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OFF-6: el pozo que APA quiere perforar en el mar uruguayo avanza entre promesas petroleras, objeciones técnicas y riesgo ambiental

El proyecto offshore que busca abrir una nueva etapa de exploración de hidrocarburos en aguas uruguayas ya tiene contrato, expediente ambiental y promoción oficial. Pero también arrastra observaciones del Ministerio de Ambiente, dudas sobre la capacidad de control y un escenario de daño potencial que vuelve imposible tratarlo como una simple apuesta técnica

La perforación exploratoria en el bloque OFF-6 no apareció de un día para el otro. El proyecto se inscribe en la Ronda Uruguay Abierta y quedó respaldado por la Resolución 232/023, que aprobó el contrato presentado por ANCAP y autorizó la firma con APA, Shell e YPF para distintas áreas costa afuera. En ese reparto, OFF-6 quedó en manos de APA. Desde entonces, el discurso oficial presenta la movida como un nuevo escalón en la estrategia energética del país y como parte de una etapa de renovado interés empresarial sobre la plataforma marítima uruguaya

ANCAP sostiene que el primer subperíodo exploratorio dura cuatro años y que, dentro de los compromisos asumidos, el hito principal de APA en OFF-6 es la perforación de un pozo exploratorio. La empresa estatal remarca además que el paquete offshore vigente supone una inversión comprometida cercana a los 130 millones de dólares y que el riesgo económico de la actividad recae sobre las compañías privadas. Sobre el papel, la operación entra en la lógica de una transición energética “responsable”. En la práctica, lo que empieza a discutirse es otra cosa: qué tipo de riesgo ambiental y político está dispuesto a asumir Uruguay para seguir abriendo frontera extractiva en el mar.

Un pozo ultraprofundo y una operación exigente

La documentación técnica y periodística ya conocida sobre OFF-6 describe una operación de gran escala. La perforación se proyecta a 210 kilómetros de la costa uruguaya, en aguas de unos 3.700 metros de profundidad, con una campaña total de 110 días, 79 de perforación efectiva y una profundidad máxima estimada de 12.200 metros. El área del proyecto ronda los 764 kilómetros cuadrados y el objetivo, en caso de hallazgo, es caracterizar los hidrocarburos y estimar reservas. El esquema prevé un buque de posicionamiento dinámico, aunque el equipo concreto todavía no fue detallado públicamente.

Ese dato no es menor. No se trata de una perforación menor ni de rutina, sino de una intervención en aguas ultraprofundas, lejos de la costa y con una cadena operativa que exige precisión técnica, control ambiental y capacidad de respuesta ante contingencias. En el expediente oficial ya aparecen como piezas centrales el Documento de Proyecto, el Estudio de Impacto Ambiental y la solicitud de información complementaria que el Ministerio de Ambiente emitió tras revisar la primera presentación. Es decir: el trámite avanza, pero no lo hace sin reparos.

Exploraciòn y producciòn Ancap

Lodos, ruido y un fondo marino bajo presión

Durante la operación normal, el impacto más directo sería el vertido de lodos y recortes de perforación. Las modelaciones reseñadas para el proyecto indican que esos desechos podrían cubrir un área de hasta 770 metros alrededor del pozo y que, dentro de un radio de 109 metros, se superarían umbrales ecológicos capaces de provocar enterramiento y asfixia de comunidades bentónicas. A eso se suma el uso de lodos de base sintética, cuestionados por su persistencia y toxicidad, y el impacto acústico de la perforación y de los helicópteros de apoyo, con un área de influencia estimada para cetáceos de hasta 2.278 metros.

Ancap.Uruguay reactiva exploraciòn de petròleo

Lo que el Ministerio de Ambiente le pidiò a Apa

Entre los reclamos formulados aparece la exigencia de justificar por qué el método constructivo no prevé instalar el riser y el dispositivo de prevención de reventones hasta alcanzar los 1.000 metros de profundidad; también pidió especificar qué buque de perforación se usará y por qué podría considerarse la mejor tecnología disponible. A eso se agregó la orden de ampliar el área de influencia para incluir la planta de lodos en el puerto de Montevideo y las rutas de los buques de apoyo, además de revisar una modelación de dispersión que el ministerio consideró insuficiente y corregir vacíos en la información litológica de los horizontes a perforar
Esas observaciones no son un apéndice burocrático. Son el centro del problema. Porque muestran que, aun dentro de la lógica institucional que acompaña la exploración offshore, el Estado detectó inconsistencias, vacíos y omisiones en aspectos críticos del proyecto. Y porque detrás de esas exigencias aparece una discusión más profunda: si el país tiene herramientas reales para fiscalizar una operación de este tipo a cientos de kilómetros de la costa y a miles de metros de profundidad.

drillship ultraprofundO similar al del proyecto APA

Entre la promesa de riqueza y el costo posible

El argumento a favor de OFF-6 es conocido: si Uruguay quiere saber si tiene hidrocarburos comercialmente aprovechables, en algún momento tiene que perforar. El argumento en contra también: abrir esa puerta implica asumir impactos ciertos en el ambiente marino, aceptar riesgos de consecuencias enormes y apostar a una lógica extractiva que choca con el discurso climático que el propio país intenta sostener hacia afuera. En el estudio de percepción social incorporado a la documentación aparece, justamente, un núcleo de rechazo que no separa exploración de futura explotación y que cuestiona tanto a la empresa como a la capacidad estatal de control.

OFF-6 condensa esa tensión. De un lado, el Estado, ANCAP y las petroleras hablan de conocimiento geológico, inversión y eventual oportunidad. Del otro, el expediente muestra lodos, ruido submarino, riesgo de blowout, observaciones técnicas y una cadena de responsabilidades que todavía no termina de cerrar. El pozo todavía no existe en el fondo del mar. Pero el conflicto alrededor suyo ya empezó.

Fuentes oficiales