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Megaconstelaciones de satélites: el hollín espacial ya enciende alertas climáticas

Un estudio liderado por University College London advierte que la contaminación generada por lanzamientos masivos y reingresos de satélites se acumula en la atmósfera superior. El carbono negro emitido por cohetes puede alterar el clima con una potencia muy superior a la del hollín producido cerca de la superficie terrestre.

La nueva contaminación de la carrera espacial privada

La expansión de las megaconstelaciones de satélites abrió una nueva frontera tecnológica, pero también una nueva fuente de contaminación atmosférica. Desde 2019, el lanzamiento masivo de satélites de comunicación multiplicó la actividad espacial comercial y colocó miles de objetos en órbita baja.

Un equipo de investigadores del University College London publicó en la revista Earth’s Future un análisis sobre los contaminantes producidos por lanzamientos de cohetes, cuerpos de cohetes descartados y satélites fuera de uso que regresan a la Tierra.

El dato central es preocupante: las megaconstelaciones aportaban cerca del 35% del impacto climático total del sector espacial en 2020, y podrían llegar al 42% hacia 2029 si continúa la tendencia actual.

El problema no está solamente en la cantidad de lanzamientos. También importa el lugar donde queda la contaminación. El carbono negro, conocido como hollín, se libera en capas altas de la atmósfera, donde permanece mucho más tiempo que el hollín producido por autos, industrias o centrales eléctricas en la superficie.

Hollín en altura y efecto climático multiplicado

Los cohetes Falcon 9, utilizados de forma masiva para desplegar satélites Starlink, emplean combustible a base de queroseno. Ese tipo de combustión libera partículas de hollín en la atmósfera superior durante el lanzamiento.

La diferencia con otras fuentes terrestres es clave. En las capas bajas de la atmósfera, la lluvia y los sistemas meteorológicos ayudan a remover buena parte de esas partículas. En altura, la circulación es más lenta y el contaminante puede permanecer durante años.

Según el estudio, el hollín liberado por estos lanzamientos puede ser unas 540 veces más eficaz para alterar el clima que el hollín emitido cerca de la superficie terrestre. La cifra no significa que el sector espacial contamine más que el transporte o la industria en volumen total, sino que cada partícula emitida en altura tiene un efecto mucho más intenso.

Los investigadores también advierten que la acumulación de esta contaminación reduce la cantidad de luz solar que llega a la superficie. Ese fenómeno se parece, en pequeña escala, a ciertas propuestas de geoingeniería solar, basadas en inyectar partículas en la atmósfera para reflejar radiación. Pero el eventual enfriamiento sería mínimo frente al calentamiento global previsto y, además, se produciría sin regulación específica ni control democrático.

Una actividad global con reglas todavía débiles

La industria espacial se presenta muchas veces como símbolo de innovación, conectividad y futuro. Sin embargo, el crecimiento de las megaconstelaciones muestra una tensión cada vez más evidente: los beneficios privados avanzan más rápido que las normas ambientales.

El estudio también examinó los posibles efectos sobre la capa de ozono. Los lanzamientos pueden liberar sustancias químicas capaces de degradarla, y las reentradas de satélites y restos de cohetes generan partículas metálicas que pueden modificar la química atmosférica.

Por ahora, el impacto estimado sobre el ozono aparece como bajo frente a otros contaminantes históricos regulados por el Protocolo de Montreal. El punto de alerta es la velocidad del crecimiento. Los propios investigadores señalan que sus proyecciones podrían quedar cortas, porque se basaron en datos de 2020 a 2022 y la cantidad de lanzamientos entre 2023 y 2025 ya superó esas tendencias.

La discusión ambiental sobre el espacio ya no puede limitarse a la basura orbital o a la interferencia con la astronomía. También debe incluir la contaminación de la atmósfera superior, el uso de combustibles, el diseño de satélites descartables, la vida útil de las constelaciones y la responsabilidad de las empresas que convierten el cielo en infraestructura comercial.

Foto ; U.S. Space Force photo by Joshua Conti, Public domain, via Wikimedia Commons

Fuentes ; University College London,Earth’s Future

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