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Buquebus : ANP prepara licitación para la terminal de pasajeros

La Administración Nacional de Puertos declaró de interés la iniciativa privada presentada por Los Cipreses S.A., empresa de Buquebus, para renovar y operar la terminal fluviomarítima del Puerto de Montevideo. El paso no significa una adjudicación directa, pero sí abre el camino para una licitación pública que podría redibujar una zona clave de entrada y salida del país.

Un visto bueno que abre la carrera

La Administración Nacional de Puertos dio un paso importante en torno al futuro de la terminal fluviomarítima de pasajeros del Puerto de Montevideo. El directorio declaró de interés la iniciativa privada presentada por Buquebus, a través de Los Cipreses S.A., para la concesión de esa terminal, utilizada históricamente para el movimiento de pasajeros entre Montevideo y Buenos Aires, y también vinculada al flujo turístico de cruceros.

El dato central es que todavía no hay adjudicación. Lo que existe es una señal administrativa fuerte: ANP entendió que el proyecto merece avanzar y encomendó al área comercial del organismo la elaboración del pliego de condiciones particulares para un futuro llamado a licitación pública. Antes de ese paso, además, la iniciativa deberá contar con la aprobación del Poder Ejecutivo.

Ese punto no es menor. Buquebus aparece como promotora de la idea y, por ese motivo, tendría preferencia dentro del proceso competitivo. Pero la terminal no puede entregarse simplemente por decisión directa. El mecanismo exige una licitación en la que puedan presentarse otras ofertas y donde el Estado deberá definir con claridad qué se concesiona, por cuánto tiempo, bajo qué obligaciones y con qué controles.

Una terminal deteriorada y una obra de gran escala

El proyecto prevé una intervención de fondo sobre una zona estratégica del Puerto de Montevideo. La primera etapa incluiría la restauración y modernización de la terminal histórica de pasajeros, obras dentro del recinto portuario y la reconstrucción del muelle Maciel, una infraestructura clave para este tipo de operaciones.

También se plantea una segunda etapa vinculada a la conexión entre la terminal y la ciudad. Según la información disponible, esa conexión a desnivel debería definirse dentro de los primeros tres años de la concesión y completarse antes del sexto. Es decir, no se trata solamente de arreglar un edificio: el proyecto implica repensar el vínculo entre el puerto, el tránsito, los pasajeros, los cruceristas y una zona sensible de Montevideo.

La inversión manejada en versiones anteriores del proyecto rondaba los 100 millones de dólares. En 2025, Subrayado informó que Buquebus había presentado una propuesta de ese orden para desarrollar una nueva terminal de pasajeros que también atendiera a cruceristas. En ese momento, el proyecto era analizado por la ANP y se mencionaba la participación del Ministerio de Transporte y la Intendencia de Montevideo por el impacto urbano de la iniciativa.

La discusión llega además después de años de reclamos por el estado de la terminal. Desde 2015, la gestión volvió a la órbita de la ANP, luego de décadas de concesión a Buquebus. Desde entonces, la empresa siguió utilizando el espacio, pero el deterioro edilicio, el mantenimiento del muelle y las condiciones de operación quedaron instalados como parte del debate.

La oportunidad y el riesgo: inversión sí, cheque en blanco no

La terminal de pasajeros no es una obra menor ni un local comercial más dentro del puerto. Es una puerta de entrada al país, una infraestructura de turismo, transporte y soberanía logística. Por allí circulan pasajeros, vehículos, visitantes, trabajadores y parte de la imagen que Uruguay ofrece a quienes llegan por vía marítima.

Que exista inversión privada puede ser una buena noticia si el Estado marca la cancha. El problema aparece cuando las necesidades reales de infraestructura terminan funcionando como excusa para entregar espacios estratégicos sin suficiente transparencia, sin competencia efectiva o sin controles firmes sobre tarifas, plazos, mantenimiento y calidad del servicio.

En este caso, el pliego será la pieza decisiva. Allí deberá quedar escrito qué obras se exigen, cuándo deberán completarse, qué pasa si no se cumplen los plazos, cuánto tiempo durará la concesión, qué obligaciones tendrá el operador y qué capacidad conservará la ANP para controlar una terminal que seguirá siendo pública, aunque pueda ser gestionada por un privado.

También deberá observarse con atención si la licitación permite una competencia real. Buquebus tiene una posición histórica muy fuerte en la conexión Montevideo-Buenos Aires. Por eso, cualquier nuevo contrato debería evitar que una infraestructura pública termine reforzando una situación de dominio sin contrapesos. Una terminal moderna debe servir al país, no quedar diseñada solamente a la medida de una empresa.

El Puerto de Montevideo necesita obras, mantenimiento y una terminal de pasajeros a la altura de su importancia. Pero la mejora no puede venir acompañada de opacidad. Si el Estado decide avanzar con una concesión, deberá hacerlo con reglas claras, controles públicos y garantías de que el interés general estará por encima de cualquier negocio particular.

La discusión recién empieza. ANP dio el visto bueno inicial, pero ahora viene lo más importante: conocer el pliego, medir el verdadero alcance del proyecto y saber si Uruguay está ante una inversión estratégica bien regulada o ante una nueva concesión donde lo público vuelve a quedar demasiado cerca de los intereses privados.

Fuentes consultadas: Búsqueda, ANP, Subrayado, El Observador, Informe Marítimo y normativa pública sobre régimen de iniciativas privadas