Quatroges

Lula mueve el tablero

Andrés Alsina

Lula invitaría a Javier Milei y a Donald Trump a la ceremonia de asunción de la presidencia, que será el 5 de enero. Es una posibilidad que dio a conocer CNN Brasil y replicada por muchos medios; lo que sí se sabe es que Itamaraty adelantará la invitación general al 1° de enero, para facilitar el protocolo.

Lo que subyace y sobrevuela es que invitar a dos jefes de gobierno que no reconocieron a Lula y además pusieron en duda la legitimidad del proceso electoral sería un astuto movimiento político. Llevaría a un vecino de peso en la región y al país que quiere mandar en todo el continente y más allá, a que formalicen su posición y se atengan a las consecuencias. No hacerlo lleva a las ultraderechas a radicalizarse; hacerlo los pone en una posición dialoguista.

Es que el triunfo de Lula generó un movimiento tectónico que ya está dejando su impronta en toda América, de norte a sur. Si van o si acceden a reconocer una semana después de las elecciones, le facilitarán al Centrao, el conjunto de partidos hoy en una posición de derecha moderada, a darle a Lula los votos para que recupere mayorías parlamentarias caso a caso.

Este escenario no es sólo político. El problema más importante que tiene hoy el estado brasileño es la deuda pública, y es calificado de importante, no de grave. El déficit de las cuentas públicas llegó al 9,51 % del PIB en los doce meses hasta septiembre, según el Banco Central. La deuda pública es del 82,9 % del PIB y el déficit llegó al 9,48 % en los doce meses hasta agosto, frente al 4,68 % de fines de 2022. Eso pone en duda que el Gobierno cumpla su meta de déficit primario de 0,25 % para 2026, El pesimismo pronostica un ajuste duro en 2027.

Por lo demás, tiene poca capacidad tecnológica y militar frente a las grandes potencias, y una región dividida.

En materia de seguridad pública, el Atlas de la Violencia 2026 registró 42.590 homicidios en 2024. El Gobierno federal puede impulsar reglas y financiar herramientas, pero las policías estaduales ejecutan buena parte de las operaciones, según newsdigitales.

El enfoque estratégico del Lula 4.0 es reformar la gobernanza global obsoleta, cons conflictos internacionales, y diversificación de socios comerciales globales.

El enfoque geopolítico de Brasil se caracteriza por una notable continuidad institucional, impulsada históricamente desde el siglo XIX por su escuela militar y el Palacio de Itamaraty,  su cancillería. Esta doctrina ha permitido a Brasil transformarse de una potencia con aspiraciones de hegemonía regional en Sudamérica a un actor global enfocado en la multipolaridad, la autonomía estratégica y el liderazgo del Sur Global.

Sus ventajas competitivas estructurales en el nuevo mapa de poder global son notorias. Según CEPAL, está en una muy buena situación para la transición energética y el acceso a minerales críticos. Brasil posee la segunda mayor reserva mundial de tierras raras, un recurso indispensable para la tecnología avanzada y la descarbonización industrial.

En referencia a su poder agroalimentario, es uno de los grandes centros de gravedad de la economía mundial por sus históricos ciclos de commodities (soja, carne, mineral de hierro), lo que le otorga una enorme capacidad de negociación frente a la seguridad alimentaria global.

La gestión que se inicia tiene definidos cuatro objetivos clave: un asiento permanente en el Consejo de Seguridad de la ONU, posicionarse como el líder oculto y articulador del BRICS, ofrecerse como mediador neutral (ej. Guerra en Ucrania y Oriente Medio), y sostener a China como principal socio sin romper lazos con Occidente.

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