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Vox se acerca a la agenda xenófoba de la “remigración” en Europa

La participación de dirigentes de Vox en una cumbre internacional de extrema derecha en Portugal confirma un giro cada vez más duro del partido español contra la población migrante. Bajo el término “remigración”, sectores ultras intentan maquillar una agenda de expulsiones masivas, exclusión cultural y supremacismo europeo.

La extrema derecha europea encontró una palabra más limpia para una idea vieja: “remigración”. Detrás de ese término, presentado como una supuesta política migratoria, aparece una propuesta mucho más profunda y peligrosa: expulsar migrantes, restringir derechos, cuestionar ciudadanías y definir quién pertenece o no a Europa según criterios culturales, étnicos o religiosos.

Vox, el partido ultraderechista español liderado por Santiago Abascal, volvió a quedar ubicado en ese terreno tras la participación de dirigentes de su espacio en una cumbre internacional realizada en Portugal. El encuentro reunió a referentes políticos, activistas y organizaciones de extrema derecha que defienden la idea de revertir los flujos migratorios y preservar una supuesta identidad europea amenazada.

El problema no está solo en el tono. Está en el contenido político. La “remigración” ya no apunta únicamente a personas en situación irregular. En los discursos más radicales incluye también a migrantes con residencia legal, a hijos de migrantes nacidos en Europa e incluso a ciudadanos considerados “no integrados” por no ajustarse a determinados patrones culturales.

Vox y el salto hacia una agenda más radical

La presencia de figuras de Vox en este tipo de encuentros muestra un corrimiento dentro de la derecha española. El partido ya tenía una línea dura contra la inmigración, pero ahora aparece más cerca de redes europeas que hablan abiertamente de identidad étnica, continuidad cultural, reemplazo poblacional y expulsiones masivas.

Rocío de Meer, una de las dirigentes más visibles de Vox en materia migratoria, ya había defendido públicamente la necesidad de un proceso de “remigración” en España. La idea fue presentada como una respuesta a la inseguridad, la presión social y la supuesta pérdida de identidad nacional. En los hechos, ese discurso convierte a millones de personas en sospechosas por su origen, su religión, su color de piel o su vínculo familiar con la migración.

Ese es el punto central. La extrema derecha intenta correr el límite de lo decible. Primero instala una palabra técnica. Después la repite como si fuera una política normal. Más tarde la vincula con seguridad, vivienda, empleo o ayudas sociales. Al final, la sociedad empieza a escuchar como propuesta electoral algo que hasta hace poco pertenecía a espacios abiertamente supremacistas.

Una red internacional que busca poder político

La cumbre de Portugal no fue un episodio aislado. Forma parte de una red más amplia que conecta a partidos de extrema derecha, grupos identitarios, influencers, fundaciones, activistas antiinmigración y sectores ligados al trumpismo estadounidense.

El discurso es parecido en varios países: Europa estaría siendo “reemplazada”, los pueblos “nativos” perderían su lugar y la inmigración sería una amenaza existencial. Esa narrativa no describe una realidad social compleja; fabrica un enemigo interno. Convierte a personas migrantes, musulmanas, africanas, latinoamericanas o no blancas en responsables de problemas económicos, laborales y culturales que tienen causas mucho más profundas.

Por eso la discusión no es solo española. También atraviesa a Francia, Alemania, Italia, Países Bajos, Hungría, Portugal y Estados Unidos. La extrema derecha entiende que el miedo ordena políticamente. Y la migración, en tiempos de crisis, es usada como combustible para construir mayorías reaccionarias.

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