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Sheinbaum marca distancia con Washington: “México no es protectorado ni colonia de Estados Unidos”

La presidenta de México, Claudia Sheinbaum, respondió con firmeza ante las solicitudes de detención provisional con fines de extradición formuladas por Estados Unidos contra el gobernador de Sinaloa, Rubén Rocha, y otros nueve funcionarios y exservidores públicos señalados por presuntos vínculos con la delincuencia organizada.

Durante su conferencia de prensa, Sheinbaum fue directa: México no es protectorado ni colonia de Estados Unidos. La mandataria sostuvo que la relación bilateral debe darse entre países libres, soberanos e iguales, sin injerencias ni decisiones impuestas desde Washington.

La presidenta no negó que, si existen pruebas contra cualquier funcionario, debe actuar la Fiscalía. Pero marcó una diferencia central: no alcanza con una acusación pública ni con una presión diplomática. Para proceder, deben existir elementos probatorios claros, canales institucionales y respeto por la soberanía mexicana.

Uno de los puntos más fuertes del planteo de Sheinbaum fue la crítica a la forma en que Estados Unidos manejó el caso. La presidenta denunció quiebres de confidencialidad por parte de Washington al hacer públicos los cargos contra funcionarios mexicanos, algo que, según su posición, afecta el procedimiento y coloca al país bajo presión política antes de que se presenten pruebas suficientes.

La Fiscalía General de la República concluyó que no existían elementos para sostener la “urgencia de la detención provisional” requerida por Estados Unidos. Ese dato es clave: el gobierno mexicano no está defendiendo la impunidad, sino reclamando que cualquier acusación sea tratada por las vías legales correspondientes.

Sheinbaum resumió el punto con una palabra: pruebas. Esa será, según explicó, la respuesta de la Secretaría de Relaciones Exteriores ante las autoridades estadounidenses. Si hay elementos, deben presentarse. Si hay delitos, deben investigarse. Pero México no puede aceptar que una solicitud extranjera sustituya el trabajo de sus instituciones.

La discusión tiene un fondo político regional. Estados Unidos suele presentar sus acciones sobre América Latina bajo el lenguaje de la seguridad, la lucha contra el narcotráfico o la cooperación judicial. Pero muchas veces esa cooperación termina funcionando con una lógica desigual: Washington acusa, presiona, filtra y exige; los países latinoamericanos deben responder bajo sospecha.

Sheinbaum intentó cortar esa dinámica. Defendió una relación coordinada, pero no subordinada. Y ese matiz importa: combatir la corrupción y la delincuencia organizada no puede significar aceptar tutela extranjera ni permitir que Estados Unidos actúe por encima de las autoridades nacionales.

La presidenta también cuestionó las campañas impulsadas por sectores de derecha y algunos medios contra Morena a partir de las solicitudes estadounidenses. En su lectura, el caso está siendo usado políticamente para golpear al gobierno y al movimiento que representa.

La posición mexicana deja una señal clara para la región: ningún país puede construir justicia entregando su soberanía. Si hay funcionarios corruptos, deben responder ante la ley. Pero la ley no puede ser reemplazada por el poder político de Estados Unidos ni por operaciones mediáticas que presentan condenas antes de mostrar pruebas.