Uruguay Impulsa ofrece trabajo y capacitación a miles de personas, pero el final de cada edición vuelve a instalar la incertidumbre. La prórroga hasta noviembre y la decisión de Río Negro de extenderlo por su cuenta plantean una pregunta de fondo: ¿qué sucede cuando termina la ayuda y el empleo estable todavía no aparece?
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Uruguay Impulsa vuelve a extenderse. El Gobierno nacional resolvió mantener el programa durante noviembre, mientras la Intendencia de Río Negro anunció que financiará con recursos propios la continuidad de sus 171 participantes hasta fines de enero. Son decisiones que merecen ser valoradas porque detrás de cada cupo hay personas que necesitan trabajar, hogares que dependen de esos ingresos y una realidad social que no desaparece cuando termina el calendario de un programa público.
Pero hay una contradicción que comienza a hacerse evidente. El Estado encuentra recursos para ofrecer empleo durante algunos meses, consigue organizar tareas, financiar ingresos y proporcionar capacitación. Sin embargo, cuando llega el momento de finalizar la experiencia, no aparece con la misma claridad el camino que deberían recorrer esas personas hacia un trabajo estable. El programa vuelve a necesitar una prórroga y sus participantes vuelven a necesitar una respuesta.
Alivio,no solución
Uruguay Impulsa nació con una intención social importante: superar el carácter exclusivamente transitorio de los antiguos jornales solidarios, incorporando formación y herramientas que favorezcan la inserción laboral. Es un avance que corresponde reconocer. Para alguien que lleva mucho tiempo sin conseguir empleo, recuperar una actividad remunerada, adquirir experiencia y acceder a capacitación puede significar una transformación importante.
En 2025 participaron unas 5.200 personas. Aproximadamente 1.500 continuaron procesos de formación durante 2026 y otras pudieron completar etapas educativas pendientes. Son resultados concretos. También lo es que la segunda edición haya incorporado a 5.524 participantes distribuidos por todo el territorio nacional.
Pero existe una diferencia fundamental entre haber trabajado y haber conseguido trabajo. Un certificado puede mejorar las posibilidades de contratación, aunque no garantiza que exista una empresa dispuesta a contratar, una cooperativa con capacidad de incorporar nuevos integrantes o una actividad productiva que necesite trabajadores. La formación es indispensable, pero no puede sustituir la creación de oportunidades laborales.
Las cifras del último sorteo permiten dimensionar el problema: 121.798 personas estaban habilitadas para participar y apenas 5.524 obtuvieron un cupo. No todas las restantes continúan necesariamente desempleadas, pero semejante demanda muestra cuántas personas acudieron a una oportunidad laboral de duración limitada. Para muchas, incluso esa posibilidad temporal representa algo que el mercado de trabajo no les está ofreciendo.
El interrogante político comienza precisamente allí. ¿Qué sucede cuando quienes lograron entrar al programa terminan su participación y deben volver a buscar empleo? ¿Cuántos pueden convertir la capacitación recibida en un puesto formal? ¿Cuántos vuelven a la misma incertidumbre de la que intentaban salir?
El calendario decide sobre los ingresos
La extensión anunciada por Río Negro ofrece una imagen de lo que está ocurriendo. El intendente Guillermo Levratto decidió sostener durante diciembre y enero los ingresos de 171 participantes mediante financiamiento departamental. Es una respuesta concreta ante una necesidad concreta. Sin embargo, también deja expuesta una dificultad de alcance nacional: la continuidad de esos ingresos puede comenzar a depender de las posibilidades económicas y de las decisiones de cada intendencia.
Un trabajador de Río Negro tendrá, por ahora, dos meses adicionales de actividad. Otro, en un departamento que no pueda asumir ese gasto, podría finalizar su participación en noviembre. La necesidad social puede ser semejante, pero las respuestas serán distintas según el territorio.
