En apenas 48 días, cuatro alertas oficiales de seguridad alcanzaron a vehículos Hyundai comercializados en Uruguay. Tres corresponden a distintas fallas vinculadas a la Tucson y la restante a la Santa Fe. Los problemas informados abarcan cinturones de seguridad, sensores vinculados al despliegue de airbags, frenado inesperado y la pérdida temporal de información esencial del tablero. La empresa dispone reparaciones gratuitas, pero la sucesión de campañas abre otra pregunta: ¿alcanza con publicar el recall o el sistema debería garantizar que cada automóvil afectado llegue efectivamente al taller?
Cuatro alertas en menos de siete semanas
La secuencia comenzó el 4 de agosto con una alerta sobre 66 Hyundai Santa Fe fabricadas en Corea del Sur entre 2023 y 2024 y comercializadas en Uruguay durante 2024 y 2025. El defecto señalado se encuentra en el sistema de cinturones de seguridad: una insuficiente resistencia estructural del resorte plano de anclaje y una debilidad en su fijación pueden provocar desplazamiento o desalineación del anclaje delantero. En una colisión, según la advertencia oficial, eso puede comprometer el desempeño del sistema de retención y aumentar el riesgo de lesiones o muerte.
Al día siguiente, el 5 de agosto, apareció una segunda alerta, esta vez mucho más numerosa: 270 Hyundai Tucson fabricadas entre 2023 y 2024 y comercializadas durante 2024 y 2025. El problema se encuentra en el software de la cámara frontal del sistema de prevención de colisiones. En determinadas situaciones puede detectar con excesiva sensibilidad objetos situados delante del vehículo y activar anticipadamente el sistema, provocando un frenado repentino. La propia advertencia señala que esa reacción puede aumentar el riesgo de que otro vehículo impacte desde atrás. La solución prevista es una actualización gratuita del software.
Pero la Tucson volvió a aparecer apenas dos semanas después. El 19 de agosto se comunicó una tercera campaña sobre 11 unidades fabricadas entre 2023 y 2025. En este caso, la falla está relacionada con sensores de impacto lateral instalados incorrectamente durante la producción. Esos sensores deben detectar un choque lateral y ordenar el despliegue de los airbags. Una instalación incorrecta puede alterar el momento en que estos se activan y reducir la protección prevista para los ocupantes.
De los cinturones y airbags al tablero de una Tucson híbrida
La cuarta alerta llegó el 21 de septiembre y volvió a colocar a la Tucson en el centro. Esta vez fueron identificadas 17 unidades de la Tucson NX4 HEV, la versión híbrida, fabricadas en Corea del Sur durante 2023 y 2024 y comercializadas en Uruguay entre 2024 y 2026. El defecto se encuentra en el software que controla el cuadro de instrumentos y el sistema de visualización HUD.
El problema puede ocasionar un reinicio inesperado del tablero y provocar temporalmente la desaparición de información imprescindible para quien conduce: velocímetro, nivel de combustible y determinadas advertencias. Mientras el sistema completa el reinicio, esa información puede quedar fuera de la vista del conductor. La solución dispuesta también consiste en una actualización del software sin costo.
Si se suman las cantidades informadas en las cuatro campañas, aparecen 364 unidades alcanzadas por los recalls. Los comunicados públicos no permiten determinar, sin embargo, si existe algún vehículo comprendido simultáneamente en más de una campaña, por lo que esa suma no necesariamente equivale a 364 automóviles diferentes. Lo que sí puede afirmarse es que, entre el 4 de agosto y el 21 de septiembre, se sucedieron cuatro alertas de la misma marca y que tres de ellas corresponden a la familia Tucson.
La alerta es el principio, no el final
Un recall no significa por sí mismo que todos los vehículos de un modelo sean inseguros ni constituye algo excepcional dentro de la industria automotriz. Es precisamente el mecanismo utilizado para corregir un defecto descubierto después de que determinados automóviles ya fueron comercializados. En las cuatro campañas recientes, la reparación o actualización fue establecida sin costo para el propietario y los usuarios afectados deben coordinar la intervención a través de la red de concesionarios Hyundai Fidocar, representante de la marca en Uruguay.
Pero existe una diferencia sustancial entre publicar una alerta y conseguir que el defecto desaparezca de las calles. Los vehículos cambian de propietario, ingresan al mercado de usados y pueden dejar de mantener contacto con el concesionario donde fueron adquiridos. Cuando la falla afecta sistemas como cinturones, airbags, frenado o información esencial para conducir, conocer cuántos vehículos fueron efectivamente reparados deja de ser un simple dato comercial y pasa a ser una cuestión de seguridad.
Ahí aparece la pregunta que queda abierta después de cuatro alertas en 48 días: ¿cuántos de los vehículos afectados ya fueron corregidos y cuántos continúan circulando sin la intervención correspondiente? La publicación del número de chasis permite a un propietario comprobar si su vehículo está comprendido, pero el verdadero resultado de una campaña de seguridad debería medirse en otra cifra: cuántos de esos automóviles fueron localizados, ingresaron al taller y salieron con el defecto eliminado. La alerta informa del problema. La protección efectiva del consumidor empieza después.
