La crisis en Medio Oriente y las restricciones en el estrecho de Ormuz golpean de lleno a India, donde la escasez de gas ya provoca cierre de industrias, suba de alimentos y un nuevo éxodo de trabajadores hacia el campo.
La guerra en Medio Oriente empieza a mostrar una de sus consecuencias más duras lejos del frente militar. India, el país más poblado del mundo y una de las economías más dependientes del suministro energético que llega desde el Golfo Pérsico, enfrenta una crisis social creciente por la falta de gas, el encarecimiento del transporte y la presión sobre millones de hogares trabajadores.
El cierre y la inestabilidad en torno al estrecho de Ormuz, paso clave para el comercio energético mundial, golpearon directamente el abastecimiento indio. Buena parte del gas que consume el país llega desde la región del Golfo, por lo que cualquier interrupción en esa ruta se traduce rápidamente en aumentos de precios, dificultades logísticas y escasez.
Lo que comenzó como una crisis energética se transformó en una crisis cotidiana. En las ciudades, el gas para cocinar se volvió más caro y difícil de conseguir. Restaurantes y pequeños comercios aumentaron precios, mientras miles de trabajadores informales, con ingresos mínimos, comenzaron a quedarse sin empleo y sin posibilidad de sostener su alimentación diaria.

El impacto más visible aparece otra vez en los trabajadores migrantes. Como ocurrió durante la pandemia, muchos están dejando las grandes ciudades para regresar a sus pueblos de origen, donde al menos pueden recurrir a redes familiares, trabajo rural o formas básicas de subsistencia. Las estaciones de tren vuelven a llenarse de personas que viajan con poco dinero, sin certezas y con la sensación de que la ciudad dejó de ofrecerles una salida.
La crisis deja expuesta una realidad incómoda: cuando las potencias deciden escalar conflictos, los primeros en pagar no son los gobiernos ni las grandes corporaciones, sino los trabajadores, los pobres urbanos y las familias que dependen de un cilindro de gas para cocinar. India aparece hoy como una advertencia brutal de cómo una guerra regional puede convertirse, en cuestión de días, en hambre, desempleo y desplazamiento masivo.










