Una delegación técnica de la autoridad sanitaria brasileña recorrió laboratorios, empresas, centros científicos y servicios de salud uruguayos. La misión abre oportunidades en el principal mercado regional para los productos medicinales elaborados en el país, en momentos en que Brasil actualiza sus reglas y habilita su propia producción bajo mayores controles sanitarios.
Brasil conoció el ecosistema construido por Uruguay
Una delegación de la Agencia Nacional de Vigilancia Sanitaria de Brasil, conocida como ANVISA, desarrolló durante una semana una misión técnica en Uruguay para conocer las capacidades productivas, científicas, farmacéuticas y regulatorias de la industria nacional del cannabis medicinal.
La visita fue coordinada por el Ministerio de Salud Pública mediante el Programa Nacional de Acceso al Cannabis Medicinal y Terapéutico. También participaron el Ministerio de Industria, Energía y Minería, la Cancillería, Uruguay XXI, la Intendencia de Canelones, el Instituto de Regulación y Control del Cannabis y la Cámara de Empresas de Cannabis Medicinal.
La misión comenzó el 22 de junio en el Parque Científico y Tecnológico de Pando, uno de los espacios donde se articulan las capacidades del Estado, la Universidad, la investigación y las empresas. Durante los días siguientes, los especialistas brasileños visitaron Fotmer Life Sciences, Molemix Laboratorios, GreenMed, Grünelabs y la Clínica de Cannabis Medicinal del CASMU.
Las recorridas permitieron presentar diferentes etapas de la cadena productiva: investigación genética, cultivo controlado, procesamiento de la planta, extracción de componentes, elaboración farmacéutica, certificación, control de calidad y atención clínica.
Grünelabs expuso un modelo integrado que comienza con el cultivo en ambientes cerrados y continúa con la elaboración de extractos y especialidades farmacéuticas. En Fotmer, la delegación conoció los procedimientos de fabricación, certificación y control utilizados para colocar medicamentos uruguayos en mercados internacionales sometidos a estrictas exigencias sanitarias.
La agenda incluyó además una jornada de intercambio sobre los marcos regulatorios de Uruguay y Brasil, encabezada por la ministra de Salud Pública, Cristina Lustemberg; el subsecretario Leonel Briozzo, y el subsecretario de Industria, Energía y Minería, Daniel Olesker.
La coordinadora del Programa Nacional de Acceso al Cannabis Medicinal y Terapéutico, Edelma Ros, señaló que la visita se produjo en una etapa especialmente importante, porque ambos países se encuentran actualizando sus normas para la producción, comercialización y control de estos productos.
Brasil ya es el principal destino regional
La relación con ANVISA tiene una importancia económica directa. Brasil se convirtió en el principal destino de los medicamentos e ingredientes farmacéuticos activos de cannabis producidos en Uruguay.
Durante 2025, las exportaciones uruguayas de esta categoría hacia el mercado brasileño alcanzaron unas 2,4 toneladas y superaron los US$ 450.000. Brasil también concentró prácticamente todo el volumen exportado por Uruguay de aceites y aislados de cannabidiol con menos de 1% de THC.
Los productos pueden llegar al mercado brasileño mediante dos mecanismos. Uno permite su comercialización en farmacias bajo autorización sanitaria de ANVISA. El otro corresponde al régimen de importación directa para pacientes con indicación médica, conocido como acceso excepcional o uso compasivo.
La visita de los técnicos brasileños no fue, por tanto, una actividad protocolar. Significó colocar frente a la autoridad que habilita los productos sanitarios del mayor país de América Latina las instalaciones, los controles y las capacidades concretas construidas por Uruguay.
El acercamiento comenzó a prepararse hace cuatro años, cuando Uruguay XXI y la Intendencia de Canelones definieron a Brasil como mercado prioritario para la promoción internacional del sector. En junio de 2026, una delegación público-privada uruguaya ya había presentado estas capacidades en la feria especializada Cannabis Fair, realizada en San Pablo.
La escala del mercado brasileño ofrece posibilidades para que Uruguay exporte no solamente flores o materias primas, sino medicamentos, extractos, ingredientes farmacéuticos, servicios científicos, conocimiento regulatorio y tecnología.