Y detrás de esas diferencias aparece algo que las estadísticas no siempre consiguen expresar. La persona que recibe durante algunos meses un ingreso puede organizar sus gastos, cumplir compromisos y recuperar cierta tranquilidad. No se trata solamente del dinero. También existe una pertenencia, un horario, una responsabilidad y el reconocimiento de sentirse parte de una actividad útil para la comunidad. Cuando el programa termina, no desaparecen las cuentas, las necesidades familiares ni las obligaciones cotidianas.
Las sucesivas extensiones permiten sostener temporalmente esa estabilidad. El problema surge cuando la prórroga deja de ser una excepción y comienza a funcionar como la principal expectativa de continuidad.
No se puede construir una perspectiva laboral duradera alrededor de la esperanza de que, llegado el vencimiento, aparezcan recursos para otro mes. Mucho menos cuando quienes participan no tienen asegurado un empleo al terminar ni generan, por esa participación, el derecho ordinario al seguro de desempleo.
La incertidumbre no es únicamente una preocupación de las personas directamente involucradas. También representa una cuestión de política pública: ¿hasta qué punto puede considerarse cumplido el objetivo de inserción laboral cuando todavía no conocemos con claridad cuántos participantes de la primera edición consiguieron un empleo estable después de finalizarla?
El Estado constructor de la otra orilla
El gobierno de Yamandú Orsi dispone de instrumentos para avanzar en esa dirección. La nueva legislación sobre empleo integral contempla incentivos a la contratación y mecanismos de acompañamiento de las trayectorias laborales. Uruguay Impulsa cuenta, además, con el trabajo conjunto de las intendencias, el Ministerio de Trabajo, el Ministerio de Desarrollo Social y el Instituto Nacional de Empleo y Formación Profesional.
El desafío consiste en convertir esas herramientas en una política articulada que acompañe a las personas más allá de su último jornal. No alcanza con preparar a alguien para buscar empleo si en su localidad las oportunidades son insuficientes. También es necesario promover actividad productiva, fortalecer cooperativas, estimular contrataciones estables y aprovechar la capacidad del Estado para impulsar trabajo donde el mercado no consigue dar respuestas satisfactorias.
Nada de esto significa que cada participante deba convertirse automáticamente en funcionario público. Significa reconocer que el desempleo persistente no puede ser abordado exclusivamente como una carencia individual de capacitación. Hay dificultades estructurales, desigualdades territoriales y condiciones económicas que requieren una intervención pública sostenida.
La pregunta sobre una nueva edición de Uruguay Impulsa en 2027 es importante, pero hay otra que debería ocupar un lugar todavía mayor: ¿qué perspectivas tienen quienes ya participaron? Porque si la única respuesta consiste en organizar un nuevo sorteo, volver a distribuir cupos y esperar otra fecha de finalización, estaremos manteniendo una herramienta de alivio sin transformar suficientemente las condiciones que la hacen necesaria.
Sería injusto desconocer los avances alcanzados. También sería conformista dar por satisfecho el objetivo simplemente porque miles de personas pudieron trabajar durante cinco meses.
Un gobierno que coloca el trabajo y la justicia social entre sus prioridades tiene la oportunidad de dar un paso más. Uruguay Impulsa puede formar parte de una política de empleo más ambiciosa, capaz de vincular la capacitación con oportunidades reales y la protección transitoria con perspectivas de estabilidad.
La dignidad del trabajo no puede depender indefinidamente de una fecha de vencimiento.
El verdadero éxito de Uruguay Impulsa no debería medirse solamente por la cantidad de personas que ingresan, los certificados que reciben o los meses que consigue extenderse. También debería medirse por cuántas logran continuar trabajando cuando el programa termina.
Porque un puente cumple su función cuando permite llegar a destino. Y mientras miles de personas sigan necesitando que se prolongue cada pocos meses para no perder sus ingresos, la otra orilla continuará demasiado lejos.
Quatroges
