No hace falta forzar una escena policial para que el nombre de Juan Martín Bordaberry quede políticamente comprometido. El problema está en otro lado: su rastro aparece en tierras cuestionadas de Alto Paraguay, en el negocio cárnico exportador y en una trama familiar y empresarial directamente pegada al universo Cartes, uno de los grandes núcleos de poder del Paraguay reciente.

Juan Martín Bordaberry no aparece, en lo que hoy puede verificarse en abierto, con una condena pública firme ni con una sanción internacional propia que permita escribir sin matices que integró una estructura criminal. Pero eso no lo vuelve un actor menor ni un nombre inocente. Cuando se sigue su actividad particular en Paraguay, lo que surge es otra cosa: tierra, frigoríficos, exportación, circulación en el corazón del negocio ganadero y un lazo familiar directo con el clan Cartes.
Y en Paraguay, muchas veces, el poder real no se explica sólo por lo que figura en un expediente penal, sino por el mundo al que se pertenece.

El dato más incómodo esta en la tierra (Bahía Negra – Alto Paraguay)

En la base pública de Los invasores VIP del Paraguay, Juan Martín Bordaberry Hernán figura con 7.285 hectáreas en Bahía Negra, departamento de Alto Paraguay, adjudicadas en 1994, bajo expediente 177865 y finca 18804. La propia ficha lo ubica dentro de la categoría “adjudicación a personas no beneficiarias según los registros de IBR-INDERT”, la encuadra como adjudicación de postdictadura y la coloca en la década de 1990.
Ese dato se vuelve todavía más pesado cuando se lo coloca dentro del marco general de las tierras malhabidas en Paraguay. La Comisión de Verdad y Justicia examinó 200.705 adjudicaciones entre 1954 y 2003 y concluyó que 4.241 lotes, correspondientes a 3.336 adjudicatarios, por un total de 7.851.295 hectáreas, fueron adjudicados con graves irregularidades contrarias a la legislación agraria. La propia comisión sostuvo que esas irregularidades tornaban nulas las adjudicaciones señaladas y esperaba que el Estado impulsara acciones judiciales y de reparación. Años después, Paraguay sancionó la Ley 6899, que creó una comisión nacional específica para estudiar mecanismos de recuperación de esas tierras malhabidas identificadas por el informe final de la CVJ.
Pero el nombre de Juan Martín Bordaberry no queda sólo pegado a la tierra. También aparece de forma repetida en el negocio cárnico paraguayo. En 2008, Última Hora lo citó como referente del frigorífico Quality Meat, reclamando apertura y mejora de mercados para la carne paraguaya y mencionando destinos como Venezuela, Colombia, Taiwán y China. Ese mismo año, ABC Color lo presentó como director de las empresas exportadoras de carne en gestiones ante Cancillería. Es decir: ya entonces no aparecía como un apellido ornamental, sino como operador empresario del sector exportador.

En 2012 y 2013 su presencia pública en el rubro siguió siendo visible. Última Hora lo identificó como presidente del Grupo Bertín, que manejaba dos frigoríficos en el país, y como vicepresidente de la Cámara Paraguaya de la Carne (CPC). En esas intervenciones habló del costo logístico por la bajante del río, de la pérdida de embarques hacia Rusia, del sobrecosto por contenedor, de la demanda chilena, de la trazabilidad electrónica exigida para exportar y hasta del impacto del tipo de cambio sobre la competitividad del sector. No era un nombre escondido en una sociedad pasiva: era una voz pública del negocio frigorífico paraguayo.
La propia AFD paraguaya dejó asentados datos empresariales que ayudan a medir la escala del asunto. En su reseña institucional sobre Bertín Paraguay S.A., señaló que la empresa, constituida en 2005, era el tercer mayor frigorífico exportador de carne del país y el séptimo exportador en el ranking general. También detalló que su socio mayoritario era Bertín Holding Inc. con el 80%, que a fines de 2010 la firma pasó a formar parte de JBS S.A. de Brasil, y que el proyecto financiado implicaba inversiones por unos 21 millones de dólares, aumento de capacidad de faena a 1.500 cabezas diarias y objetivos de expansión hacia mercados como Israel, Líbano, Chile y Rusia.

