Terovet construye en Montevideo una planta biotecnológica con una inversión de US$ 4 millones. El proyecto comenzará enfocado en vacunas para salud animal, tendrá una fuerte orientación exportadora y abre una posibilidad estratégica: que desarrollos científicos realizados en Uruguay puedan escalar a producción industrial sin salir del país.
Una inversión que coloca a Uruguay en una zona clave
Uruguay tendrá una nueva planta biotecnológica dedicada al desarrollo y producción de vacunas. El proyecto pertenece a Terovet, una empresa creada por tres profesionales con larga trayectoria en la industria farmacéutica veterinaria, que decidieron instalar en Montevideo una operación propia orientada inicialmente a la salud animal.
La inversión prevista es de US$ 4 millones y la planta comenzaría a operar en setiembre de 2026. El objetivo inicial es producir vacunas veterinarias innovadoras, aunque la empresa también proyecta capacidades que en el futuro podrían vincularse con aplicaciones en salud humana.
El dato central no está solo en la inversión, sino en el lugar que ocupa dentro de la cadena científica y productiva. Uruguay cuenta con investigación, talento técnico y empresas biotecnológicas, pero uno de sus principales límites ha sido pasar del desarrollo de laboratorio a la fabricación industrial.
De la investigación a la producción
Terovet apunta a cubrir justamente ese tramo: transformar conocimiento en producción a escala. La planta funcionará bajo un modelo conocido internacionalmente como CDMO, es decir, una organización que desarrolla y fabrica productos para otras empresas.
Eso permite combinar producción propia con servicios para terceros. En términos prácticos, una startup, un laboratorio local o una empresa internacional que tenga un desarrollo biotecnológico podría encontrar en Uruguay una plataforma para producir sin tener que relocalizarse ni buscar infraestructura fuera del país.
En su primera etapa, la planta tendrá capacidad para fabricar hasta 20 millones de dosis anuales de vacunas complejas. El diseño contempla una expansión modular que podría multiplicar la capacidad productiva mediante nuevas inversiones.
El proyecto también incorpora tecnologías avanzadas, entre ellas vacunas recombinantes, un campo de fuerte crecimiento internacional. Aunque el foco inicial está en animales de producción y mascotas, la empresa deja abierta una línea de desarrollo futura hacia otros segmentos de la salud.
Exportación, ciencia y soberanía productiva
La apuesta exportadora es una parte central del proyecto. Entre el 80% y el 85% de la producción estará destinada a mercados internacionales, especialmente América Latina, África y Medio Oriente.
Esa orientación muestra una oportunidad para Uruguay: no quedar limitado a vender materias primas o servicios tradicionales, sino avanzar en sectores intensivos en conocimiento, regulación, ciencia aplicada y producción de alto valor.
El caso de Terovet se inscribe en un ecosistema biotecnológico que todavía es pequeño, pero crece. En Uruguay funcionan más de 60 empresas biotecnológicas, y cerca de dos tercios son startups con soluciones de proyección global, según un estudio elaborado por Uruguay XXI, ANII y el BID.
El desafío es sostener ese crecimiento con infraestructura, inversión, capacidades públicas y privadas, formación técnica y articulación entre ciencia, industria y mercados. En salud, la posibilidad de producir tecnología propia no es un asunto menor: implica conocimiento local, trabajo calificado y mayor capacidad para participar en cadenas globales desde Uruguay.
Fuentes
Uruguay XXI
