El canciller Mario Lubetkin se reunió con el presidente suizo Guy Parmelin tras el avance parlamentario del acuerdo entre Mercosur y la Asociación Europea de Libre Comercio. El tratado abre preferencias para más del 97% de las exportaciones y establece cupos especiales para productos agropecuarios. Uruguay ya ratificó el convenio y busca transformar el acceso comercial en mayores exportaciones, inversión y empleo.
Suiza abre cupos para miel, carne y vino
La reunión entre Mario Lubetkin y el presidente de la Confederación Suiza, Guy Parmelin, volvió a colocar en primer plano el acuerdo comercial entre el Mercosur y la EFTA, integrada por Suiza, Noruega, Islandia y Liechtenstein. El encuentro se produjo después de que el Parlamento suizo completara esta semana una nueva instancia decisiva para la aprobación del tratado, firmado originalmente en Río de Janeiro el 16 de septiembre de 2025.
Entre las oportunidades señaladas por el canciller aparece una cuota de 2.000 toneladas de miel con arancel cero para el mercado suizo. El texto oficial del acuerdo confirma ese contingente para miel natural originaria del Mercosur. Para Uruguay se trata de un acceso particularmente relevante: en 2024 el país exportó aproximadamente 11.633 toneladas de miel por US$ 26,6 millones, por lo que el tamaño del cupo equivale, como referencia, a cerca del 17% de aquel volumen exportado por Uruguay a todos los destinos.
El paquete de concesiones suizas incluye además alrededor de 3.000 toneladas de carne bovina dentro de un contingente preferencial y 50.000 hectolitros de vino, además de preferencias para otros productos. No son cuotas exclusivas para Uruguay, sino oportunidades dentro del esquema negociado entre Suiza y el Mercosur. La capacidad de los productores y exportadores uruguayos para utilizarlas dependerá de competitividad, demanda, requisitos sanitarios y reglas de origen.
Un mercado pequeño en población pero de alto poder adquisitivo
El acuerdo EFTA-Mercosur configura una zona comercial de casi 300 millones de habitantes y un producto combinado superior a US$ 4,3 billones. La liberalización alcanza a más del 97% de las exportaciones de ambas partes, aunque en algunos sectores la eliminación de aranceles será gradual y en productos agrícolas sensibles continuará funcionando mediante contingentes.
La relación de Uruguay con esos mercados parte todavía de cifras relativamente reducidas. Datos oficiales difundidos durante el proceso de ratificación indicaban que las exportaciones uruguayas hacia los cuatro países de la EFTA rondaban decenas de millones de dólares anuales. Lubetkin informó ahora que en 2025 Uruguay vendió aproximadamente US$ 54 millones, de los cuales unos US$ 48 millones correspondieron a carne bovina. El resto estuvo distribuido entre productos del mar, arroz, cítricos, vino, lana y otros rubros.
La relación económica no se limita a las exportaciones. Unas 45 empresas provenientes de países de la EFTA operan en Uruguay, 35 de ellas suizas, y generan alrededor de 2.500 empleos directos, según datos de Uruguay XXI difundidos por Presidencia. Suiza se encuentra además entre los países con una presencia relevante de inversión extranjera en Uruguay, especialmente en actividades financieras, farmacéuticas, alimentarias y energéticas.
El desafío pasa ahora por convertir acceso comercial en producción y trabajo
Uruguay avanzó rápidamente en su procedimiento interno. El Parlamento aprobó el acuerdo y el Poder Ejecutivo promulgó el 26 de junio la Ley 20.500, que incorporó al ordenamiento nacional el tratado firmado entre Mercosur y EFTA. La fórmula pactada permite que el convenio comience a funcionar bilateralmente a medida que cada país completa su ratificación: no es necesario esperar simultáneamente a los ocho estados.
Lubetkin estimó que el acuerdo comenzará a operar con Noruega e Islandia desde noviembre, mientras que el acceso con Suiza y Liechtenstein quedaría para 2027 debido a sus procedimientos internos. En Suiza, el Parlamento terminó aprobando el tratado después de un proceso con resistencias vinculadas al impacto sobre la agricultura, la deforestación y las garantías sociales. El proceso suizo todavía puede quedar sujeto a referéndum, por lo que la aprobación parlamentaria no debe confundirse con una entrada en vigor inmediata.
Para el gobierno uruguayo, la apertura comercial tiene como objetivo final ampliar las exportaciones y convertirlas en actividad económica interna. Lubetkin planteó que espera que los nuevos acuerdos contribuyan a aumentar el empleo, el crecimiento económico y reducir la pobreza. El acceso preferencial, sin embargo, no produce esos resultados de manera automática: el efecto dependerá de cuánto puedan utilizar los cupos los productores uruguayos, de la diversificación de las ventas y de que la expansión comercial se traduzca efectivamente en inversión, producción y puestos de trabajo dentro del país.
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