Mientras Brasil mantiene rebajada su representación diplomática en Argentina y reclama que cesen las agresiones, Javier Milei volvió a cargar contra Luiz Inácio Lula da Silva. Esta vez amplificó en sus redes los ataques del congresista republicano estadounidense Carlos Giménez, quien calificó al presidente brasileño de “delincuente” y “puerco” y lo vinculó con gobiernos de izquierda latinoamericanos.
Milei encontró en Washington nuevas voces para atacar a Lula
Carlos Antonio Giménez es representante republicano por Florida, nació en Cuba y forma parte de la conducción partidaria en el Congreso estadounidense. Integra las comisiones de Servicios Armados y Seguridad Nacional y mantiene un fuerte alineamiento político con Donald Trump. Tras la asunción del mandatario estadounidense en 2025 celebró públicamente su agenda y se comprometió a trabajar junto a su administración.
El congresista publicó un video de Lula criticando al secretario de Estado estadounidense Marco Rubio y respondió con una catarata de acusaciones. En otra publicación sostuvo que Lula era un “criminal comunista corrupto” y reclamó que rindiera cuentas. Milei amplificó esos mensajes desde sus propias redes e incluso acompañó uno de ellos con un irónico “Ups”.
El video utilizado por Giménez tampoco surgió ahora. Lula había cuestionado a Rubio en junio, en medio de las tensiones entre Brasil y Estados Unidos por los aranceles impulsados desde Washington. El brasileño había definido al secretario de Estado como un “latinoamericano frustrado” y cuestionado la política estadounidense hacia Cuba, Colombia y Brasil.
Hay además un dato que la ofensiva discursiva omite: las condenas de Lula utilizadas para presentarlo actualmente como un “convicto” fueron anuladas por el Supremo Tribunal Federal de Brasil en 2021, que determinó que el juzgado federal de Curitiba carecía de competencia para juzgar aquellas causas. Ese mismo año, el STF confirmó que el entonces juez Sergio Moro había actuado con parcialidad en el proceso del triplex.
Brasil ya retiró a su embajador por los ataques de Milei
La nueva provocación llega después de semanas de deterioro diplomático provocado por el propio presidente argentino.
El 25 de julio Milei viajó a São Paulo para participar en un acto político de la derecha brasileña y apoyar la candidatura presidencial de Flávio Bolsonaro. En territorio brasileño volvió a atacar a Lula y también al juez del Supremo Tribunal Federal Alexandre de Moraes.
La reacción de Itamaraty fue extraordinariamente dura. Brasil convocó al embajador argentino Daniel Raimondi y llamó a consultas a su representante en Buenos Aires, Julio Bitelli. La Cancillería brasileña afirmó oficialmente que no existían precedentes de un presidente extranjero que, estando en Brasil, acumulara agresiones contra el jefe de Estado, las instituciones democráticas y el pueblo brasileño.
Milei no rectificó. Volvió a llamar a Lula “ladrón”, “presidiario” y “corrupto”. El 5 de agosto Brasil decidió que Bitelli no regresara a Buenos Aires y rebajó el vínculo diplomático al nivel de encargado de negocios. Se trata de una de las crisis más profundas de la relación bilateral desde la recuperación democrática.
El canciller brasileño Mauro Vieira planteó posteriormente una condición elemental para comenzar a recomponer la relación: que terminen las agresiones. La respuesta política de Milei fue volver a difundir ataques contra Lula provenientes esta vez de un dirigente republicano estadounidense.
Alineamiento con Trump por encima de la integración regional
La escalada tiene una dimensión que supera la pelea personal entre presidentes. Milei viene construyendo su política exterior alrededor de una identificación cada vez mayor con Donald Trump y con las derechas latinoamericanas, mientras confronta abiertamente con gobiernos progresistas de la región.
Brasil, sin embargo, no es un país marginal para Argentina. Es su principal socio económico regional y en 2025 volvió a ser el principal destino de las exportaciones argentinas. Las dos economías constituyen además el núcleo político, industrial y comercial del Mercosur.
La política exterior argentina queda así atravesada por una paradoja: mientras la economía necesita preservar uno de los vínculos estratégicos más importantes de Sudamérica, el presidente utiliza su exposición pública para alimentar una disputa ideológica e incluso importar desde Washington los insultos dirigidos contra el mandatario brasileño.
Brasil respondió hasta ahora por la vía diplomática: primero convocó al embajador argentino, después retiró al suyo y finalmente redujo el nivel de representación.
Milei respondió redoblando la apuesta.
Y esta vez eligió hacerlo reproduciendo las palabras de un congresista estadounidense identificado con Trump contra el presidente democráticamente electo del principal vecino y socio económico de Argentina.
Una política exterior que parece mirar cada vez más hacia Washington mientras incendia los puentes con Sudamérica.
