Durante más de seis décadas, la cooperación médica cubana dejó una huella profunda en América Latina, el Caribe, África, Asia y otras regiones del mundo. Entre brigadas de emergencia, atención primaria, cirugías, partos, formación profesional y respuesta ante epidemias, ese despliegue construyó una de las experiencias internacionalistas más singulares del campo sanitario contemporáneo.
Hay historias que permiten medir una política pública no por sus consignas, sino por su alcance real sobre la vida de la gente. La cooperación médica cubana es una de ellas. A lo largo de más de sesenta años, Cuba envió profesionales de la salud a 165 países, alcanzó 2.300 millones de consultas y sostiene hoy trabajo sanitario en 56 naciones con unos 24.000 colaboradores, más de la mitad mujeres. Detrás de esas cifras hay una definición de sociedad: formar médicos, enfermeras, técnicos y especialistas no solo para atender puertas adentro, sino también para acompañar a pueblos golpeados por la pobreza, los desastres naturales, las epidemias o la falta de cobertura sanitaria.
Uno de los episodios que mejor resume esa tradición ocurrió en San Vicente y las Granadinas. Allí, hace 16 años, 36 médicos cubanos llegaron para desarrollar la misión Vida a la Vida, un estudio de atención directa enfocado en personas con discapacidad, a pedido del gobierno de ese país caribeño. La tarea fue cualquier cosa menos sencilla. Hubo que recorrer montañas, acantilados y caminos angostos bajo un calor intenso, visitar casa por casa y vencer barreras idiomáticas en una geografía de difícil acceso. En ese trayecto, los profesionales cubanos lograron contactar a más de 21.800 personas.
El relevamiento permitió detectar 282 personas con discapacidad intelectual y 1.159 con otras discapacidades. Entre estas últimas predominaban las afecciones físico-motoras, seguidas por la discapacidad intelectual y la mental, asociada en muchos casos al consumo de drogas. Además, se realizaron más de 5.400 consultas y más de 200 citas con especialistas en genética clínica, neurofisiología, psicología, otorrinolaringología y neurología, dirigidas a los casos más complejos. A la vez, jóvenes de la Universidad de Ciencias Informáticas colaboraron en la parte estadística y en el vínculo cotidiano con la población, aportando su manejo del idioma inglés en un territorio donde también circula el criollo vicentino.
Aquella experiencia condensó algo más amplio: la combinación entre trabajo científico, atención territorial, formación técnica y una idea de salud que no se limita a la consulta individual, sino que busca comprender el entorno social, cultural y material de cada comunidad. En San Vicente y las Granadinas, el estudio permitió observar, por ejemplo, la incidencia de factores embriofetales asociados al consumo combinado de alcohol y marihuana, la presencia del síndrome de Down como principal causa genética de retraso mental, la baja prevalencia de enfermedades hereditarias ligadas a consanguinidad y una serie de problemas de salud frecuentes como amputaciones derivadas de complicaciones de diabetes e hipertensión arterial.
La cooperación médica cubana tiene como fecha oficial de inicio el 23 de mayo de 1963, cuando una brigada de 55 integrantes partió hacia Argelia por un año. Pero incluso antes, en 1960, Cuba había enviado ayuda sanitaria a Chile luego de un terremoto devastador. Desde entonces, el despliegue no dejó de crecer. Médicos, enfermeras, estomatólogos, tecnólogos, electromédicos, trabajadores de servicios y operarios de vectores participaron en misiones internacionales en contextos muy diversos: desde sistemas sanitarios frágiles hasta catástrofes naturales y grandes epidemias.
Entre los hitos más conocidos está el Programa Integral de Salud iniciado en Centroamérica tras los huracanes George y Mitch en 1998, así como las misiones Barrio Adentro en Venezuela, puestas en marcha el 16 de abril de 2003. En este último caso, el plan piloto comenzó con alrededor de 30.000 galenos cubanos y fue acompañado por centros de diagnóstico integral, servicios de rehabilitación, instalaciones de alta tecnología y quirófanos. Hasta 2025, ese programa había superado los dos billones de atenciones preventivas en comunidades, además de millones de estudios clínicos e intervenciones quirúrgicas. También fue clave en la atención pediátrica y en el abordaje de niños con trastorno del espectro autista.
