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María Dolores pasa de la discusión a la producción: Colonización abrió el llamado para seis familias lecheras

El Instituto Nacional de Colonización abrió la convocatoria para arrendar seis unidades productivas en la estancia María Dolores, en Florida. Los predios incluyen tierra, vivienda, sala de ordeñe y espacios de acopio. El llamado prioriza a jóvenes, mujeres, familias con menores a cargo, asalariados rurales y pequeños productores familiares, y permanecerá abierto hasta el 14 de agosto.

Tierra, vivienda e infraestructura para producir

Las seis fracciones se encuentran en el Polo de Desarrollo Lechero María Dolores, sobre Camino Río Viejo y ruta 12, a 11 kilómetros de San Ramón y a 16 kilómetros de Chamizo.

Cada unidad tiene entre 115 y 177 hectáreas y dispone de vivienda, sala de ordeñe y espacios para almacenar la producción. Además, todas cuentan con un mínimo de 80 hectáreas aptas para la rotación agrícola y la producción de forraje.

El diseño fue elaborado tomando como referencia estudios del Instituto Nacional de la Leche, que consideran necesaria esa superficie para alcanzar una producción cercana a los 2.000 litros diarios y sostener económicamente a una familia dedicada al tambo.

Los aspirantes deberán demostrar experiencia en el sector lechero y disponer de al menos 60 vacas en ordeñe o un equivalente productivo. También será evaluado que la cantidad de animales resulte adecuada para la capacidad del predio.

Colonización dará prioridad a quienes, además de tierra, necesiten una vivienda para radicarse junto a su familia. El objetivo no es entregar la propiedad del campo, sino arrendar tierra pública para que sea habitada, trabajada y transformada en producción.

Las postulaciones estarán abiertas hasta el viernes 14 de agosto de 2026. El INC anunció visitas a las fracciones durante los tres jueves posteriores al lanzamiento.

Las consultas pueden realizarse ante la Regional Florida de Colonización por los teléfonos 4353 9125, 098 545 156 y 091 430 911.

Un campo que ya produjo alimento para 122 tambos

María Dolores no esperó la instalación de las nuevas familias para comenzar a producir. Durante la primera etapa del polo, cinco gremiales lecheras sembraron 1.188 hectáreas de maíz y obtuvieron unas 6.000 toneladas.

La cosecha fue distribuida entre 122 productores de la cuenca, que pudieron almacenar alimento para sus animales y enfrentar el invierno luego de un período marcado por el déficit hídrico y las pérdidas en los cultivos.

Participaron la Asociación Nacional de Productores de Leche, las sociedades de productores de Florida, San Ramón y Rodríguez, y la Sociedad de Fomento Rural Treinta y Tres Orientales.

Las gremiales asumieron el trabajo y la inversión de esa primera siembra, mientras Colonización aportó el campo y la infraestructura. El resultado permitió que una propiedad pública beneficiara no solamente a las familias que vivirán dentro del establecimiento, sino también a más de un centenar de tambos ya instalados en la región.

Los seis nuevos productores estarán ubicados cerca de dos plantas industriales. Según las autoridades, las familias seleccionadas podrán instalarse durante los próximos meses y comenzar a remitir leche en el otoño de 2027.

El proyecto también articula recursos de MEVIR, UTE, Antel y el Banco República para atender las necesidades habitacionales, energéticas, de conectividad y financiamiento de las familias que se radiquen en el lugar.

El presidente del Instituto Nacional de la Leche, Ricardo de Izaguirre, recordó que Uruguay comercializa productos lácteos en unos 80 mercados y ocupa uno de los primeros lugares mundiales por la proporción de leche que destina a la exportación. Esa capacidad productiva depende de familias que continúen viviendo y trabajando en el medio rural.

De una compra cuestionada a una política concreta

La estancia María Dolores tiene 4.404 hectáreas y fue adquirida por Colonización en 2025 por 32,5 millones de dólares, mediante el derecho de preferencia previsto en el artículo 35 de la ley orgánica del organismo.

El proyecto inicial presentado en 2025 planteaba la instalación de hasta 16 tambos familiares, un banco de forraje para productores de la zona y un área destinada a la recría de terneras. El llamado abierto ahora comprende seis unidades. La convocatoria actual no establece un calendario para completar las restantes unidades previstas originalmente.

La compra fue cuestionada por los partidos de la oposición, observada inicialmente por el Tribunal de Cuentas e investigada por una comisión de la Cámara de Diputados. La comisión finalizó en junio de 2026 sin una posición común.

El Frente Amplio sostuvo que no se encontraron irregularidades y que la operación se ajustó a derecho. Los partidos de la oposición mantuvieron sus cuestionamientos sobre el precio, los procedimientos administrativos y las primeras proyecciones productivas. Como resultado de esas diferencias se anunciaron cuatro informes parlamentarios.

La discusión institucional no debe ocultarse, pero tampoco puede borrarse lo que ya existe en el territorio: 1.188 hectáreas cultivadas, 6.000 toneladas de maíz distribuidas, 122 productores beneficiados y seis unidades familiares que ahora serán adjudicadas mediante un llamado público.

El proyecto adquiere especial importancia en una actividad que viene perdiendo productores. Según información presentada por Colonización, unos 700 tamberos abandonaron el sector durante la última década y alrededor de 150 lo hicieron solamente en el último año relevado. La mayoría eran pequeños productores familiares.

Frente a esa realidad, el acceso a la tierra no puede quedar limitado a quienes disponen del capital necesario para comprar miles de hectáreas. Colonización permite que trabajadores rurales, jóvenes y familias productoras accedan a tierra, vivienda e infraestructura sin que el patrimonio público sea privatizado.

María Dolores comienza así a cumplir una función que va más allá de una operación inmobiliaria. La tierra permanece en manos del Estado, genera alimentos, sostiene tambos de la región y crea condiciones para que nuevas familias puedan vivir de su trabajo.

En un país atravesado por la concentración de la propiedad y el despoblamiento rural, invertir en tierra pública no es regalar recursos. Es construir producción, arraigo y oportunidades para quienes históricamente quedaron fuera del mercado de tierras.


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