Esta diferencia es central. La transformación industrial permite agregar valor dentro del país, incorporar personal técnico y profesional, vincular empresas con centros de investigación y evitar que Uruguay quede limitado a suministrar materia prima sin procesamiento.
Una industria que superó la etapa experimental
El informe sectorial publicado en 2026 por Uruguay XXI señala que durante 2025 el país exportó más de 45 toneladas de productos derivados del cannabis por un valor próximo a US$ 3 millones. Los destinos incluyeron mercados sanitariamente exigentes como Alemania, Suiza y Brasil.
El ecosistema uruguayo comprende más de 100 iniciativas productivas distribuidas en diferentes puntos del territorio. También cuenta con 14 licencias activas de investigación y más de 40 variedades de semillas registradas, producto de un proceso que combina inversión, investigación genética y conocimiento acumulado.
Uruguay comenzó a exportar derivados del cannabis en 2018. Hasta 2024, las ventas acumuladas al exterior habían superado los US$ 27 millones, con predominio de los productos destinados a usos medicinales y farmacéuticos.
La construcción del sector fue posible por una decisión política del Estado. La regulación aprobada en 2013 permitió sacar al cannabis de la clandestinidad y establecer controles públicos sobre su producción y sus distintos usos. Posteriormente, la Ley 19.847 y su reglamentación desarrollaron un marco específico para el cannabis medicinal y terapéutico.
El país dispone actualmente de licencias para cultivo medicinal, industrialización, investigación, laboratorios y servicios. Los productos farmacéuticos habilitados para el mercado nacional se concentran principalmente en formulaciones con cannabidiol, mientras que otras especialidades con mayor concentración de THC pueden ser fabricadas bajo autorizaciones específicas para su exportación.
A esa estructura se suma la creación de la Agencia de Vigilancia Sanitaria del Uruguay, que deberá fortalecer la evaluación de medicamentos y tecnologías sanitarias y aproximar el sistema regulatorio nacional a organismos con mayor trayectoria, como ANVISA.
Brasil cambia sus reglas y abre una nueva etapa
La misión también se produjo mientras Brasil atraviesa una transformación de su política sobre cannabis medicinal.
En febrero de 2026, ANVISA publicó nuevas resoluciones para reglamentar la producción de cannabis con fines exclusivamente medicinales y farmacéuticos. Las normas fueron elaboradas luego de que el Superior Tribunal de Justicia brasileño reconociera, en noviembre de 2024, la legalidad de esa producción vinculada al derecho a la salud.
La nueva regulación exige autorizaciones especiales para las empresas, inspecciones sanitarias previas, sistemas de trazabilidad y medidas permanentes de seguridad y control. También establece reglas específicas para instituciones científicas y asociaciones de pacientes sin fines de lucro.
Brasil actualizó además el régimen para la fabricación e importación de medicamentos de cannabis, amplió las vías de administración autorizadas e incorporó nuevas enfermedades graves o debilitantes entre las situaciones que pueden admitir productos con concentraciones superiores de THC.
En mayo, ANVISA aprobó nuevas disposiciones sobre etiquetado, prescripción, dispensación y exportación de ingredientes farmacéuticos y productos medicinales. El gobierno brasileño busca desarrollar su propio complejo industrial de la salud y reducir su dependencia de productos importados.
Ese proceso representa una oportunidad, pero también un desafío para Uruguay. La producción brasileña puede ampliar el mercado, normalizar los tratamientos y generar cooperación científica regional. Al mismo tiempo, puede crear una futura competencia para las empresas uruguayas que actualmente abastecen a pacientes e importadores del país vecino.
La ventaja uruguaya se encuentra en la experiencia regulatoria acumulada, la calidad farmacéutica, la trazabilidad, las capacidades científicas y la posibilidad de integrar en un territorio pequeño a organismos públicos, laboratorios, centros académicos, empresas y servicios clínicos.
La consolidación de esa industria requiere mantener políticas públicas estables, fortalecer la investigación nacional, facilitar la certificación internacional y asegurar que el crecimiento exportador se traduzca en inversión, trabajo calificado y mayor acceso de los pacientes uruguayos a tratamientos seguros y de calidad.
