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Bolivia bajo presión: Rodrigo Paz descarta renunciar y abre diálogo en medio de bloqueos y crisis de abastecimiento

El presidente boliviano anunció un Consejo Económico Social y una reorganización del gabinete tras más de dos semanas de protestas. La tensión crece con bloqueos, mercados desabastecidos, hospitales con poco oxígeno medicinal y un nuevo cruce diplomático con Colombia.

Un gobierno cercado por las protestas

El presidente de Bolivia, Rodrigo Paz, descartó renunciar y aseguró que completará su mandato de cinco años, en medio de una crisis social marcada por bloqueos de rutas, desabastecimiento y fuertes cuestionamientos a su gobierno.

La declaración llegó después de más de dos semanas de movilizaciones en distintos puntos del país, con cortes que afectan especialmente los accesos a La Paz, sede del gobierno. Los reclamos reúnen a sectores diversos, incluidos grupos afines al expresidente Evo Morales, y apuntan contra la capacidad del Ejecutivo para responder a la crisis económica y a demandas sociales acumuladas.

Paz admitió que su gobierno no logró gobernar para todos los sectores y anunció la creación de un Consejo Económico Social, previsto para el fin de semana, con participación de actores sociales, políticos y económicos. También adelantó una reorganización del gabinete de ministros, aunque no precisó nombres ni áreas afectadas.

El anuncio muestra la presión que enfrenta una administración que llegó al poder tras casi dos décadas de gobiernos del Movimiento al Socialismo. Paz representa un giro conservador en Bolivia y asumió con una orientación distinta a la de Evo Morales y Luis Arce, tanto en política interna como en relaciones exteriores.

Bloqueos, desabastecimiento y corredor humanitario

La situación más urgente está en el abastecimiento. Los bloqueos pasaron de una veintena a unos 40 puntos, según la administradora de carreteras citada en el insumo base. La Paz aparece como una de las ciudades más afectadas, con problemas para el ingreso de alimentos, combustible y otros productos esenciales.

El gobierno pidió a los manifestantes habilitar un corredor humanitario para permitir el abastecimiento de la capital. Los mercados registran faltantes y los hospitales quedaron en una situación delicada, con reservas limitadas de oxígeno medicinal para pacientes.

La protesta también dejó enfrentamientos. En los últimos días se reportaron policías heridos y más de un centenar de personas detenidas. El Ejecutivo boliviano sostiene que no incorporará al diálogo a sectores que promuevan la violencia, mientras acusa a Evo Morales de alentar las movilizaciones.

Morales permanece en su bastión cocalero del centro del país, mientras enfrenta una orden de detención por una causa judicial vinculada al presunto abuso de una menor. El expresidente no se presentó al inicio del juicio y fue declarado en rebeldía, lo que profundizó aún más la tensión política.

El giro hacia Estados Unidos y el conflicto regional

La crisis interna boliviana también abrió un frente diplomático. El gobierno de Paz pidió a la embajadora de Colombia, Elizabeth García, que concluya sus funciones en el país, después de declaraciones del presidente colombiano Gustavo Petro, quien afirmó que Bolivia vive una “insurrección popular” frente a la “soberbia geopolítica”.

La decisión no implica ruptura de relaciones diplomáticas, pero marca el nivel de tensión regional. Paz acusó a Petro de atacar la democracia boliviana y sostuvo que el mandatario colombiano actuó desde una mirada ideológica.

El conflicto se produce en un contexto donde Bolivia cambió su orientación internacional. Paz acercó al país a Estados Unidos, después de años de distancia diplomática. Incluso la DEA volvió a intercambiar información con Bolivia tras 18 años de ruptura en ese plano.

El respaldo estadounidense no tardó en aparecer. El secretario de Estado, Marco Rubio, expresó apoyo al gobierno boliviano y vinculó las protestas con criminales y narcotraficantes. Ese tipo de pronunciamiento vuelve a colocar a Washington en una zona sensible de la política latinoamericana: el apoyo selectivo a gobiernos afines y la rápida construcción de enemigos internos bajo el lenguaje de la seguridad.

En América Latina, ese libreto es conocido. La intervención política de Estados Unidos rara vez llega presentada como intervención. Suele aparecer como defensa de la democracia, combate al narcotráfico, estabilidad institucional o protección del orden. En Bolivia, un país con una larga historia de disputa por sus recursos, sus movimientos populares y su soberanía, ese respaldo no es un dato neutro.

También hubo cruces con Argentina. Evo Morales acusó al gobierno de Javier Milei de enviar aviones Hércules con policías, militares y material antidisturbios. Buenos Aires negó esas afirmaciones y sostuvo que la cooperación fue humanitaria, con el traslado de alimentos hacia La Paz.

La crisis boliviana combina reclamos sociales reales, disputa política interna, presión sobre un gobierno nuevo, deterioro económico y alineamientos regionales cada vez más marcados. En ese escenario, el llamado al diálogo de Paz llega condicionado por los bloqueos, la emergencia de abastecimiento y un mapa latinoamericano donde la influencia de Estados Unidos vuelve a ocupar un lugar central.

Fuente ;AP

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