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Meloni cambia las reglas a un año de las elecciones: la Cámara aprueba una reforma que puede asegurarle la mayoría

La iniciativa elimina los distritos donde cada banca se define por mayoría directa, mantiene listas cerradas y concede hasta 70 diputados y 35 senadores adicionales al bloque que supere el 42% de los votos. La oposición denuncia que el gobierno pretende convertir una ventaja electoral mínima en una mayoría parlamentaria estable.

La Cámara de Diputados de Italia aprobó este jueves la reforma electoral impulsada por el gobierno de Giorgia Meloni, después de dos jornadas marcadas por protestas opositoras y una rebelión dentro de la propia coalición oficialista.

El proyecto recibió 217 votos favorables, 152 contrarios y dos abstenciones en una votación secreta. Ahora deberá ser considerado por el Senado, donde el gobierno pretende aprobarlo después del receso parlamentario y completar el trámite antes de las elecciones generales previstas para 2027.

La iniciativa modifica de manera profunda el sistema utilizado en las elecciones de 2018 y 2022. El gobierno presenta el cambio como una herramienta para asegurar estabilidad, pero la oposición sostiene que Meloni intenta rediseñar las reglas electorales en función de las necesidades actuales de su coalición.

Un sistema proporcional con premio para el bloque ganador

Italia utiliza actualmente el denominado Rosatellum, un sistema mixto en el que aproximadamente un tercio de los parlamentarios es elegido en distritos uninominales. En esas circunscripciones obtiene la banca el candidato que recibe más votos, mientras que el resto de los escaños se distribuye proporcionalmente entre los partidos.

La nueva ley elimina todos los distritos uninominales y transforma el sistema en uno completamente proporcional. Sin embargo, incorpora un fuerte premio para la lista o coalición que alcance al menos el 42% de los votos y sea la más votada tanto en la Cámara de Diputados como en el Senado.

El bloque que cumpla esas condiciones recibirá 70 bancas adicionales en la Cámara, integrada por 400 diputados, y 35 en el Senado, compuesto por 200 miembros. El total quedará limitado a un máximo de 220 diputados y 113 senadores.

La reforma permitiría que una coalición apoyada por poco más de cuatro de cada diez votantes obtenga aproximadamente el 55% de las bancas parlamentarias. En los hechos, una diferencia reducida de votos podría transformarse en una mayoría suficiente para gobernar sin necesidad de negociar acuerdos posteriores.

El premio no se aplicará si ninguna fuerza alcanza el 42% o si una coalición gana en la Cámara y otra diferente se impone en el Senado. En cualquiera de esos escenarios, las bancas se repartirán mediante un sistema proporcional puro.

Las barreras para ingresar al Parlamento permanecerán en 10% para las coaliciones y 3% para cada partido. También se incorpora un mecanismo que permite recuperar a la lista más votada dentro de una coalición aunque no alcance individualmente el mínimo exigido.

Por qué la reforma puede favorecer a Meloni

El cambio electoral comenzó a tomar fuerza cuando los estudios de opinión mostraron que una oposición unificada podía disputar seriamente el gobierno en 2027.

En las elecciones de 2022, la coalición encabezada por Meloni obtuvo alrededor del 44% de los votos, pero conquistó más del 80% de los distritos uninominales porque el Partido Democrático y el Movimiento Cinco Estrellas compitieron separados. Esa ventaja le permitió alcanzar 237 diputados y 115 senadores y formar una mayoría amplia en ambas cámaras.

El escenario actual es distinto. El Partido Democrático, el Movimiento Cinco Estrellas y otras fuerzas progresistas trabajan en la construcción de un frente común. Las simulaciones muestran que esa alianza sería particularmente competitiva en los distritos uninominales del sur de Italia, donde el Movimiento Cinco Estrellas conserva una importante base electoral.

Una proyección realizada en febrero estimó que, con el Rosatellum, ningún bloque alcanzaría por sí solo la mayoría. La centroderecha obtendría 186 diputados y 96 senadores, mientras el campo progresista llegaría a 192 diputados y 95 senadores.

Aplicando la reforma promovida por Meloni sobre el mismo escenario electoral, la centroderecha pasaría a tener 228 diputados y 113 senadores, aproximadamente el 57% de las bancas. La oposición quedaría reducida a 147 diputados y 76 senadores.

La diferencia no surgiría de un crecimiento del apoyo popular, sino del premio parlamentario. Una ventaja de pocos puntos se convertiría automáticamente en una mayoría suficiente para controlar el gobierno y aprobar leyes sin depender de otras fuerzas.

Por eso, la eliminación de los distritos uninominales no es un cambio neutro. Reduce el espacio en el que una alianza progresista podría aprovechar su implantación territorial en el sur y traslada la competencia hacia un cálculo nacional que concede todas las bancas adicionales al bloque que llegue primero y supere el 42%.

