El senador colorado Pedro Bordaberry pasó por Mercedes y eligió el camino conocido: presentar cada discusión social como un peligro, cada reforma como un salto al vacío y cada intento de diálogo como una amenaza para los inversores. Detrás del discurso de orden aparece, otra vez, la vieja receta de la derecha: miedo, alarma y defensa cerrada de los intereses privados.
El regreso del discurso de la mano dura
En una entrevista concedida a @gesor durante su visita a la Casa del Partido Colorado de Mercedes, Pedro Bordaberry volvió a poner la seguridad pública en el centro de su discurso. Habló de “afloje”, cuestionó al Ministerio del Interior, criticó los mecanismos judiciales como la suspensión condicional del proceso y la libertad a prueba, y sostuvo que el país debe volver a un modelo de autoridad más dura.
El problema no es que la seguridad no importe. Importa, y mucho. El problema es cuando la discusión se reduce a una fórmula repetida: más castigo, menos matices, más cárcel, menos contexto. Bordaberry no habló de prevención social, ni de desigualdad, ni de barrios abandonados durante años, ni de políticas de reinserción serias. Su mirada vuelve a colocar todo el peso en la respuesta policial y penal, como si el delito naciera solamente por falta de patrulleros o de operativos.
También usó ejemplos puntuales de acuerdos judiciales para presentar una idea general de impunidad. Es una estrategia conocida: tomar casos llamativos, convertirlos en símbolo y usarlos para alimentar indignación. Pero una política pública no se construye solo con anécdotas. Se construye con datos completos, evaluación seria y responsabilidad institucional.
Bordaberry incluso volvió a mirar hacia Argentina y a figuras como Mauricio Macri y Patricia Bullrich como referencia en seguridad. No es un detalle menor. Es una señal política. Cuando la derecha uruguaya busca inspiración en los discursos de mano dura de la región, lo que se pone sobre la mesa no es solo un modelo de seguridad: es una forma de entender el Estado, la pobreza, el conflicto social y los derechos.
Diálogo social: cuando escuchar a la sociedad les parece peligroso
El punto más claro de la entrevista fue su ataque al Diálogo Social impulsado por el gobierno. Bordaberry afirmó que quienes “asustan a los inversores exteriores” son quienes hacen el diálogo social. La frase resume bastante bien el problema: para cierta derecha, sentar a trabajadores, organizaciones sociales, técnicos, actores políticos y ciudadanía a discutir el futuro del sistema previsional ya es, en sí mismo, una amenaza.
Pero el Diálogo Social no es una confiscación ni una aventura. Según Presidencia, el documento final recoge aportes de actores políticos, sociales, académicos y ciudadanos, y se organiza en cuatro ejes: infancia, sistema de cuidados, protección de personas en etapa activa, y jubilaciones y pensiones. Además, el presidente Yamandú Orsi fue explícito al afirmar que no está en el espíritu del gobierno ni aparece en el documento la eliminación o estatización de las AFAP.
Ahí aparece el núcleo político de la crítica. Bordaberry no discute solamente una medida concreta: discute la legitimidad misma de que la sociedad participe. Cuando el diálogo incluye al PIT-CNT, a sectores sociales o a miradas críticas del sistema previsional, la derecha lo traduce como amenaza. Cuando el mercado financiero opina, parece ser responsabilidad. Cuando opinan los trabajadores, parece ser peligro.
El documento sí plantea cambios en el régimen de ahorro individual obligatorio, entre ellos una gestión más centralizada de cuentas mediante un organismo público, pero manteniendo el esquema multipilar, la capitalización individual y la inversión de los fondos por administradoras públicas y privadas. Montevideo Portal informó que la propuesta busca corregir desigualdades y mejorar eficiencia, no eliminar el ahorro individual.
El coordinador del Diálogo Social, Hugo Bai, también aclaró que no se piensa eliminar las AFAP, ni estatizar el ahorro individual, ni afectar las cuentas personales; según explicó, las AFAP mantendrían su función central de invertir los ahorros de trabajadores y trabajadoras.
AFAP, miedo y defensa del negocio
Bordaberry presentó la discusión sobre las AFAP como si el gobierno estuviera por “manotear” los ahorros jubilatorios. Es una palabra fuerte, elegida para generar miedo. Pero el ministro de Economía, Gabriel Oddone, sostuvo en En Perspectiva que las AFAP no se eliminan, que el sistema no se estatiza, que las cuentas individuales no se afectan y que los fondos están blindados para fines jubilatorios.
La discusión real es otra: si un sistema obligatorio, donde el Estado obliga a los trabajadores a participar, debe seguir funcionando bajo una lógica de costos comerciales, competencia limitada y administración fragmentada, o si corresponde revisar ese diseño para hacerlo más eficiente y más justo.
Bordaberry defiende el sistema actual como si fuera intocable. Pero un sistema previsional no puede estar blindado frente al debate democrático. Si hay costos altos, poca competencia, desigualdades entre trabajadores y problemas de acceso a una jubilación digna, discutir cambios no es irresponsabilidad: es obligación política.
La derecha suele llamar “incertidumbre” a cualquier intento de tocar intereses consolidados. Pero pocas cosas generan más incertidumbre que decirle a la gente que debe trabajar más años, aportar durante décadas y después aceptar sin discusión que su futuro previsional quede ordenado por un modelo que no todos comprenden y que no siempre beneficia por igual a todos los sectores.
El país que asusta y el país que discute
Bordaberry acusa al gobierno de asustar inversores por abrir un diálogo social. Pero tal vez lo que realmente incomoda no es el miedo de los inversores, sino la posibilidad de que el país vuelva a discutir quién gana, quién paga, quién decide y quién queda protegido.
Uruguay no necesita una política construida sobre alarmas permanentes. Necesita discutir seguridad sin demagogia punitiva, previsión social sin defensa automática del negocio privado y economía sin chantaje ideológico cada vez que aparece la palabra igualdad.









