El gobierno estadounidense reclasificó la marihuana medicinal como una sustancia de menor riesgo dentro de la ley federal. La medida apunta a facilitar estudios médicos y tratamientos, aunque el consumo recreativo seguirá siendo ilegal a nivel nacional.
Estados Unidos dio un paso fuerte en su política sobre cannabis medicinal. El Departamento de Justicia resolvió reclasificar determinados productos con marihuana —los aprobados por la FDA y los regulados por licencias estatales de uso médico— y sacarlos de la categoría más restrictiva de drogas. Pasan de la Lista I, donde durante décadas compartieron espacio con sustancias consideradas sin uso médico aceptado, a la Lista III, una clasificación menos severa.
La decisión no convierte a la marihuana en una sustancia libre ni borra de un plumazo la contradicción histórica del sistema estadounidense: en muchos estados se permite su uso medicinal, e incluso recreativo, mientras que a nivel federal seguía tratada como una droga de alto riesgo. Ahora, al menos para el cannabis medicinal regulado, Washington reconoce una realidad que ya funcionaba desde hace años en buena parte del país. Según medios estadounidenses, 40 estados permiten el uso médico y 24 estados, además de Washington D.C., habilitan el consumo recreativo bajo sus propias normas.
Menos prejuicio legal, más evidencia médica
El argumento central del cambio es sanitario: permitir estudios más rigurosos sobre seguridad, eficacia, usos terapéuticos y riesgos reales. Hasta ahora, investigar marihuana bajo la Lista I implicaba una carga burocrática pesada, permisos más difíciles y controles que desalentaban el trabajo científico. La nueva clasificación debería abrir un camino más razonable para universidades, laboratorios, médicos y pacientes que necesitan respuestas basadas en evidencia, no en consignas morales ni en reflejos prohibicionistas.
Esto no significa decir que la marihuana “no hace nada” o que sea inocua. En salud, bajar una barrera legal no equivale a negar riesgos. Lo que cambia es el punto de partida: en lugar de tratarla como una sustancia sin valor médico posible, se habilita una discusión más seria sobre cuándo puede servir, para quiénes, con qué dosis, con qué controles y bajo qué indicación profesional.
La reforma es importante, pero limitada
La medida alcanza a productos medicinales aprobados o regulados, no a todo el mercado del cannabis. El consumo recreativo seguirá siendo ilegal a nivel federal, aunque varios estados lo permitan. Esa diferencia importa, porque evita vender la noticia como una legalización general. No lo es.
También quedan afuera otros asuntos de fondo: personas condenadas por delitos vinculados a marihuana, antecedentes penales, desigualdades raciales en la persecución penal y el peso económico de una industria que ya mueve miles de millones de dólares. La reclasificación puede aliviar trabas para investigación y empresas reguladas, pero no repara automáticamente décadas de castigo penal ni cambia por sí sola las leyes de cada estado.
Entre la medicina, el negocio y la política
La administración estadounidense también anunció que impulsará una audiencia acelerada para evaluar una reclasificación más amplia de la marihuana. Ese debate puede abrir una discusión mayor: si el Estado federal va a seguir sosteniendo una prohibición que los propios estados vienen desarmando hace años, o si avanzará hacia una regulación más coherente.

La decisión aparece además en un contexto de mayor interés por tratamientos alternativos para enfermedades graves, trastornos de salud mental y dolor crónico. El gobierno de Donald Trump también ha promovido líneas de investigación sobre psicodélicos como psilocibina, LSD e ibogaína para determinados cuadros severos, con fondos del Departamento de Salud.
La marihuana medicinal deja de estar, al menos en parte, encerrada en la categoría más dura de la legislación federal estadounidense. Es una corrección tardía, pero relevante. No legaliza todo, no elimina riesgos y no resuelve la deuda penal acumulada. Pero sí mueve la discusión desde el castigo automático hacia un terreno más útil: investigación, regulación, evidencia médica y acceso controlado para quienes puedan beneficiarse de tratamientos con base científica.
Fuentes ;EFE
Reuters
Associated Press









