Gustavo Petro fue recibido en Miraflores por Delcy Rodríguez en una visita que Colombia presenta como una necesidad de seguridad regional. Pero el gesto también tiene peso político: abre una nueva etapa diplomática con una Venezuela gobernada por una conducción interina, sin mandato electoral directo, después de la captura de Nicolás Maduro por parte de Estados Unidos.
Una reunión que no es solo de frontera
Gustavo Petro llegó este viernes a Caracas para reunirse con Delcy Rodríguez en el Palacio de Miraflores. El gobierno colombiano colocó el encuentro bajo una consigna concreta: seguridad fronteriza. Y no es un tema menor. Colombia y Venezuela comparten más de 2.200 kilómetros de frontera, una línea extensa, porosa y atravesada por migración, comercio informal, contrabando, narcotráfico, grupos armados y necesidades sociales que ningún gobierno puede resolver mirando para otro lado.

La región del Catatumbo aparece en el centro de la agenda. Allí se cruzan cultivos de coca, disputas entre grupos armados, rutas ilegales y una población civil que paga el costo de décadas de abandono estatal. Petro viajó acompañado por su ministro de Defensa, Pedro Sánchez, señal de que la cita no fue apenas protocolar. Colombia necesita cooperación real del otro lado de la frontera, porque cualquier política de seguridad que ignore a Venezuela nace renga.
Pero el viaje también tiene otra lectura. Petro se convierte en uno de los primeros mandatarios en reunirse formalmente con Delcy Rodríguez en esta nueva etapa venezolana. La mandataria interina no llegó al poder por una elección popular, sino por el reacomodo político abierto tras la captura y traslado de Nicolás Maduro a Estados Unidos. Por eso, aunque la agenda hable de seguridad, energía y comercio, el gesto de Petro tiene un contenido diplomático fuerte: reconoce a Rodríguez como interlocutora válida para negociar asuntos de Estado.
La izquierda ante una contradicción incómoda
Para una mirada progresista, la situación no se resuelve con consignas fáciles. Venezuela sufrió durante años una presión externa brutal, sanciones, aislamiento, intentos de asfixia económica y una intervención estadounidense que culminó con la captura de Maduro. Nada de eso puede celebrarse con liviandad desde América Latina. La soberanía de los países no puede depender del humor político de Washington ni de la conveniencia energética de la Casa Blanca.
Pero defender la soberanía venezolana no obliga a negar los problemas democráticos internos. Delcy Rodríguez gobierna sin haber sido electa presidenta por voto popular, y hasta ahora la apertura económica impulsada por su administración no vino acompañada de un calendario claro para elecciones libres ni de garantías políticas suficientes para la oposición. La liberación de presos políticos marca un cambio relevante, pero no alcanza para cerrar la crisis institucional.
Petro, en ese punto, parece intentar caminar sobre una cuerda muy fina. Por un lado, sostiene la necesidad de diálogo y de una salida política que no sea dictada desde Estados Unidos. Por otro, busca empujar una fórmula de concentración nacional que incorpore al chavismo y a sectores opositores, incluido el espacio de María Corina Machado y Edmundo González Urrutia. Es una propuesta difícil, cargada de tensiones, pero más seria que el viejo libreto de bloqueo, sanción y derrumbe social.
La pregunta de fondo es si esta nueva etapa venezolana será una transición con apertura democrática o apenas una administración más prolija del mismo poder, ahora maquillada por negocios petroleros y bendiciones internacionales.
Energía, frontera y pragmatismo
La reunión también ocurre en un momento en que Venezuela vuelve a moverse como pieza energética regional. La apertura a petroleras extranjeras, el regreso de operaciones de compañías como Repsol y Chevron, y el interés de Estados Unidos en estabilizar el negocio petrolero muestran que el aislamiento absoluto quedó atrás. Washington, que durante años presentó al chavismo como enemigo irreconciliable, ahora mira con simpatía la apertura económica de Rodríguez.
Ese giro revela una verdad incómoda: muchas veces las grandes potencias no discuten democracia, sino petróleo, gas, minerales y condiciones de inversión. Cuando Venezuela estaba cerrada, se la empujaba al abismo; cuando vuelve a abrir el subsuelo y la energía, aparecen elogios, reuniones y promesas de visitas.

Colombia también tiene intereses concretos. Petro busca reforzar inteligencia binacional contra el crimen organizado, mejorar la cooperación fronteriza, ordenar el flujo migratorio y avanzar en proyectos energéticos, incluyendo electricidad y gas. No hay integración regional posible si dos países vecinos se tratan como enemigos permanentes. En ese sentido, la visita puede leerse como una apuesta sensata: hablar, negociar y construir mecanismos de cooperación donde antes había ruptura.
Pero la sensatez diplomática no debe confundirse con cheque en blanco. América Latina necesita resolver sus conflictos sin tutelaje extranjero, sí. Pero también necesita gobiernos con legitimidad popular, instituciones confiables y derechos políticos garantizados. La izquierda regional no puede defender la democracia solo cuando le conviene ni callar cuando el problema aparece dentro de su propio campo.
La foto de Petro y Delcy Rodríguez en Miraflores dice mucho más que una agenda de frontera. Habla de una Venezuela que intenta volver al tablero internacional, de una Colombia que necesita estabilidad al otro lado de su frontera y de una América Latina obligada a discutir soberanía, democracia y recursos naturales sin hipocresía.
Petro hace bien en hablar con Caracas. Ningún país serio abandona 2.200 kilómetros de frontera a la improvisación. Pero la región también debe exigir que la normalización diplomática no termine siendo el reemplazo de la democracia por el pragmatismo petrolero. Porque si la política latinoamericana queda reducida a seguridad, negocios y sonrisas de palacio, los pueblos vuelven a quedar afuera de la foto.
Fuentes : Reuters, AP, El País América, Euronews, Swissinfo, Público, Uypress y Univision.
Fotos :Presidencia de Colombia, Public domain, via Wikimedia Commons
Presidencia de Venezuela, Public domain, via Wikimedia Commons
Fotografía oficial de la Presidencia de Colombia, Public domain, via Wikimedia Commons





