La Casa Blanca desarmó acuerdos federales que obligaban a distritos escolares y a una universidad a proteger a estudiantes trans frente a la discriminación. La decisión no es un tecnicismo: libera a las instituciones de medidas básicas de reconocimiento, cuidado e inclusión, y consolida una nueva avanzada conservadora sobre la educación pública.
La administración de Donald Trump decidió dar otro paso en su cruzada contra los derechos trans. El Departamento de Educación anunció la rescisión de acuerdos firmados en años anteriores con cinco distritos escolares y una institución universitaria que establecían obligaciones concretas para prevenir la discriminación contra estudiantes transgénero. Entre esas medidas había capacitaciones al personal docente sobre el respeto al nombre y los pronombres elegidos por los alumnos, además del uso de baños y otras instalaciones de acuerdo con la identidad de género de cada estudiante.
La decisión alcanza al Distrito Escolar de Delaware Valley, en Pensilvania; Cape Henlopen, en Delaware; Fife, en Washington; La Mesa-Spring Valley y Sacramento City Unified, en California; además de Taft College. El movimiento no quedó en el terreno simbólico: en Delaware Valley, tras la presión de la administración Trump, el distrito ya votó por dejar sin efecto sus protecciones antidiscriminatorias para estudiantes trans. En cambio, Sacramento sostuvo públicamente que mantendrá su compromiso de apoyo a estudiantes y trabajadores LGBTQ+.
Washington intentó presentar la medida como si se tratara de una simple corrección legal. El propio Departamento de Educación habló de eliminar cargas “ilegales” y “gravosas” heredadas de otras administraciones, y volvió a defender una lectura restrictiva del Título IX, la norma federal que prohíbe la discriminación sexual en la educación. Pero en los hechos lo que hace es retirar el respaldo federal a compromisos mínimos de protección en ámbitos donde el hostigamiento, la exclusión y la señalización pública de las diferencias pueden marcar la vida cotidiana de niñas, niños y adolescentes.
No se trata de un episodio aislado. La rescisión de estos acuerdos forma parte de una ofensiva más amplia del trumpismo para borrar el reconocimiento institucional de las identidades trans en escuelas, universidades y organismos públicos. En los últimos meses, la administración también empujó acciones contra políticas estatales y escolares que contemplaban la participación de estudiantes trans en actividades deportivas y otros espacios educativos, consolidando una línea política que convierte a una minoría en blanco permanente de disputa cultural y de cálculo electoral.
Lo que está en juego, entonces, no es solo una discusión jurídica sobre el alcance del Título IX. Lo que se está viendo es una decisión política: usar al sistema educativo como terreno de disciplinamiento ideológico, desarmar consensos básicos de convivencia y mandar un mensaje claro a los sectores más conservadores de la base republicana. Cuando un gobierno presenta como “carga” que una escuela reconozca a un estudiante por el nombre con el que vive y se nombra, ya no está defendiendo neutralidad alguna: está eligiendo a quién proteger y a quién dejar expuesto
Trump borra resguardos para estudiantes trans y profundiza su ofensiva cultural en las escuelas.









