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Orsi ante la ONU: cuestionó el bloqueo a Cuba y el poder concentrado en “unos pocos países”

El presidente Yamandú Orsi sostuvo ante la Asamblea General de Naciones Unidas que Uruguay no puede permanecer indiferente ante el sufrimiento provocado por el bloqueo económico a Cuba. En un discurso que fue más allá de la isla, cuestionó la concentración de las decisiones internacionales en un reducido grupo de potencias, defendió el multilateralismo y reclamó que ningún pueblo quede sometido a modelos impuestos desde el exterior.

Cuba dentro de una misma vara para medir el sufrimiento

Yamandú Orsi llevó este jueves a la 81.ª Asamblea General de Naciones Unidas una definición explícita sobre Cuba. Al enumerar situaciones frente a las cuales la comunidad internacional no debería permanecer indiferente, mencionó las guerras prolongadas, los desplazamientos, la pobreza, el terrorismo, el crimen organizado y las tiranías, y colocó en ese mismo razonamiento el sufrimiento generado por el prolongado bloqueo económico que afecta a la población cubana.

La formulación no apareció aislada. El presidente había establecido previamente un principio: no debería existir una valoración diferente de las vidas humanas dependiendo de dónde estén ubicadas. Sostuvo que no puede haber una paz para unos y otra para otros y que el sufrimiento de una población no adquiere mayor o menor importancia según su ubicación geográfica. Desde esa construcción incorporó el caso cubano al discurso.

La posición tampoco constituye una ruptura reciente de Uruguay en Naciones Unidas. En octubre de 2024, todavía durante el gobierno de Luis Lacalle Pou, Uruguay votó a favor de la resolución de la Asamblea General que reclamó terminar con el embargo económico, comercial y financiero estadounidense sobre Cuba. En octubre de 2025, ya durante el gobierno de Orsi, volvió a hacerlo: aquella resolución obtuvo 165 votos favorables, siete contrarios y doce abstenciones.

“Nadie es más que nadie” llevado a las relaciones internacionales

Orsi trasladó después una expresión habitual de la cultura política uruguaya —“nadie es más que nadie”— al escenario internacional. Planteó que ninguna nación posee la verdad absoluta, que ningún país tiene el monopolio de las soluciones y que ninguna sociedad puede considerar universal su propia experiencia histórica. También defendió que los pueblos no deberían ser obligados a escoger entre modelos impuestos desde afuera.

Ese planteo desembocó en una crítica al funcionamiento del sistema multilateral. Orsi sostuvo que Naciones Unidas conserva plena vigencia, pero reclamó instituciones internacionales más eficaces y representativas, mecanismos de decisión actualizados y resoluciones que efectivamente sean respetadas. Fue entonces cuando advirtió que el mundo no puede continuar siendo rehén de la voluntad de “unos pocos países que se pueden contar con los dedos de una mano”.

Orsi no nombró en esa frase al Consejo de Seguridad ni a sus integrantes permanentes. El contexto, sin embargo, coincide con un debate estructural de Naciones Unidas: el Consejo tiene cinco miembros permanentes —China, Estados Unidos, Francia, Reino Unido y Rusia— con derecho de veto, además de diez miembros no permanentes. Un voto negativo de cualquiera de esos cinco puede impedir la aprobación de una decisión sustantiva del Consejo.

Un país pequeño que reclama espacio para incidir

El discurso buscó situar a Uruguay desde una posición particular: un Estado alejado de los principales centros de poder que, según Orsi, no debe asumir que su dimensión limita su capacidad de intervenir en los grandes debates internacionales. Desde allí defendió el diálogo, la cooperación, el derecho internacional, el respeto de las fronteras y la solución pacífica de las controversias como instrumentos para enfrentar un escenario mundial marcado por conflictos crecientes.

Esa concepción también atravesó su mirada sobre la economía y el desarrollo. Orsi sostuvo que el crecimiento económico, las nuevas tecnologías o la inteligencia artificial pierden sentido si no consiguen mejorar las condiciones concretas de vida. Mientras el mundo discute grandes transformaciones tecnológicas y económicas, señaló que millones de personas continúan enfrentando problemas elementales relacionados con alimentación, vivienda, empleo y seguridad.

El cierre volvió sobre la paz y el multilateralismo. Uruguay, aseguró, continuará apostando por el diálogo, la cooperación y el derecho internacional, y cuestionó el uso de la Asamblea General exclusivamente como tribuna de acusaciones entre Estados. La definición sobre Cuba quedó así inserta en un planteo más amplio: cuestionar los bloqueos, rechazar modelos impuestos desde el exterior y reclamar un sistema internacional donde el peso político de unos pocos Estados no determine por sí solo las posibilidades del resto.

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