La versión de que Manuel Adorni evalúa instalarse en Uruguay después de su salida del gobierno de Javier Milei vuelve a colocar a Punta del Este en una incómoda vidriera regional: la del balneario de lujo como refugio amable para figuras de la derecha argentina envueltas en causas judiciales, escándalos patrimoniales o pedidos de explicaciones públicas.
Adorni, Uruguay y la vieja costumbre de mirar hacia el este
Manuel Adorni, exvocero presidencial y exjefe de Gabinete de Javier Milei, habría deslizado ante su entorno que evalúa irse a vivir a Uruguay. La versión fue divulgada por Eduardo Feinmann en A24, a partir de información atribuida al periodista Mariano Roa. Según ese relato, Adorni estaría evaluando cruzar el charco por el desgaste político, judicial y social que atraviesa luego de dejar el gobierno argentino.
El dato no aparece en el vacío. Adorni renunció a la Jefatura de Gabinete en medio de una investigación por presunto enriquecimiento ilícito, con su patrimonio, sus gastos, sus declaraciones juradas y sus compras bajo análisis judicial. La causa es impulsada por el fiscal federal Gerardo Pollicita y tramita en el juzgado de Ariel Lijo.
En los últimos días, el expediente sumó testimonios de excolaboradores que declararon sobre compras millonarias, pagos en efectivo y uso de tarjetas de terceros. Entre los nombres que aparecieron está Gisela Kocsis, exsecretaria de Adorni, quien declaró sobre operaciones personales vinculadas al exfuncionario. También declararon otros funcionarios de confianza, en una línea de investigación que busca reconstruir el origen de fondos y gastos de alto valor.
La versión de la mudanza a Uruguay todavía no fue confirmada públicamente por Adorni. Pero el país elegido no sorprende. Uruguay ya había aparecido en el mapa de sus movimientos recientes: el viaje familiar a Punta del Este en avión privado durante Carnaval terminó convertido en una de las piezas centrales del escándalo. La Justicia argentina investiga si ese traslado pudo haber constituido una dádiva vinculada al periodista y empresario Marcelo Grandío, amigo de Adorni y con contratos relacionados con la TV Pública argentina.
La defensa de Adorni sostuvo que pagó la parte proporcional del viaje. Sin embargo, distintas declaraciones y documentos incorporados al caso pusieron esa explicación bajo discusión. La pregunta judicial es simple: quién pagó, por qué, con qué vínculo previo y si hubo beneficios cruzados.
La Trump Tower, los empresarios y el anfitrión blanco
La estadía de Adorni en Punta del Este tampoco habría sido solamente una escapada familiar. Durante ese viaje, participó de una reunión con empresarios en la Trump Tower de Punta del Este. El encuentro fue confirmado por Rolando Rozenblum, empresario, desarrollador inmobiliario y concejal de Punta del Este por el Partido Nacional.
Rozenblum admitió que Adorni habló durante unos cuarenta minutos o casi una hora ante un grupo de empresarios sobre la economía argentina, la situación política y el impacto del gobierno de Milei en Uruguay. Según su versión, se trató de una cena de camaradería, sin cobro de cubierto. Otros relatos periodísticos habían señalado que el encuentro pudo haber tenido carácter tarifado, con un eventual pago por asistente, extremo que el anfitrión negó.
Más allá de la discusión sobre si hubo pago o no, el dato político permanece: un alto funcionario del gobierno argentino, ya señalado por gastos y movimientos patrimoniales bajo investigación, viajó a Punta del Este, se alojó en el circuito de lujo, se movió de la mano de Grandío y terminó exponiendo ante empresarios en una reunión organizada por un dirigente local del Partido Nacional.
La postal es bastante más elocuente que cualquier comunicado. Punta del Este aparece otra vez como territorio de recepción, contacto y contención para figuras de la derecha regional. No como simple destino turístico, sino como zona de vínculos, negocios, amistades políticas y protección social de élite.
El caso Adorni todavía está abierto. No hay condena. No hay confirmación formal de mudanza. Pero el recorrido es suficientemente denso como para encender alertas: un funcionario que salió del gobierno en medio de sospechas patrimoniales, un viaje investigado, un amigo contratista, una reunión en la Trump Tower, empresarios, un dirigente blanco como anfitrión y ahora una versión sobre su eventual instalación en Uruguay.
Punta del Este no inventó el problema. Pero ofrece el decorado perfecto: lujo, bajo perfil, contactos correctos y una frontera cercana para quienes necesitan distancia sin perder comodidad.
Pepín Rodríguez Simón: el antecedente que no conviene olvidar
El nombre de Adorni trae inevitablemente otro antecedente: Fabián “Pepín” Rodríguez Simón, operador judicial del macrismo, exasesor de Mauricio Macri y prófugo de la Justicia argentina durante años, que también eligió Uruguay como refugio.
Rodríguez Simón llegó a Uruguay y pidió refugio político para evitar comparecer ante la Justicia argentina, que lo investigaba en una causa por presuntas maniobras de hostigamiento y presión contra empresarios del Grupo Indalo. Interpol llegó a emitir una alerta roja para su captura, mientras en Uruguay se tramitaban medidas judiciales, entrega de pasaportes, fijación de domicilio y cierre de fronteras.
El caso tuvo además un costado político uruguayo incómodo. Medios uruguayos y argentinos señalaron que Rodríguez Simón vivió en La Barra, en una casa llamada “La Colorada”, contigua o muy cercana a una propiedad de Julia Pou, madre del entonces presidente Luis Lacalle Pou. También se informó sobre vínculos estrechos con Pablo Iturralde, entonces presidente del Partido Nacional, quien fue señalado por dirigentes argentinos como protector político de Pepín en Uruguay.
Ese señalamiento nunca fue un detalle menor. Porque no se trataba de un turista más ni de un jubilado argentino buscando tranquilidad frente al mar. Se trataba de un operador político-judicial requerido por la Justicia de su país, instalado en Uruguay mientras se debatía su situación migratoria, judicial y diplomática.
Ahora, con Adorni, el patrón vuelve a insinuarse. Otra figura de la derecha argentina. Otra causa judicial. Otra relación con Punta del Este. Otro círculo de empresarios, operadores mediáticos y dirigentes blancos. Otra vez Uruguay como posible estación de resguardo.
Mientras en los discursos públicos se habla de república, transparencia, austeridad, libertad y respeto institucional, los itinerarios concretos muestran algo bastante más terrenal: cuando las causas avanzan, cuando la calle se vuelve hostil y cuando las explicaciones ya no alcanzan, algunos descubren que Punta del Este queda cerca.
