El Mercosur e India lanzaron formalmente las negociaciones para ampliar un acuerdo comercial que rige desde 2009 y que hoy cubre apenas unos 450 productos de cada lado. Uruguay, al frente de la presidencia pro tempore del bloque, quedó en el centro de una negociación con un país de unos 1.450 millones de habitantes. Los números muestran la oportunidad y también el desafío: en 2025 Uruguay exportó a India US$ 89,2 millones e importó US$ 190,9 millones, mientras buena parte de lo que vende continúa concentrado en materias primas. Ampliar mercados importa; conseguir que esa apertura genere producción, valor agregado y trabajo en Uruguay importa todavía más.
Un acuerdo de 2009 que quedó demasiado chico
El canciller Mario Lubetkin y el ministro de Comercio e Industria de India, Piyush Goyal, anunciaron este 14 de setiembre en Nueva Delhi el lanzamiento formal de las negociaciones para ampliar el Acuerdo de Comercio Preferencial entre India y el Mercosur. Uruguay realizó el anuncio en ejercicio de la presidencia pro tempore del bloque regional y las dos partes comenzaron a definir los Términos de Referencia que establecerán el alcance y la estructura de la futura negociación. Esto significa que el proceso ya fue políticamente abierto, aunque todavía no existe una lista definitiva de los productos, sectores y disciplinas que quedarán incluidos.
El punto de partida es un instrumento que tiene más de dos décadas. El acuerdo preferencial fue firmado en 2004 y entró en vigor el 1.º de junio de 2009 como una primera etapa hacia una relación económica más profunda. Su alcance resulta pequeño frente al tamaño de las dos economías: India ofrece preferencias sobre 450 códigos arancelarios y el Mercosur sobre 452. Las reducciones previstas son del 10%, 20% o 100% dependiendo del producto. No se trata, por lo tanto, de un tratado de libre comercio generalizado, sino de un conjunto limitado de mercancías beneficiadas dentro de universos comerciales muchísimo más grandes.
La ampliación viene preparándose desde antes de que Uruguay asumiera la presidencia del Mercosur. En 2025 India y Brasil acordaron impulsar una profundización sustancial del acuerdo, incluyendo no solamente aranceles sino obstáculos no arancelarios y otras áreas vinculadas al comercio. Los presidentes del Mercosur ratificaron en junio de 2026 el objetivo de aumentar la cobertura arancelaria, dinamizar el intercambio y obtener nuevos accesos a mercados. El movimiento adquirió ahora una dimensión concreta bajo la conducción uruguaya: India y Mercosur comerciaron US$ 20.840 millones durante 2025, un volumen que deja en evidencia la distancia existente entre el limitado acuerdo vigente y la relación económica que las partes ya mantienen.
Para Uruguay, un mercado enorme y una relación todavía desequilibrada
India representa una escala difícil de dimensionar desde Uruguay. Tiene alrededor de 1.450 millones de habitantes, una economía de varios billones de dólares y un mercado interno que combina crecimiento demográfico, urbanización, expansión de las clases medias, una poderosa industria farmacéutica, desarrollo tecnológico y una demanda creciente de alimentos, energía e insumos. El gobierno uruguayo viene intentando transformar esa dimensión en una relación más estable. En julio de 2025 Yamandú Orsi y Narendra Modi se reunieron durante la cumbre de los BRICS en Brasil y abordaron comercio, inversiones, tecnologías digitales, salud, farmacéutica, agricultura y energía. El 7 de setiembre de 2026 India instaló además por primera vez una embajada residente en Montevideo.
Los números uruguayos muestran, sin embargo, que existe todavía un enorme camino por recorrer. En 2025 Uruguay exportó bienes a India por US$ 89,18 millones, mientras las importaciones provenientes de ese país alcanzaron US$ 190,90 millones. Entre enero y agosto de 2026 las ventas uruguayas sumaron US$ 65,94 millones y las compras US$ 117,41 millones. El déficit comercial no constituye por sí mismo una señal negativa —Uruguay también necesita importar bienes, insumos y tecnología—, pero demuestra que la apertura del mercado indio tendrá que traducirse en nuevas posibilidades para nuestra producción si se pretende construir una relación más equilibrada.
Hay además una diferencia importante en la composición del intercambio. En 2024, cerca del 79% de las exportaciones uruguayas hacia India correspondió a madera y productos de madera, fundamentalmente madera sin una elevada transformación industrial. La cebada sin procesar representó aproximadamente otro 9%, mientras lana y tejidos ocuparon alrededor del 4%. Desde India, en cambio, Uruguay adquirió una matriz mucho más diversificada, con combustibles minerales, vehículos y autopartes, productos químicos, maquinaria, equipamiento y textiles. El desafío para Uruguay aparece allí con claridad: ingresar en un mercado de 1.450 millones de personas puede representar una oportunidad extraordinaria, pero si el intercambio consiste en vender materias primas y comprar bienes industriales, la ampliación comercial por sí sola no modifica la estructura productiva.
Abrir mercados sí, pero para producir más y no solamente exportar más
Las barreras actuales explican parte del potencial. En 2023 los productos uruguayos que ingresaron a India pagaron aproximadamente US$ 3,9 millones en aranceles, y alrededor de US$ 3,25 millones correspondieron solamente a madera y derivados. India mantiene una protección considerable en diversos sectores y particularmente en alimentos: detrás de un arancel promedio elevado existen productos agrícolas sometidos a tasas mucho mayores. Para Uruguay, conseguir condiciones preferenciales para alimentos, lana, cuero, madera procesada, productos químicos y otros sectores podría generar una diferencia concreta frente a competidores que actualmente ingresan en mejores condiciones.
Pero la negociación también tendrá una contraparte. India busca ampliar el acceso de sus propios productos al Mercosur y ha señalado expresamente sectores como el farmacéutico, además de reclamar procedimientos regulatorios y sanitarios más ágiles. Su capacidad industrial es incomparablemente superior a la uruguaya en numerosos rubros. Una negociación equilibrada deberá permitir el acceso a medicamentos, tecnología, maquinaria e inversiones en condiciones favorables sin colocar a sectores productivos locales frente a una apertura imposible de absorber. Los aranceles no son la única discusión: reglas de origen, normas sanitarias, certificaciones, compras, inversiones y requisitos técnicos pueden ser tan determinantes como el porcentaje que se cobra en una aduana.
Para Uruguay existe además una oportunidad política. Diversificar mercados reduce dependencias y aumenta los márgenes de decisión de una economía pequeña. Profundizar la relación con India, China, los países del Mercosur y otras economías emergentes permite ampliar una política exterior que no quede subordinada a un único centro económico mundial. Esa construcción Sur-Sur adquiere mayor importancia en un escenario de guerras comerciales, sanciones, proteccionismo y creciente disputa entre potencias. Pero el objetivo no puede medirse únicamente en toneladas exportadas. El verdadero resultado deberá evaluarse en cuánto valor se agrega dentro de Uruguay, cuántos puestos de trabajo genera, cuánto conocimiento se incorpora, qué posibilidades abre para pequeñas y medianas empresas y cuánto fortalece la capacidad soberana del país para decidir su propio desarrollo. El mercado indio es enorme. Convertir esa escala en desarrollo uruguayo será el verdadero desafío de la negociación.
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