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Milei pone de vocero al economista que llamó “imbécil total”

Javier Milei prometía no hacer negocios con “comunistas” y terminó acercándose a China por necesidad económica. Ahora, con Manuel Adorni corrido del atril presidencial por el escándalo que golpea al Gobierno, eligió como nuevo vocero a Adrián Ravier: el economista al que años atrás trató de “imbécil total”, “chanta” y “pésimo economista”.

Del insulto al atril presidencial

El gobierno argentino confirmó la designación de Adrián Ravier como nuevo vocero presidencial, en reemplazo de Manuel Adorni en esa función. La decisión llega en un momento delicado para la Casa Rosada: Adorni deja el rol de portavoz mientras enfrenta cuestionamientos por su situación patrimonial, aunque continúa como jefe de Gabinete.

Ravier no es un recién llegado al mundo libertario. Es economista, diputado nacional por La Pampa, referente provincial de La Libertad Avanza y parte del universo ideológico que rodea a Milei. Pero su nombramiento deja expuesta una contradicción política difícil de disimular: el presidente eligió como voz oficial de su gobierno a alguien a quien había descalificado públicamente con una dureza extrema.

Años anteriores, Milei lo trató de “imbécil total”, “chanta” y “pésimo economista”. También lo acusó de hablar de Keynes sin haberlo leído y de equivocarse en sus análisis. Ocho años después, ese mismo dirigente será el encargado de defender la gestión presidencial frente a los medios.

China, el swap y el pragmatismo que Milei negaba

La designación de Ravier se suma a otras contradicciones del propio Milei. Durante la campaña, el actual presidente argentino decía que no haría negocios con China ni con “ningún comunista”. Ya en el gobierno, ese discurso quedó relativizado por la realidad económica: Argentina mantuvo el vínculo con China, avanzó en canales de cooperación y el swap de monedas siguió siendo una pieza sensible para las reservas del Banco Central.

El caso Ravier funciona como otra muestra de ese giro. Milei construyó parte de su carrera pública a partir de una lógica de pureza ideológica: contra “la casta”, contra los “comunistas”, contra los “chorros”, contra los economistas que no pensaban como él. Pero una vez en el poder, muchas de esas fronteras quedaron corridas.

El gobierno que prometía coherencia terminó administrando contradicciones. El presidente que insultaba a Ravier ahora lo necesita como vocero. El candidato que rechazaba tratar con China terminó condicionado por la relación comercial y financiera con Beijing. El dirigente que decía venir a terminar con los privilegios enfrenta ahora cuestionamientos patrimoniales en su propio gabinete.

El archivo económico de Ravier también incomoda

Ravier también arrastra un archivo propio. En un ranking sobre el desempeño económico de los gobiernos argentinos desde el regreso de la democracia, ubicó a la gestión de Néstor Kirchner por encima del segundo mandato de Carlos Menem. Aunque lo hizo desde una mirada liberal y con fuertes críticas al kirchnerismo, reconoció que entre 2003 y 2007 hubo recuperación económica, caída del desempleo y salida de una situación social extrema heredada de la crisis.

Ese matiz choca con el relato actual de la Casa Rosada, que suele reducir al kirchnerismo a una explicación única de todos los males argentinos. El nuevo vocero no fue kirchnerista, pero su propio análisis económico anterior resulta más complejo que la propaganda diaria del oficialismo.

A eso se suman otros puntos sensibles. Ravier fue director académico de la Fundación Faro, el think tank libertario vinculado a Agustín Laje, que quedó bajo la lupa por ingresos millonarios y donaciones cuyo origen fue requerido por la Inspección General de Justicia. También se desempeña como docente en la Universidad Nacional de La Pampa, mientras respaldó posiciones alineadas con el ajuste universitario impulsado por el gobierno de Milei.

Su declaración jurada agregó otro foco de atención: antes de asumir como diputado, declaró la compra de un departamento en Barrio Norte por más de 172 millones de pesos. En un gobierno atravesado por denuncias, sospechas patrimoniales y discursos de austeridad, cada dato de ese tipo adquiere peso político.

Milei buscó sacar a Adorni del centro de la exposición pública y reemplazarlo por una figura con formación económica y fidelidad ideológica. Pero el movimiento abre otro frente: el nuevo vocero llega al atril con el archivo de los insultos presidenciales, su vínculo con Fundación Faro, su paso por la universidad pública y una declaración patrimonial que ya empezó a ser revisada en medios argentinos.


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