Otro punto alto fue la Operación Milagro, impulsada por Cuba y Venezuela, que permitió que más de 3.331.900 personas de 35 países de América y África recuperaran la visión. En una región donde la desigualdad también se expresa en el acceso a cirugías oftalmológicas, esa iniciativa tuvo un valor sanitario y simbólico enorme: devolver la vista fue, en miles de casos, devolver autonomía, trabajo, estudio y vida cotidiana.
Los números generales del internacionalismo sanitario cubano explican la magnitud del fenómeno. Se estima que más de 12.127.000 personas podrían haber perdido la vida sin la atención oportuna de profesionales cubanos. A eso se suman más de 17.342.150 intervenciones quirúrgicas y 5.606.400 partos atendidos. Son cifras que hablan tanto de capacidad organizativa como de la existencia de una infraestructura formativa sostenida a lo largo de décadas.
En esa historia ocupa un lugar especial el Contingente Internacional de Médicos Especializados en Situaciones de Desastres y Graves Epidemias Henry Reeve. Fue creado en 2005, tras el huracán Katrina, con la idea inicial de asistir de forma inmediata y gratuita a la población de Nueva Orleans, aunque la ayuda fue rechazada por el gobierno de George W. Bush. Lejos de clausurarse, aquella experiencia se convirtió en un contingente integrado inicialmente por 10.000 médicos, pensado para actuar en emergencias internacionales.
Hasta hoy, la brigada Henry Reeve asistió a más de 8.045.800 personas. Según reportes citados en el texto original, estuvo presente en más de una veintena de países, brindó asistencia a más de 3,5 millones de personas y salvó más de 80.000 vidas. Su trabajo recibió numerosos reconocimientos: fue nominada al Premio Nobel de la Paz, obtuvo en 2017 el Premio Memorial Lee Jong-wook de la Organización Mundial de la Salud y recibió distinciones en Perú, Italia, Honduras y Argentina. El propio nombre del contingente enlaza la solidaridad internacional con una memoria histórica: Henry Reeve fue un joven estadounidense que dejó Brooklyn para sumarse a la lucha independentista cubana y terminó convertido en general de brigada del Ejército Libertador.
La respuesta frente al ébola en África Occidental fue otra prueba de esa capacidad de intervención. En 2014, cuando Sierra Leona, Liberia y Guinea Conakry enfrentaban una epidemia que amenazaba con expandirse, Cuba respondió al llamado de la ONU y la OMS. Un total de 265 profesionales cubanos participó en esa lucha en condiciones extremas, entrando en zonas de alto riesgo, con conciencia plena del peligro biológico y del impacto humanitario de la crisis. La experiencia reforzó el prestigio internacional de una cooperación basada en movilización rápida, preparación técnica y disposición a actuar donde muchas veces otros sistemas sanitarios internacionales llegan tarde o no llegan.
Durante la pandemia de Covid-19, Cuba volvió a desplegar brigadas en distintos continentes. Se conformaron 58 brigadas enviadas a 42 países, mientras cerca de 1.500 profesionales adicionales se sumaban a los alrededor de 30.000 que ya trabajaban en el exterior. Luego, muchos de esos médicos regresaron a la isla para integrarse al esfuerzo interno frente a la epidemia. En 2022, más de 22.000 trabajadores de la salud cubanos prestaban servicios en 50 países, representando el 75 % de la fuerza laboral cubana en colaboración internacional.
Ese esfuerzo externo convive con una dimensión interna decisiva. Cuba sostiene un sistema de salud de cobertura universal y gratuidad estatal, organizado en tres niveles de atención y apoyado en la medicina familiar. Con más de 479.000 trabajadores de la salud, el país logró durante la pandemia una de las tasas de mortalidad más bajas de la región. También mantiene 24 facultades de medicina y ha formado a 87.980 estudiantes de 150 países, dentro y fuera de la isla. Solo en la Escuela Latinoamericana de Medicina, en La Habana, estudiaron 31.236 alumnos. Esa institución fue inaugurada oficialmente el 15 de noviembre de 1999, luego del impacto devastador de los huracanes Georges y Mitch, con el objetivo de ampliar la formación médica para América Latina, África y otras regiones necesitadas.