La reforma, de todos modos, también representa un riesgo para Meloni. El premio no está reservado a la derecha y beneficiará a cualquier coalición que obtenga la mayor votación. Una simulación realizada en mayo mostró que una ventaja progresista de apenas 0,1 puntos podía entregarle 70 diputados adicionales.

A esto se suma la aparición de Futuro Nazionale, el partido de extrema derecha encabezado por el exgeneral Roberto Vannacci. La fuerza supera el 6% en algunas mediciones y llegó a ubicarse por encima de la Liga, uno de los socios tradicionales de Meloni.

Si Vannacci integra la coalición de derecha, puede contribuir a que el bloque supere el 42% y obtenga el premio. Pero si decide presentarse por separado, podría dividir el voto ultraderechista y permitir que el campo progresista quede primero. La ubicación de Futuro Nazionale puede terminar siendo tan decisiva como la propia ley electoral.

El gobierno sostiene que la reforma busca evitar parlamentos fragmentados y garantizar estabilidad. El argumento genera cuestionamientos porque Meloni ya dirige uno de los gobiernos más duraderos de la historia republicana italiana y se encamina a convertirse en septiembre en la primera ministra con mayor permanencia desde el final de la Segunda Guerra Mundial.

Listas cerradas, rebelión oficialista y dudas constitucionales

El texto aprobado mantiene listas cerradas en circunscripciones plurinominales. Los electores votarán por un partido o coalición, pero no podrán decidir libremente qué candidatos de esa lista ocuparán las bancas.

Los nombres y el orden serán definidos previamente por las direcciones partidarias. Además, las bancas correspondientes al premio de mayoría serán distribuidas mediante listas especiales confeccionadas en cada circunscripción.

Hermanos de Italia intentó introducir un mecanismo parcial de preferencias. La propuesta establecía listas de siete candidatos, mantenía bloqueado el primer puesto y permitía seleccionar hasta tres nombres entre los restantes.

La enmienda fue rechazada por 188 votos contra 187 durante una votación secreta. El resultado mostró que varios legisladores de la coalición formada por Hermanos de Italia, la Liga y Forza Italia votaron contra la propuesta acordada por sus propias direcciones.

La derrota provocó una crisis interna y pedidos de renuncia desde la oposición. Sin embargo, el gobierno decidió continuar y logró aprobar primero el artículo central de la reforma y luego el proyecto completo.

La caída de la enmienda también dejó pendiente la discusión sobre la representación de género. El mecanismo propuesto establecía una alternancia limitada entre hombres y mujeres, pero permitía que los primeros lugares fueran ocupados por personas del mismo género. La oposición reclamó que la alternancia comenzara desde la cabeza de cada lista.

Otro punto polémico obliga a cada partido o coalición a presentar, junto con su programa electoral, el nombre de la persona que propondrá al presidente de la República para ocupar el cargo de primera ministra. Una lista que no incluya esa identificación podrá ser rechazada.

La disposición no convierte jurídicamente al jefe de gobierno en un cargo elegido directamente, porque la Constitución italiana continúa otorgando al presidente de la República la facultad de designarlo. Sin embargo, la oposición considera que el gobierno intenta introducir por ley electoral una forma indirecta de “premierato” sin modificar previamente la Constitución.

La iniciativa incluye además algunos cambios destinados a ampliar derechos electorales. Los ciudadanos que se encuentren temporalmente lejos de su municipio por razones de estudio, trabajo o tratamiento médico podrán inscribirse en un registro y votar en el lugar donde estén domiciliados.

También modifica el sistema de representación de los italianos residentes en el exterior. Las cuatro áreas internacionales utilizadas para elegir diputados serán reducidas a dos —Europa y fuera de la Unión Europea—, mientras que para el Senado se utilizará una única circunscripción mundial.

La constitucionalidad del sistema podría convertirse en otro foco de conflicto. En 2014, la Corte Constitucional italiana anuló un premio de mayoría que alteraba de forma desproporcionada la representación parlamentaria y cuestionó las listas completamente bloqueadas. En 2017 volvió a pronunciarse sobre los límites que deben respetar estos mecanismos.

El umbral del 42% y los topes de 220 diputados y 113 senadores parecen orientados a responder a esos antecedentes. No obstante, especialistas han advertido que la combinación de un premio elevado con listas bloqueadas en dos niveles podría terminar nuevamente ante la Corte Constitucional.

La reforma todavía no está vigente. El Senado deberá aprobar el mismo texto y, en caso de introducir modificaciones, el proyecto volverá a la Cámara de Diputados. La coalición de Meloni pretende completar el proceso después del receso parlamentario y llegar a las elecciones de 2027 con las nuevas reglas.


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