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Milei en el USS Nimitz: la postal de guerra de un gobierno entregado a Washington

El presidente argentino Javier Milei subió al portaaviones nuclear estadounidense USS Nimitz, frente a Mar del Plata, en el marco de ejercicios militares conjuntos con Estados Unidos. La imagen fue presentada como cooperación en defensa, pero también funciona como una señal política fuerte: Argentina vuelve a pararse bajo la sombra militar de Washington en una región donde Estados Unidos busca frenar la influencia de China

Javier Milei volvió a elegir una foto. Esta vez no fue en un foro económico, ni con empresarios, ni en una reunión de campaña internacional. Fue sobre el USS Nimitz, uno de los portaaviones nucleares más grandes y simbólicos de la Marina de Estados Unidos, desplegado en el Atlántico Sur como parte de los ejercicios Southern Seas 2026.

El mandatario argentino llegó al buque en una aeronave militar estadounidense Grumman C-2 Greyhound, usada para operar desde y hacia portaaviones. La escena tuvo todo el peso de una puesta en escena geopolítica: un presidente sudamericano trasladado por una aeronave de guerra de Estados Unidos para posar sobre una plataforma militar nuclear ubicada frente a las costas argentinas.

La actividad se realizó en el marco de las maniobras Passex 2026, versión local de los ejercicios Southern Seas, organizados por el Comando Sur de Estados Unidos, la Embajada estadounidense y la Armada Argentina. Según la comunicación oficial y los medios argentinos, los ejercicios incluyeron operaciones de búsqueda y rescate, defensa aérea con aviones F-18, helicópteros MH-60 Seahawk y tácticas navales frente a Mar del Plata y Necochea.

Milei estuvo acompañado por parte de su círculo político y militar: Karina Milei, secretaria general de la Presidencia; Carlos Presti, ministro de Defensa; Alejandra Monteoliva, ministra de Seguridad; Pablo Quirno, canciller; Martín Menem, presidente de la Cámara de Diputados; Marcelo Dalle Nogare, jefe del Estado Mayor Conjunto; Juan Carlos Romay, jefe de la Armada; y el embajador estadounidense Peter Lamelas, señalado como una figura clave en la coordinación de la visita.

El USS Nimitz no es un barco cualquiera. Es un portaaviones de propulsión nuclear, de la clase Nimitz, con más de 300 metros de eslora, capacidad para operar decenas de aeronaves y una historia asociada a la proyección militar global de Estados Unidos. La propia Armada estadounidense informó que el despliegue Southern Seas 2026 busca fortalecer la interoperabilidad con fuerzas navales de la región y realizar ejercicios con países como Argentina, Brasil, Chile, Colombia, Ecuador, Perú, México, El Salvador, Guatemala y Uruguay.

Ese es el lenguaje diplomático: interoperabilidad, cooperación, seguridad regional. Pero la foto dice bastante más. Dice alineamiento. Dice subordinación política. Dice una Argentina que, bajo Milei, busca mostrarse como socio preferente de Washington incluso en el terreno militar.

No es un gesto aislado. El gobierno argentino viene acumulando señales de acercamiento estratégico a Estados Unidos: reuniones con autoridades del Comando Sur, presencia militar estadounidense en el sur argentino, interés sobre Ushuaia y la Antártida, ejercicios conjuntos y una política exterior cada vez más alejada de cualquier idea de equilibrio regional o autonomía latinoamericana.

En ese mapa, el USS Nimitz frente a Mar del Plata no aparece como una simple visita protocolar. Aparece como una postal de época. Mientras la región enfrenta disputas por recursos naturales, rutas marítimas, energía, pesca, minerales estratégicos y presencia militar extranjera, Milei eligió posar en una nave de guerra estadounidense como quien muestra una credencial de pertenencia.

La autorización de estos ejercicios también abrió cuestionamientos internos. Medios argentinos señalaron que las maniobras fueron aprobadas por decreto del Poder Ejecutivo y no por una ley discutida en el Congreso. Ese detalle importa: cuando se trata de fuerzas extranjeras, ejercicios militares y soberanía, el debate democrático no puede ser reemplazado por una foto ni por un comunicado de embajada.

El oficialismo argentino intenta vender la imagen como modernización, cooperación y presencia internacional. Pero desde una mirada latinoamericana, crítica y soberana, la pregunta es otra: ¿qué gana un país empobrecido, endeudado y socialmente golpeado al exhibirse como plataforma política de una potencia militar?

Milei no subió solamente a un portaaviones. Subió a una narrativa. La de un gobierno que confunde alineamiento con prestigio, obediencia con estrategia y foto militar con política exterior. En una Argentina donde millones de familias se endeudan para llegar a fin de mes, la postal del presidente sobre una nave nuclear estadounidense no habla de fuerza: habla de prioridades