Quatroges

Piden extirpar “casos aislados”, pero dejan ingresar a otros

Wilder Moisés Tort, segundo suplente de Carlos Roberto Argenzio por la lista 93 del Partido Nacional en la Junta Departamental de Cerro Largo, podría volver a ocupar la banca una vez cumplida su condena. El regreso de Tort no sería meramente simbólico. Si vuelve a ocupar la banca como suplente, tendrá en sus manos un voto dentro de la Junta Departamental: una mano que se levanta a favor o en contra cuando el cuerpo adopta decisiones. La cuestión, por tanto, trasciende su derecho a reconstruir su vida luego de cumplir una condena. La pregunta política es por qué, después de una condena por un delito vinculado al suministro de estupefacientes, el sector que lo llevó en su lista mantiene abierta la puerta para que vuelva a ejercer poder institucional.

Y la interrogante se vuelve todavía más evidente si no existe detrás de Tort un liderazgo, una corriente o una representación política propia que explique su regreso. No hay elementos para afirmar cuál sería la intención del sector al mantenerlo dentro de la línea de suplencias, pero el efecto concreto sí puede establecerse: cada vez que ocupe la banca tendrá voz y, sobre todo, tendrá voto.

Una condena y una puerta que vuelve a abrirse

Wilder Moisés Tort fue electo como segundo suplente de Carlos Roberto Argenzio por la lista 93 del Partido Nacional en Cerro Largo. Su nombre integra formalmente la línea de suplencias surgida de las elecciones departamentales de 2025, dentro de una Junta donde el Partido Nacional mantiene una amplísima mayoría. La propia Junta Departamental identifica actualmente a Argenzio como edil del Partido Nacional.

En noviembre de 2025, Tort fue condenado a nueve meses de prisión efectiva por suministro de estupefacientes en la modalidad de acto preparatorio. Ahora, el asunto regresó a la discusión pública después de que Argenzio, titular de la banca, explicara en una entrevista en vivo en Tiempo de Todos, de La Voz de Melo, que Tort puede volver a ocupar su lugar en la Junta Departamental una vez que se encuentre habilitado para hacerlo.

Eso convierte el caso en algo bastante más profundo que la situación personal de un dirigente local. Tort no estaría regresando simplemente a una agrupación política, a un comité o a una actividad militante. Volvería a una banca desde la cual se controla al gobierno departamental, se discuten decretos, se adoptan resoluciones y se votan decisiones que afectan directamente a los habitantes de Cerro Largo. Su presencia tendría consecuencias institucionales concretas.

La ley puede habilitarlo; la política tiene que explicarlo

Desde el punto de vista jurídico existe una explicación breve. El artículo 80 de la Constitución establece que la ciudadanía se suspende por una sentencia que imponga prisión, penitenciaría o inhabilitación para ejercer derechos políticos durante el tiempo de la condena. Terminada esa situación, esa causal de suspensión deja de operar.

Ese aspecto jurídico, sin embargo, no agota la discusión. Una cosa es que una persona que cumplió una condena recupere plenamente sus derechos ciudadanos y pueda reconstruir su vida. Otra es la decisión estrictamente política de mantenerle abierta la posibilidad de ejercer nuevamente representación institucional en nombre de una lista partidaria.

Porque nadie discute aquí el derecho a la reinserción. Lo que está sobre la mesa es otra cosa: la representación política no constituye una condición necesaria para reinsertarse en la sociedad. Una banca departamental supone poder público, capacidad de contralor y un voto que puede resultar necesario para aprobar o rechazar decisiones. Ese es el punto que la explicación meramente legal no resuelve.

El problema de los “casos aislados”

El debate adquiere otra dimensión cuando se lo coloca frente al discurso que el Partido Nacional ha sostenido públicamente cada vez que aparecen dirigentes vinculados a delitos graves. Se habla entonces de combatir la penetración del narcotráfico en la política, de apartar responsabilidades y, repetidamente, de episodios individuales que no deberían proyectarse sobre toda una organización.

Pero cuando uno de esos episodios termina en una condena y la estructura política que lo llevó en su lista conserva abierta la posibilidad de devolverle capacidad de decisión institucional, la discusión cambia. Ya no se trata únicamente de quién cometió el delito. También entra en juego qué hace después el sistema político con esa persona y qué estándares establece para quienes ejercen representación pública.

El regreso de Tort tendría además una consecuencia sencilla de entender: cuando ocupe la banca, su voto contará exactamente como el de los demás integrantes del cuerpo. Por eso la pregunta queda planteada en términos políticos, no penales. Si el Partido Nacional sostiene que los vínculos entre política y narcotráfico deben ser extirpados, deberá explicar dónde coloca la frontera cuando una persona condenada por suministro de estupefacientes queda nuevamente en condiciones de levantar la mano y decidir desde una banca obtenida bajo su lema.

La ley determina cuándo una persona recupera sus derechos. La política determina a quién vuelve a entregar representación y poder.

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