En Brasil, el programa Más Médicos mostró con claridad qué ocurre cuando esa cooperación se interrumpe. Entre 2013 y 2018, el esquema tripartito entre el Ministerio de Salud Pública de Cuba, la Organización Panamericana de la Salud y el Ministerio de Salud de Brasil permitió ampliar la cobertura primaria a unos 36 millones de habitantes en más de cuatro mil municipios. En los primeros cuatro años del programa, la atención primaria pasó del 59,6 al 70 %. La salida de los médicos cubanos, tras la decisión del gobierno de Jair Bolsonaro de cerrar el acuerdo original, revirtió esa tendencia y dejó vacantes miles de puestos en el sistema público, especialmente en aldeas indígenas, zonas remotas y barrios empobrecidos. Según datos mencionados en el texto base, casi tres mil municipios siguieron afectados desde 2019 y hasta se estimó que la falta de esa cobertura podría provocar la muerte de hasta 37.000 niños pequeños para 2030.
El Caribe también ofrece ejemplos elocuentes. En Haití, la cooperación cubana comenzó en 1998 tras el huracán George y se amplió de forma decisiva en 2010 frente a la epidemia de cólera. En Honduras, los 172 integrantes de la brigada médica atendieron más de 30,3 millones de casos, realizaron unas 853.400 intervenciones quirúrgicas, asistieron 175.000 partos y salvaron 253.282 vidas. En Jamaica, más de 4.700 colaboradores cubanos trabajaron durante los últimos 30 años; allí se registraron más de 8.176.000 pacientes atendidos, 74.302 cirugías, 7.170 partos y más de 90.000 vidas salvadas. Además, desde 2010, la Operación Milagro devolvió o mejoró la visión a cerca de 25.000 jamaicanos.
Sin embargo, esa cooperación también ha sido objeto de una ofensiva política impulsada por Estados Unidos, que acusa a las misiones médicas cubanas de constituir una forma de explotación y violación de derechos humanos. Cuba rechaza esas acusaciones y sostiene que se trata de campañas de descrédito contra una política de salud internacional respaldada por convenios legales con los países receptores. El canciller Bruno Rodríguez denunció en 2023 que Washington financió acciones para desacreditar esa labor, mientras varios medios del Caribe y América Latina criticaron las presiones estadounidenses para forzar la ruptura de acuerdos sanitarios. En esa línea, gobiernos como los de Honduras, Guatemala y Jamaica cedieron ante esas presiones y pusieron fin a programas que habían estado vigentes durante décadas, con efectos directos sobre las poblaciones más pobres.
Ese contexto no puede separarse del bloqueo económico, comercial y financiero impuesto por Estados Unidos contra Cuba desde el 3 de febrero de 1962, cuando John F. Kennedy firmó la Orden Ejecutiva 3447. Entre marzo de 2024 y febrero de 2025, los daños materiales causados por esa política se estimaron en 7.556,1 millones de dólares, casi un 50 % más que en el ciclo anterior. Esa asfixia encarece insumos, obstaculiza compras esenciales y tensiona el sostenimiento del sistema sanitario cubano. Aun así, el Estado cubano dedica el 26 % de su PIB a la salud y utiliza parte de los ingresos generados por la cooperación internacional para sostener el propio sistema nacional, la formación de nuevos profesionales y el desarrollo de medicamentos y vacunas.
La historia de los médicos cubanos no es una postal ingenua ni un relato sin contradicciones. Es, ante todo, una experiencia concreta de internacionalismo sanitario construida en medio de tensiones geopolíticas, restricciones económicas y disputas ideológicas. Pero incluso en ese marco, los resultados permanecen. Donde hubo brigadas, quedaron cirugías, partos, campañas de prevención, alfabetización sanitaria, atención primaria, formación de personal local y vidas salvadas. En una época que suele presentar la salud como mercancía o privilegio, la persistencia de estas misiones recuerda otra posibilidad: entender el cuidado como un derecho y la solidaridad como una forma de presencia real en el mundo.
Médicos cubanos: una historia de ciencia, solidaridad y presencia allí donde otros no llegan.






