El presidente brasileño abrió oficialmente su campaña en la histórica Vila Euclides de São Bernardo do Campo. Trabajo, derechos sociales, seguridad y defensa de la soberanía frente a las presiones externas aparecen como ejes de una elección en la que Lula vuelve a enfrentar al bolsonarismo, ahora representado por Flávio Bolsonaro.
Luiz Inácio Lula da Silva volvió este domingo 16 de agosto al lugar donde comenzó buena parte de su historia política. En el Estadio 1º de Maio, en Vila Euclides, São Bernardo do Campo, escenario de las grandes huelgas metalúrgicas de finales de los años 70, el presidente de Brasil abrió formalmente la campaña con la que buscará conquistar un cuarto mandato.
No fue una elección casual. Lula construyó allí su liderazgo sindical durante la dictadura y desde allí comenzó un recorrido político que décadas después lo llevaría tres veces a la Presidencia. El Partido de los Trabajadores presentó el acto como un regreso a sus raíces, pero también como el punto de partida de una campaña que pretende volver a colocar al trabajo, la soberanía nacional y las políticas sociales en el centro de la discusión electoral.
“Que nadie dude de la capacidad de lucha de los trabajadores”
Lula dedicó buena parte de su discurso a reconstruir el vínculo entre aquella generación de trabajadores que enfrentó a la dictadura y el Brasil actual. Incluso leyó una carta dirigida simbólicamente al Lula sindicalista de 1979 y cerró esa parte de su intervención con una definición que resume el tono elegido para el comienzo de campaña: “Que nadie nunca más ose dudar de la capacidad de lucha de los trabajadores”.
También pidió a la militancia que confronte los resultados de sus gobiernos con los de la extrema derecha en áreas como empleo, educación, ingresos y políticas públicas.
El presidente recordó además figuras históricas vinculadas a las luchas democráticas y sociales brasileñas y reivindicó la trayectoria del movimiento sindical que estuvo en el origen del PT. En el acto participaron dirigentes de las fuerzas que integran la coalición oficialista, entre ellas PT, PSB, PDT, PCdoB, Partido Verde, PSOL y Rede.
La candidatura Lula-Alckmin ya había sido formalizada a comienzos de agosto. Con el comienzo del período legal de campaña, desde este domingo los candidatos brasileños pueden pedir explícitamente el voto.
Soberanía nacional frente a un escenario internacional cada vez más agresivo
Uno de los componentes centrales de la plataforma de Lula es la defensa de la autonomía brasileña frente a las presiones externas y, particularmente, frente a la política de Estados Unidos bajo Donald Trump.
Durante la convención del 2 de agosto, Lula había planteado abiertamente la necesidad de incrementar la capacidad defensiva del país. Allí pronunció una de las frases que terminó marcando el inicio de la campaña:
“Quiero estar preparado para que nadie invada este país para llevarse al presidente”.
La referencia apuntaba a la intervención militar estadounidense en Venezuela y la captura de Nicolás Maduro. Lula completó entonces su planteo señalando que quiere a Brasil “preparado para la paz, no para la guerra” y reclamó inversiones en tecnología militar y capacidad propia, incluido el desarrollo nacional de drones.
El planteo introduce una discusión que durante décadas generó tensiones dentro de sectores de la izquierda brasileña. Lula sostiene que el rechazo al papel desempeñado por las Fuerzas Armadas durante la dictadura no puede traducirse en abandonar la discusión sobre la defensa nacional.
En un mundo atravesado por intervenciones militares, disputas comerciales, control de recursos naturales y competencia tecnológica, Brasil pretende reforzar su capacidad para decidir sobre su territorio y sus riquezas sin aceptar tutelas externas.
La soberanía aparece también vinculada al control de minerales estratégicos, tierras raras, tecnología, datos y cadenas industriales. Lula ha insistido en que esos recursos deben utilizarse para desarrollar Brasil y generar industria y conocimiento dentro del país, en lugar de limitarse a su exportación como materias primas.
Dos proyectos vuelven a enfrentarse
Del otro lado de la disputa aparece Flávio Bolsonaro, senador e hijo del expresidente Jair Bolsonaro, que también inició formalmente su campaña este domingo con un acto en Copacabana, Río de Janeiro.
Flávio busca conservar el núcleo político construido por su padre y convirtió la seguridad pública, las críticas al gobierno de Lula y la defensa del legado bolsonarista en algunos de los principales ejes de su candidatura.
La confrontación adquiere además una dimensión internacional. Mientras Lula insiste en la autonomía brasileña y cuestiona las presiones de Washington sobre América Latina, el bolsonarismo mantiene una relación política mucho más cercana con Donald Trump y sectores de la derecha estadounidense.
La elección comienza así a ordenarse alrededor de dos proyectos claramente diferenciados: uno que plantea una mayor participación del Estado, políticas sociales, fortalecimiento de los derechos laborales, reindustrialización y soberanía nacional; y otro que propone reducir el peso estatal, profundizar el ajuste fiscal y recuperar buena parte de la orientación política del período Bolsonaro.
La disputa por los trabajadores será particularmente importante. Lula busca reconstruir el vínculo histórico del PT con un mundo laboral profundamente transformado por la informalidad, las aplicaciones y las nuevas formas de contratación. Una parte creciente de esos trabajadores ya no pertenece a sindicatos ni tiene los mecanismos tradicionales de protección laboral que acompañaron el nacimiento del partido.
Lula llega primero, pero la elección está abierta
Las encuestas colocan actualmente a Lula al frente del primer turno, aunque muestran una competencia más estrecha ante una eventual segunda vuelta.
La encuesta Genial/Quaest divulgada el 14 de agosto ubicó a Lula con 38% de intención de voto en primera vuelta y a Flávio Bolsonaro con 31%. Ronaldo Caiado y Renan Santos registraron 4% cada uno, Romeu Zema 2% y Augusto Cury 2%.
En una eventual segunda vuelta, la misma encuesta registró 43% para Lula y 40% para Flávio Bolsonaro, una diferencia comprendida dentro del margen de error.
Otros estudios presentan distancias mayores. CNT/MDA, divulgado el 11 de agosto, colocó a Lula con 42,4% frente a 28,7% de Flávio en primera vuelta y con 48% frente a 39,1% en una segunda vuelta.
Los números confirman dos elementos: Lula comienza la campaña como favorito en primera vuelta, pero el bolsonarismo conserva una base electoral suficientemente grande como para mantener abierta la disputa.
Brasil celebrará la primera vuelta presidencial el 4 de octubre de 2026. Si ningún candidato obtiene más de la mitad de los votos válidos, la segunda vuelta será el 25 de octubre. Más de 158 millones de brasileños están habilitados para votar.
A sus 80 años, Lula afronta así su séptima campaña presidencial y busca un cuarto gobierno. Lo hace regresando al mismo escenario donde hace casi medio siglo encabezaba huelgas obreras contra una dictadura y con una consigna que pretende atravesar toda la campaña: Brasil debe decidir su futuro sin subordinaciones externas y con los trabajadores nuevamente como protagonistas.
