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¿Quién se acuerda de Belastiquí?

Durante la crisis hídrica de 2023, el gobierno de Luis Lacalle Pou anunció una represa provisoria de US$ 500.000 en Paso Belastiquí como parte de la respuesta urgente para sostener el abastecimiento de agua en el área metropolitana. La obra fue presentada como señal de acción rápida, pero el sistema provisorio terminó dejando otra imagen: lluvias, diques dañados, explicaciones oficiales y una obra posterior de trasvase que empezó con un costo anunciado y terminó con un 150 % de sobrecostos.

La represa de los US$ 500.000 y el discurso contra el Frente Amplio

En mayo de 2023, con la crisis hídrica instalada en Montevideo y el área metropolitana, el gobierno anunció la construcción de un dique provisorio en Paso Belastiquí, sobre el río Santa Lucía. La obra fue presentada como una medida rápida para captar agua cuando subía la marea y evitar que, al bajar, esa agua se perdiera antes de ser utilizada por OSE en Aguas Corrientes.

El costo anunciado fue de US$ 500.000. La ubicación tampoco era menor: a unos diez kilómetros de la toma de agua de OSE en Aguas Corrientes, en el límite entre San José y Canelones. El mensaje oficial buscó transmitir control, rapidez y capacidad de respuesta.

Álvaro Delgado, entonces secretario de Presidencia y una de las principales voces del gobierno de Lacalle Pou, informó que las máquinas ya estaban trabajando y que la obra quedaría finalizada en pocos días. Pero no se quedó en el dato técnico. También aprovechó para cargar contra el Frente Amplio: “El Frente Amplio gobernó 15 años, si hubieran hecho lo que tenían que hacer, capaz que no estábamos viviendo esta situación”.

Esa frase resume buena parte del manejo político de la crisis. Mientras el país recibía agua con niveles excepcionales de sodio y cloruros, el gobierno intentaba correr el eje hacia atrás. La responsabilidad no era la falta de previsión durante su propia administración, ni la apuesta tardía a soluciones de emergencia, ni la demora en obras estructurales. La culpa, otra vez, era del Frente Amplio.

El problema es que la realidad fue más dura que el relato. Belastiquí no era una solución de fondo. Era un terraplén, una compuerta y una maniobra de emergencia para administrar el poco margen disponible.Pero el sistema siguió dependiendo de medidas contra reloj, lluvias esperadas, obras improvisadas y decisiones tomadas con la crisis ya encima.

El sistema provisorio que mostró su fragilidad

El dique de Campanario fue construido para retener agua dulce en el río San José y permitir su bombeo hacia la presa de Belastiquí, sobre el Santa Lucía. El 18 de julio de 2023, tras lluvias y aumento del caudal, se informó que el dique había tenido un colapso parcial o rotura. OSE respondió que no había colapso, que el dique principal seguía intacto y que lo abierto era un tramo lateral de menor altura, algo que la empresa presentó como funcionamiento previsto.

Ese tipo de explicación puede tener una parte técnica. Pero políticamente dejó una imagen difícil de borrar: el gobierno había pasado semanas hablando de control, previsión y tranquilidad, y una de las piezas del sistema de emergencia quedó dañada con las primeras lluvias fuertes.

La crisis hídrica dejó al descubierto algo más profundo: el área metropolitana dependía de una sola fuente principal y una sola planta de potabilización. El propio Ministerio de Economía reconoció luego que la sequía evidenció la baja resiliencia del sistema, el elevado nivel de agua potable no contabilizada, la falta de redundancia y la vulnerabilidad de la cuenca del Santa Lucía.

Del medio millón al trasvase millonario

Después de Belastiquí vino la obra mayor: el trasvase desde el río San José hacia el Santa Lucía. La promesa técnica era fuerte. La obra permitiría bombear agua desde Paso Valdez, en San José, hacia Paso Belastiquí, en Canelones, mediante 13,5 kilómetros de tubería. Según OSE, podía aportar hasta 200.000 metros cúbicos diarios de agua bruta dulce, un tercio del caudal medio diario anual de la usina de Aguas Corrientes.

El problema es el recorrido de los costos.

Primero se habló de una inversión de US$ 20 millones. Luego, a fines de julio de 2023, se informó que las obras del trasvase tendrían un costo total de US$ 35 millones y que, por tratarse de una emergencia, se adjudicaron de forma directa, sin licitación. Después, en la Rendición de Cuentas, el Ministerio de Economía informó que las obras de trasvase y la represa provisoria de Campanario implicaron una inversión de unos US$ 50 millones.

Entre el primer monto de US$ 20 millones y el dato posterior de US$ 50 millones hay US$ 30 millones de distancia. Es decir, el costo informado terminó siendo 150% superior al número inicial. Si se toma el salto de US$ 35 millones a US$ 50 millones, la diferencia es de US$ 15 millones adicionales.

Planilla de costos

ConceptoMonto informadoFuente del datoLectura política
Represa provisoria de BelastiquíUS$ 500.000Anuncio de mayo de 2023Obra de emergencia presentada como respuesta rápida
Trasvase San José–Santa Lucía, estimación inicialUS$ 20 millonesComunicación del gobierno / OSEPrimer número político-técnico de la obra mayor
Partidas detalladas del trasvase informadas por OSEUS$ 20,9 millones aprox.Paso Valdez, caños, piezas, bombasEl detalle ya superaba los US$ 20 millones redondos
Costo total informado en julio de 2023US$ 35 millonesObras adjudicadas directamente en emergenciaEl costo subió US$ 15 millones sobre el anuncio inicial
Trasvase + Campanario según MEFUnos US$ 50 millonesRendición de Cuentas 2023El número oficial posterior elevó el orden de magnitud

Comparación de aumentos

ComparaciónDiferenciaAumento
De US$ 20 millones a US$ 35 millonesUS$ 15 millones75%
De US$ 20 millones a US$ 50 millonesUS$ 30 millones150%
De US$ 35 millones a US$ 50 millonesUS$ 15 millones42,8%

Medio millón de dólares para una represa provisoria presentada como señal de control. Campanario fue la imagen incómoda del sistema que cedió con las lluvias. El trasvase fue el salto mayor: de US$ 20 millones anunciados a cifras posteriores de US$ 35 millones y hasta unos US$ 50 millones en documentos oficiales.

La crisis hídrica no dejó solamente agua salada en las canillas. Dejó una radiografía del modelo de gestión de la coalición: anuncios rápidos, obras de emergencia, costos crecientes, adjudicaciones directas y un relato político dedicado a culpar al pasado mientras el presente hacía agua.



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