La Administración Federal de Aviación de Estados Unidos confirmó una “pérdida momentánea de separación” entre el helicóptero presidencial y un avión de pasajeros que acababa de despegar del aeropuerto Ronald Reagan. El episodio vuelve a poner bajo la lupa la seguridad del congestionado espacio aéreo de Washington, escenario en 2025 de una colisión entre un helicóptero militar y un avión comercial que dejó 67 muertos.
El helicóptero Marine One, que trasladaba al presidente estadounidense Donald Trump, quedó a apenas 0,8 millas —unos 1,3 kilómetros— de un avión comercial mientras atravesaba el espacio aéreo de Washington, en un episodio que abrió una nueva investigación sobre los procedimientos de seguridad aérea alrededor de la capital estadounidense.
El incidente ocurrió el martes 4 de agosto, poco después de las 14:30, cuando Trump viajaba desde las inmediaciones de la Casa Blanca hacia la Base Conjunta Andrews, desde donde continuaría posteriormente su viaje hacia Los Ángeles.
La Administración Federal de Aviación (FAA) confirmó que existió una “pérdida momentánea de separación” entre Marine One y un vuelo de Envoy Air, subsidiaria de American Airlines, que acababa de despegar del Aeropuerto Nacional Ronald Reagan con destino a Pensacola, Florida. La Casa Blanca sostuvo que Trump nunca estuvo en peligro.
Tres avisos que no llegaron con claridad a la torre
De acuerdo con las grabaciones de las comunicaciones aéreas y las primeras reconstrucciones del episodio, la tripulación de Marine One intentó advertir en tres oportunidades a la torre de control que faltaban aproximadamente tres minutos para iniciar el vuelo.
Los mensajes no fueron recibidos correctamente. En una de las comunicaciones, el controlador respondió que la transmisión había llegado entrecortada y resultaba ilegible.
Marine One terminó despegando mientras el tráfico comercial del Reagan National continuaba operando.
Minutos después, el controlador pareció sorprenderse al confirmar que el helicóptero presidencial ya estaba avanzando por la ruta prevista y posteriormente le informó sobre un avión que despegaba por la pista principal.
La tripulación del helicóptero respondió que tenía contacto visual con la aeronave.
Según la evaluación preliminar conocida hasta ahora, ambos aparatos llegaron a encontrarse a 0,8 millas de distancia lateral y unos 700 pies —aproximadamente 213 metros— de diferencia vertical.
La FAA mantiene abierta la revisión del episodio.
Un espacio aéreo marcado por una tragedia de 67 muertos
El incidente adquiere una dimensión especialmente sensible porque ocurrió en el mismo espacio aéreo donde el 29 de enero de 2025 un helicóptero Black Hawk del Ejército estadounidense chocó en pleno vuelo con un avión regional de pasajeros cerca del aeropuerto Ronald Reagan.
Las 67 personas que viajaban en ambas aeronaves murieron.
La investigación final de la Junta Nacional de Seguridad en el Transporte (NTSB) determinó que aquella tragedia no respondió simplemente a un error individual. El organismo identificó fallas sistémicas en el diseño del espacio aéreo, la supervisión de seguridad y la gestión de riesgos, tanto de la FAA como del Ejército estadounidense. También señaló problemas vinculados con la sobrecarga de los controladores y las comunicaciones de radio.
Tras aquel accidente se modificaron y restringieron rutas utilizadas por helicópteros en los alrededores del Reagan National. La NTSB formuló además 50 recomendaciones de seguridad.
Sin embargo, el propio organismo volvió a advertir el pasado 27 de julio de 2026 que muchas de esas recomendaciones todavía no habían sido implementadas y consideró que cada día de demora representa un riesgo para la seguridad pública.
Otra señal de alarma en el corazón de Washington
El desplazamiento de Marine One tiene además una particularidad desde julio. Debido a obras para construir una nueva plataforma en el sector sur de la Casa Blanca, el helicóptero presidencial está utilizando temporalmente el área de The Ellipse, un parque público ubicado al sur del complejo presidencial.
La modificación obliga a integrar las operaciones presidenciales dentro de un espacio aéreo extremadamente complejo, donde conviven vuelos comerciales, helicópteros militares, aeronaves gubernamentales y el movimiento generado por varios aeropuertos próximos.
El episodio del martes no terminó en una tragedia y tanto la FAA como la Casa Blanca afirmaron que el presidente no estuvo en peligro. Pero volvió a dejar expuesta una cuestión más profunda: menos de dos años después de una catástrofe que costó 67 vidas, las comunicaciones y la coordinación del tráfico aéreo de Washington vuelven a registrar una falla suficientemente importante como para provocar una pérdida de separación entre una aeronave presidencial y un avión lleno de pasajeros.
