Por primera vez, el índice INFORM Risk ubica a Argentina en la categoría de “riesgo medio”, una señal que puede influir en decisiones de cooperación y ayuda humanitaria. No es una etiqueta económica formal de “subdesarrollo”, pero sí un dato fuerte: el país vecino aparece más vulnerable, con menor capacidad de respuesta y bajo una fragilidad social que ya no queda encerrada dentro de sus fronteras.
Un país que dejó de figurar en bajo riesgo
Argentina apareció por primera vez en la categoría de “riesgo medio” dentro del INFORM Risk Index, una herramienta internacional utilizada para evaluar riesgos de crisis humanitarias y desastres. El país quedó ubicado en el puesto 94 entre 191 países, según informó Nora Bär

El dato no debe leerse como una simple mala ubicación en un ranking. El INFORM Risk es utilizado por gobiernos, organismos internacionales, instituciones académicas, fundaciones y donantes para orientar decisiones de prevención, preparación y respuesta frente a crisis. Hasta ahora, Argentina era considerada un país de riesgo bajo o muy bajo, lo que incluso la dejaba fuera de ciertas líneas de cooperación internacional.
El cambio de categoría muestra otra fotografía. Argentina ya no aparece solamente como un país con problemas económicos internos, inflación, caída salarial o ajuste fiscal. Aparece en un mapa internacional de riesgo, junto a países cuya vulnerabilidad puede requerir atención externa.
Para Uruguay, el dato no es ajeno. Argentina no es un punto lejano del mapa: es frontera, turismo, comercio, familias cruzadas, salud regional, precios, trabajo, migración y vida cotidiana compartida. El deterioro social argentino siempre termina teniendo algún rebote en el Río de la Plata.
Qué mide el índice y por qué importa
El INFORM Risk Index no mide solamente pobreza ni crecimiento económico. Su objetivo es identificar países con riesgo de crisis humanitarias o desastres capaces de superar la capacidad nacional de respuesta.

El modelo combina tres dimensiones principales. La primera es “amenazas y exposición”, que incluye riesgos naturales —inundaciones, sequías, terremotos, epidemias— y riesgos humanos, como conflictos actuales o proyectados. La segunda es “vulnerabilidad”, donde entran desigualdad, privación, dependencia de ayuda y grupos vulnerables. La tercera es “falta de capacidad de respuesta”, vinculada a infraestructura, salud, hospitales, gobernanza y fortaleza institucional.
En su versión más reciente, el índice trabaja con 80 indicadores y clasifica a los países en cinco niveles: muy bajo, bajo, medio, alto y muy alto. Argentina quedó ahora en el escalón de riesgo medio.
El salto preocupa porque la dimensión que más parece pesar es la vulnerabilidad. Allí entran factores como desigualdad económica, brecha de género, mortalidad infantil, corrupción, privación social y debilidad de los hogares frente a una crisis. Dicho de forma directa: el problema no es solo la posibilidad de una inundación, una epidemia o una emergencia climática. El problema es cuánta espalda tiene la sociedad para resistir el golpe.
El retiro del Estado también se mide
La nueva ubicación de Argentina dialoga con el rumbo político de Javier Milei. La motosierra no queda solamente en el discurso contra “la casta” o en la contabilidad fiscal. El retiro del Estado también tiene consecuencias medibles: infraestructura que se deteriora, obra pública paralizada, salud pública tensionada, sistemas de respuesta debilitados y una población más expuesta.

El INFORM Risk incorpora justamente esa capacidad de respuesta. Un país puede tener amenazas naturales, pero si tiene instituciones fuertes, hospitales preparados, rutas mantenidas, políticas de prevención, equipos técnicos y capacidad de coordinación, el riesgo final baja. Si el Estado se retira, la protección también se achica.
La especialista citada por El Destape lo resumió con una advertencia clara: el resultado puede empeorar con el tiempo, incluso sin contemplar grandes desastres climáticos o conflictos armados. La falta de obra pública deteriora rutas, la infraestructura pierde mantenimiento y la capacidad de responder ante crisis se reduce.
Ese es el punto político central. El ajuste puede cerrar una planilla en el corto plazo, pero abre vulnerabilidades más grandes en la vida real. Un puente sin mantenimiento, un hospital desfinanciado, una ruta rota, un sistema sanitario saturado o un Estado sin capacidad de coordinación no son detalles administrativos. Son factores de riesgo.




