Quatroges

Trump rebautiza la inteligencia artificial y desafía su definición científica

El presidente estadounidense ordenó sustituir el término inteligencia artificial por «superinteligencia» en las comunicaciones oficiales y calificó de «enemigo» a quienes continúen utilizando la denominación tradicional. La decisión llega mientras los sistemas de IA avanzan en investigación, medicina y desarrollo tecnológico, aunque la superinteligencia, tal como la define la comunidad científica, continúa siendo una capacidad hipotética.

Una orden presidencial para cambiar el lenguaje tecnológico

Donald Trump decidió intervenir en uno de los conceptos más utilizados por la industria tecnológica mundial. El 8 de octubre publicó en su red Truth Social que la Casa Blanca considera «enemigo» a cualquiera que utilice la expresión inteligencia artificial en lugar de superinteligencia, una denominación que el mandatario presenta como más precisa para describir el desarrollo de estos sistemas.

La declaración llegó después de la firma de la orden ejecutiva 14434, fechada el 29 de septiembre, que obliga a los departamentos y agencias del Gobierno federal estadounidense a sustituir las expresiones Artificial Intelligence (AI) por Super Intelligence (SI) en comunicaciones públicas, sitios web, informes y documentos administrativos. La disposición no impone esa terminología a particulares ni a empresas privadas.

El argumento presidencial parte de que la palabra «artificial» transmite una imagen equivocada de tecnologías que ya son capaces de producir textos, desarrollar programas informáticos, analizar imágenes y contribuir a investigaciones científicas. Trump sostiene que sus capacidades actuales superan ampliamente lo que imaginaron los investigadores cuando comenzó a utilizarse el concepto de inteligencia artificial, hace aproximadamente siete décadas.

Sin embargo, la propia orden ejecutiva mantiene provisionalmente para la superinteligencia la definición legal estadounidense de inteligencia artificial. También concede un plazo de 60 días al asesor presidencial de Ciencia y Tecnología para presentar una propuesta que permita incorporar la nueva terminología a la legislación federal. La NASA comenzó a adaptar sus comunicaciones, aunque sigue utilizando como referencia la definición legal anterior.

La diferencia entre inteligencia artificial y superinteligencia

La distinción tiene importancia científica. La inteligencia artificial comprende un amplio conjunto de tecnologías capaces de realizar tareas que requieren procesamiento de información, reconocimiento de patrones, aprendizaje estadístico o razonamiento. Incluye desde sistemas de recomendaciones y reconocimiento de imágenes hasta modelos generativos capaces de producir textos, imágenes, videos y código informático.

La superinteligencia artificial, identificada habitualmente mediante las siglas ASI, describe algo considerablemente más avanzado: un sistema hipotético cuyas capacidades intelectuales generales superarían ampliamente las humanas en prácticamente todos los campos. El concepto se diferencia también de la inteligencia artificial general, conocida como AGI, que apunta a desarrollar sistemas con competencias amplias y flexibles comparables a las humanas.

Los avances recientes son significativos, especialmente en el análisis de grandes volúmenes de información, la investigación biomédica y el desarrollo de nuevas herramientas científicas. El informe AI Index 2026 de la Universidad de Stanford registró aproximadamente 80.150 publicaciones científicas relacionadas con inteligencia artificial durante 2025, un aumento del 26 % respecto al año anterior.

Ese mismo informe permite observar la distancia entre el rendimiento de las herramientas actuales y las capacidades generales que se atribuyen a una superinteligencia. En una evaluación de tareas de investigación científica, denominada PaperArena, el mejor agente de IA alcanzó una precisión del 38,8 %, frente al 83,5 % obtenido por investigadores con doctorado utilizados como referencia.

Las limitaciones aparecen también en la fiabilidad de las respuestas, la interpretación de información y la seguridad. Stanford documentó 362 incidentes relacionados con inteligencia artificial durante 2025, frente a 233 en 2024. La expansión de estas tecnologías está acompañada por problemas de verificación, errores de los modelos y dificultades para evaluar sus consecuencias en aplicaciones sensibles.

Una carrera tecnológica que va mucho más allá del nombre

La decisión de Trump también se inscribe en la competencia estratégica entre Estados Unidos y China por el desarrollo de modelos avanzados, semiconductores, infraestructura informática y capacidades de investigación. Washington considera el liderazgo en esta industria una prioridad económica y de seguridad nacional, mientras las grandes empresas tecnológicas destinan importantes recursos a ampliar la capacidad de sus sistemas.

Durante los contactos diplomáticos de septiembre, ambos gobiernos acordaron establecer un diálogo bilateral sobre superinteligencia para intercambiar información acerca de sus riesgos y beneficios. Según la Casa Blanca, el mecanismo incluye un canal de comunicación para incidentes y prevé un nuevo intercambio antes de finalizar noviembre.

El desarrollo de estas tecnologías ya influye en áreas concretas de la vida cotidiana. En medicina se investiga su aplicación para interpretar imágenes, estudiar moléculas y asistir en diagnósticos; en educación se emplean herramientas de aprendizaje personalizado; en la industria se extiende la automatización de procesos y en la investigación científica se utilizan modelos para formular hipótesis y procesar cantidades de información difíciles de manejar por métodos convencionales.

Esa expansión también plantea interrogantes sobre la protección de datos, el consumo energético de los centros de cómputo, la transformación del empleo, la concentración empresarial y la responsabilidad por las decisiones automatizadas. El debate tecnológico alcanza tanto a la potencia de los nuevos modelos como a las condiciones bajo las cuales pueden incorporarse a servicios públicos, empresas y actividades científicas.

En ese escenario, la denominación adoptada por Washington comienza a trasladarse a organismos federales y espacios diplomáticos, mientras la investigación científica continúa diferenciando las capacidades comprobadas de los sistemas actuales de aquellas que todavía pertenecen al campo de la superinteligencia teórica.


Compartir esta nota: Facebook X