La proyección regional del negocio tampoco desapareció con el tiempo. El sitio oficial de Pagolle presenta a la firma como una empresa familiar dedicada al comercio internacional de proteína animal, con oficinas en Uruguay y Paraguay, y la propia página identifica a Juan Martín Bordaberry como gerente comercial. La ficha de Uruguay XXI también lo ubica en ese rol, incluso como “director comercial y logístico”. En el mismo sitio de Pagolle se indica que la empresa comercializa productos de origen bovino, ovino, porcino, avícola y pescado y que mantiene base operativa en Paraguay. Eso no prueba una ilegalidad; sí demuestra continuidad empresarial transfronteriza en el mismo rubro donde Bordaberry ya venía actuando públicamente desde hacía años.

Y ahí entra el hilo conductor que no conviene perder: la familia Cartes. Fuentes públicas coinciden en que el vínculo de Juan Martín Bordaberry con ese núcleo de poder se dio por su relación matrimonial con Sarah Cartes, hermana de Horacio Cartes. Sobre la situación actual del vínculo, las fuentes abiertas no son uniformes: algunas lo describen como esposo y otras como exesposo. Lo que no cambia es el dato político central: el lazo familiar existió y lo conectó de forma directa con el corazón del cartismo. Brecha describió a Sarah Cartes como una de las empresarias más poderosas de Paraguay, y la Conacom documentó operaciones societarias de ella dentro del universo empresarial de la familia Cartes.
Cosas de familia

María Sarah Cartes registró dos empresas offshores el mismo día que su hermano, el expresidente Horacio Cartes, hacía lo propio en Panamá. Las tres fueron anotadas ante la misma escribanía.
Si algo faltaba para entender de qué clase de ambiente estamos hablando, aparece también en los Pandora Papers. Sarah Cartes, hermana de Horacio Cartes, registró en Panamá dos offshore el mismo día en que su hermano hacía lo propio con otra sociedad del mismo tipo. No fue una coincidencia pintoresca ni una anécdota de escribanía: fue parte de una lógica de blindaje y opacidad habitual en ciertos grandes capitales de la región. Directorios armados con otras offshore, acciones al portador y nombres que recién aparecieron años más tarde completan un cuadro demasiado conocido en el mundo de los negocios que prefieren moverse lejos de la luz. Y si ese es el núcleo familiar y empresarial al que Juan Martín Bordaberry quedó unido, el problema político deja de ser una sospecha aislada para transformarse en algo mucho más estructural.

En Bahía Negra están asentadas comunidades Yshir, y fuentes que trabajan el tema territorial sostienen que el pueblo Yshir perdió cerca del 97% de su territorio ancestral
Juan Martín Bordaberry no aparece como un nombre suelto ni como un empresario caído del cielo. Es hijo de Juan María Bordaberry, símbolo mayor de la dictadura uruguaya; hermano del senador Pedro Bordaberry, que hoy se muestra severo con el crimen y reclama alianzas hemisféricas para combatir el narcotráfico; y estuvo unido por familia al núcleo más duro del cartismo paraguayo. Entre tierras discutidas, negocios agroexportadores y vínculos con uno de los clanes más poderosos y cuestionados del Paraguay, su trayectoria no dibuja la silueta de un actor ajeno, sino la de alguien demasiado cerca de los circuitos donde el poder, la opacidad y los privilegios suelen mezclarse
En esta historia no hay inocencias de utilería. Hay linaje, poder, negocios y parentescos demasiado pesados como para hacerse el distraído. El hijo de un dictador, el hermano de un senador que pide mano dura y mira a Trump, y el hombre enlazado al mundo Cartes no aparece como un outsider, sino como parte de una constelación donde la impunidad social suele llegar mucho antes que la judicial. Y cuando todo eso se junta, el silencio no limpia: ensucia más
Fuentes: El Surti; Comisión de Verdad y Justicia de Paraguay; Ley 6899/2022; ABC Color; Última Hora; AFD Paraguay; Pagolle; Uruguay XXI; Brecha; Sitios de Memoria Uruguay.









