La reactivación de la Prosecretaría Nacional de Políticas de Género del Partido Colorado vuelve a colocar sobre la mesa una discusión que Uruguay arrastra desde hace años: la presencia de mujeres en los espacios de decisión sigue lejos de reflejar el peso real que tienen en la sociedad. La paridad, el protocolo contra la violencia y el acoso sexual, y la agenda de cuidados aparecen ahora como parte de una disputa interna y democrática que atraviesa a todos los partidos.
Vuelve después de meses de pausa
La Prosecretaría Nacional de Políticas de Género del Partido Colorado retomó su funcionamiento en abril, luego de haber permanecido sin actividad durante 2025 y el primer trimestre de 2026. El Comité Ejecutivo Nacional designó nuevamente al frente del espacio a Andrea Maddalena, ingeniera agrónoma y magíster en Género, Cambio Climático y Desastres, quien ya había coordinado esa estructura entre 2010 y 2020.
El regreso de la prosecretaría coincide con otro movimiento político significativo: la reinstalación de la bancada bicameral femenina, que volvió a sesionar tras cuatro años sin funcionar. En ambos espacios, el objetivo central es avanzar hacia una democracia paritaria, es decir, una representación política que no deje a las mujeres como presencia secundaria en los lugares donde se toman decisiones.
Maddalena planteó que la agenda de género forma parte de una tradición batllista que el Partido Colorado reivindica históricamente. En esa línea, ubicó entre las prioridades la paridad política, la violencia basada en género, la brecha salarial y el sistema de cuidados. El desafío, sin embargo, no está solo hacia afuera: también implica mover estructuras internas que no siempre priorizaron estos temas.
Paridad: una deuda de la democracia uruguaya
Uruguay tiene desde 2009 una ley de cuotas que obliga a incluir personas de ambos sexos en cada terna de candidaturas para elecciones internas, nacionales, departamentales y municipales. Esa norma fue un avance, pero no alcanzó para garantizar una representación equilibrada. La presencia de mujeres en el Parlamento mejoró, pero sigue lejos de la mitad de las bancas.
El problema de fondo no es solo numérico. La baja representación femenina expresa una democracia incompleta, donde las mujeres participan, militan, sostienen estructuras políticas y sociales, pero no acceden en igualdad de condiciones a los principales lugares de poder. La paridad no es una concesión ni una moda: es una condición básica para que la representación política se parezca más a la sociedad que dice representar.
La Institución Nacional de Derechos Humanos ya había advertido en 2024 que Uruguay presentaba un rezago importante en la participación política de las mujeres y que contar con una legislación robusta de paridad era una obligación del Estado para cumplir con el principio de igualdad. Ese diagnóstico sigue vigente.
En ese marco, la reactivación de espacios de mujeres dentro de los partidos adquiere una importancia concreta. No alcanza con discursos generales sobre igualdad. La discusión pasa por reglas electorales, distribución del poder, recursos, cuidados, mecanismos de protección y voluntad política real.
El protocolo pendiente y las resistencias internas
Otro punto sensible es el protocolo de actuación frente a casos de violencia de género y acoso sexual dentro del Partido Colorado. Según la información publicada, el texto está elaborado desde hace aproximadamente un año, pero aún espera su aprobación definitiva. Maddalena fue clara al señalar que existe voluntad política, aunque el tema “no ha sido para nada priorizado”.
El Partido Colorado aparece, además, como el único de los tres grandes lemas sin un protocolo aprobado para estos casos. Esa demora marca una contradicción entre la reivindicación histórica de políticas de género y la necesidad actual de ordenar mecanismos internos de prevención, denuncia y respuesta.
La prosecretaría buscará reunirse mensualmente con legisladoras y referentes del partido para articular trabajo político y sensibilización. La integración del espacio incluye mujeres de los principales sectores colorados, lo que muestra que la agenda de género no queda encerrada en una sola corriente interna.
La discusión que se abre ahora no es menor. La paridad, el sistema de cuidados, la brecha salarial y la violencia política o sexual no son temas accesorios. Son parte de la calidad democrática. Si los partidos quieren representar a una sociedad más igualitaria, tendrán que empezar por revisar sus propias estructuras.
