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Bajan los homicidios en el arranque de 2026

Los primeros datos de 2026 en materia de seguridad pública dejan una señal que merece ser leída con seriedad y sin caricaturas. Según las cifras preliminares presentadas en el Parlamento por el ministro del Interior, Carlos Negro, Uruguay registró una baja general del 7% de los delitos durante el primer trimestre del año, con un descenso especialmente relevante en los homicidios.

De acuerdo con la información expuesta por el jerarca, los homicidios bajaron 9,2% en comparación con el mismo período de 2025, al pasar de 98 a 89 casos. Se trata de un recorte importante en uno de los indicadores más sensibles de la violencia y de una señal que, aunque todavía preliminar, merece atención en un terreno donde las oscilaciones suelen tener fuerte impacto político y social.

El dato no aparece aislado. También se reportaron descensos en rapiñas, hurtos, estafas y fraudes informáticos, abigeato, violencia doméstica y delitos sexuales, componiendo un panorama general de retroceso en varios de los principales rubros medidos por el Ministerio del Interior. Dentro de ese cuadro, uno de los números más impactantes fue la caída de los homicidios de mujeres por violencia basada en género, que pasaron de siete casos a uno en la comparación interanual del período.

Como corresponde en cualquier análisis serio, conviene evitar lecturas simplistas. Un trimestre no clausura discusiones estructurales ni resuelve por sí solo un problema tan complejo como la seguridad. Pero tampoco sería honesto minimizar una tendencia que, aun provisoria, marca un cambio positivo y ofrece un contraste con años en los que la retórica de la mano dura convivió con persistencia de la violencia, deterioro del tejido social y ausencia de respuestas integrales.

El propio ministro advirtió, en los hechos que surgen de su presentación, que no todos los indicadores evolucionan del mismo modo. Entre los rubros que mostraron aumento aparecen las denuncias por personas heridas por arma de fuego, que fueron 314, un 5% más que en igual período de 2025, y también las lesiones crecieron levemente, 0,3%, al pasar de 3.004 a 3.014. Eso obliga a sostener una mirada de conjunto: registrar lo que mejora, intervenir donde persisten los nudos más graves y no confundir propaganda con política pública.

Negro presentó esta baja de homicidios como un descenso histórico desde el fin de la pandemia y sostuvo ante los legisladores que se consolida una tendencia favorable. Pero conviene formular ese punto con cuidado para no forzar el sentido de la serie: lo que muestran con claridad los datos oficiales es una baja en el primer año de gestión frente al período anterior y una nueva caída en el primer trimestre de 2026, no necesariamente una disminución lineal e ininterrumpida durante toda la etapa pospandémica. Ese matiz no debilita el dato actual; al contrario, lo vuelve más sólido y más honesto.

Ese punto no es menor. Durante demasiado tiempo, la discusión pública fue colonizada por reflejos punitivistas, golpes de efecto mediáticos y promesas de orden que rara vez atacaron las raíces sociales, territoriales e institucionales del problema.

En ese marco, los datos del inicio de 2026 pueden leerse como un primer indicio favorable para la nueva etapa política. No porque la seguridad deba transformarse en un trofeo de marketing, sino porque una reducción de la violencia siempre merece atención, sobre todo cuando ocurre bajo una orientación de gobierno que tiene la responsabilidad de demostrar que es posible mejorar sin apelar al show represivo ni al miedo como método de conducción social.

La seguridad pública no se fortalece sólo con patrulleros, estadísticas o endurecimiento verbal. También depende de cohesión social, presencia estatal, prevención, convivencia, políticas de cuidado y capacidad institucional para intervenir de forma sostenida. Si estos números se consolidan en los próximos meses, el desafío será doble: profundizar los resultados y disputar el sentido común que durante años intentó instalar que el único camino posible era más castigo, más espectáculo y menos política.

Por ahora, el mensaje que dejan los datos es claro: incluso en un terreno difícil y cargado de oportunismo, hay margen para mostrar mejoras concretas. Y cuando eso ocurre, corresponde decirlo con responsabilidad, sin euforia artificial pero también sin mezquindad.