Gaza vuelve a quedar encerrada dentro de un mapa que no dibujaron sus habitantes. Según una investigación de Reuters, Israel envió a organizaciones humanitarias nuevos mapas con una zona restringida ampliada, marcada con una “línea naranja”, que se suma a la llamada “línea amarilla”, establecida tras el alto el fuego de octubre. En la práctica, esas delimitaciones colocan cerca de dos tercios del territorio de Gaza bajo control israelí efectivo.
La explicación oficial israelí es que se trata de una zona de coordinación para que las organizaciones internacionales puedan moverse en un territorio militarizado. Pero sobre el terreno, la lectura palestina es otra: una línea que cambia, que no siempre está marcada físicamente y que puede convertir un campamento de desplazados, una escuela improvisada o una ruta de asistencia en una zona de riesgo.
Una línea que avanza y una población que no sabe dónde pararse
La “línea amarilla” fue acordada como parte del alto el fuego de octubre de 2025, negociado con participación de Estados Unidos. Según The Guardian, esa línea debía funcionar como una frontera temporal hasta nuevas retiradas israelíes, pero en los meses siguientes se fue moviendo hacia el oeste, ampliando el área bajo control del ejército israelí.
El problema no es solo militar. Es humano. Los palestinos desplazados viven en una geografía inestable: una línea aparece en un mapa, otra se mueve sobre el terreno, los bloques de hormigón cambian de lugar y la población queda atrapada entre el desconocimiento y el miedo.
Reuters recoge el testimonio de Rani Ashour, un desplazado que vive en un campamento cerca de la ciudad de Gaza, dentro de la zona entre las dos líneas. Su frase resume la situación: la gente no sabe qué es qué; la línea puede estar en un lugar al dormir y haber pasado por encima al despertar.
Israel habla de seguridad; las organizaciones humanitarias hablan de acceso bloqueado
COGAT, la agencia militar israelí que controla el acceso a Gaza, sostuvo que la zona entre la línea amarilla y la línea naranja busca facilitar la actividad humanitaria y proteger al personal en un entorno operativo complejo. Según esa versión, las organizaciones deben coordinar sus movimientos con el ejército para evitar incidentes.

Pero la propia dinámica de coordinación se transforma en un filtro. Si una zona necesita autorización militar para que entre ayuda, la asistencia deja de depender solo de la necesidad de la población y pasa a depender del permiso de la fuerza ocupante.
OCHA, la oficina humanitaria de Naciones Unidas, informó en marzo que los bombardeos, disparos y ataques continuaban tanto cerca como lejos de la línea amarilla. También señaló que el cierre de cruces afectó el ingreso de ayuda, combustible, evacuaciones médicas y movimientos del personal humanitario.
Dos tercios de Gaza bajo control o restricción
Según el análisis citado por Reuters, el nuevo mapa deja a Israel con control de al menos 64% de Gaza. El cálculo fue realizado por Jad Isaac, director del Instituto de Investigación Aplicada de Jerusalén, quien advirtió que la concentración de la población palestina en una franja cada vez más pequeña vuelve inviable la vida cotidiana.
La cifra es brutal porque Gaza ya era un territorio pequeño, densamente poblado y devastado por años de bloqueo y guerra. Si casi dos tercios quedan bajo control militar, el resto se transforma en una zona de hacinamiento para casi dos millones de personas.
No se trata solo de territorio. Se trata de agua, alimentos, rutas, hospitales, refugios, escuelas y acceso humanitario. Cuando una línea militar corta el mapa, también corta la vida.
La ayuda humanitaria también queda dentro del blanco
Reuters informó que al menos tres palestinos que trabajaban con organizaciones de ayuda extranjeras —dos vinculados a UNICEF y uno a la Organización Mundial de la Salud— murieron en ataques israelíes dentro de la zona entre ambas líneas desde mediados de marzo. Israel dijo que identificó amenazas cerca de la línea amarilla y abrió fuego.
El dato encaja con un patrón más amplio. OCHA informó que entre el inicio del alto el fuego, el 10 de octubre de 2025, y el 27 de febrero de 2026, la Oficina de Derechos Humanos de la ONU registró al menos 224 palestinos muertos al este o cerca de la línea amarilla y 347 muertos en ataques lejos de esa zona.
The Guardian también reportó que organizaciones humanitarias fueron advertidas sobre una “línea naranja” que solo existía en mapas, no en el terreno, y que la zona podía variar entre 200 y 500 metros desde la línea amarilla.
Control sin anexión formal
La palabra que sobrevuela todo esto es control. Israel no necesita declarar formalmente una anexión para condicionar el movimiento, la ayuda, la reconstrucción y el retorno de la población. Puede hacerlo mediante zonas de seguridad, líneas móviles, mapas reservados y permisos militares.
Funcionarios israelíes han defendido estas zonas como amortiguadores para impedir nuevos ataques tras el 7 de octubre de 2023. Pero para los palestinos, y para buena parte de las organizaciones humanitarias, el resultado concreto es otro: menos espacio habitable, más desplazamiento y una vida sometida a límites que pueden cambiar sin aviso.
Fuentes ; Reuters, OCHA/ONU, The Guardian.









