que no trate igual a quienes tuvieron vidas laborales profundamente desiguales.
El gobierno también aclaró que el documento no propone eliminar ni estatizar las AFAP, y que el sistema seguiría funcionando sobre tres pilares: uno no contributivo, uno solidario de reparto intergeneracional y uno de ahorro individual obligatorio con administradoras públicas y privadas.
La discusión de fondo no es si la gente debe trabajar más o menos años como si todos partieran del mismo lugar. La discusión real es si Uruguay va a construir un sistema jubilatorio que mire la vida completa de los trabajadores.
Porque jubilarse no es solo cumplir una edad. También es llegar. Y en un país serio, el Estado no puede mirar para otro lado cuando algunos llegan a los 65 con espalda, ahorro y salud, mientras otros llegan con el cuerpo gastado, años de informalidad y una jubilación que apenas alcanza.
La propuesta de retiro desde los 60 no resuelve todo, pero pone sobre la mesa una idea justa: la seguridad social no puede ser igualitaria solo en el papel. Tiene que reconocer las desigualdades reales. Ahí empieza una reforma con sentido social.









