Jorge Gandini construyó su carrera política desde el wilsonismo, la corriente blanca que durante décadas se presentó como la vereda opuesta al herrerismo. En 2023 todavía lo decía sin rodeos: “En el herrerismo no me va a encontrar”, y aseguraba que Por la Patria representaba “lo otro” dentro del Partido Nacional. Apenas un año después terminó aliado electoralmente con el espacio lacallista-herrerista del que había marcado distancia durante toda su trayectoria. La alianza no alcanzó para conservar su banca. Después llegaron la pérdida de representación, la dispersión de Por la Patria y una sucesión de escándalos, investigaciones y controversias que golpearon su entorno cuando el histórico sector de Wilson ya estaba prácticamente paralizado.
“Nosotros venimos del otro lado”
Jorge Gandini no llegó al wilsonismo por conveniencia tardía. Se formó políticamente dentro de esa tradición y construyó buena parte de su carrera reivindicando a Wilson Ferreira Aldunate y a Por la Patria como una de las dos grandes sensibilidades históricas del Partido Nacional. Esa frontera tenía un significado político concreto. En los años setenta, Wilson había enfrentado duramente a los sectores blancos que aceptaron participar del gobierno de Juan María Bordaberry y acuñó para algunos de ellos una expresión que quedó incorporada al lenguaje político uruguayo: los “blancos baratos”. Eran, en su concepción, quienes podían cambiar independencia política por ministerios, embajadas u otros cargos. Wilson pretendía mantener al nacionalismo como oposición y acompañar desde el Parlamento aquello que considerara beneficioso para el país, pero rechazaba que la adhesión política se negociara mediante lugares en el Estado. Aquella concepción también expresaba un Partido Nacional mucho más heterogéneo que el actual: el wilsonismo levantaba entonces banderas de reforma agraria, nacionalización bancaria, descentralización, libertades públicas y un fuerte cuestionamiento al poder económico. Gandini creció políticamente dentro de esa tradición y todavía medio siglo después utilizaba la vieja divisoria para explicar su ubicación en el partido. En junio de 2023 decía que el Partido Nacional tenía históricamente dos grandes corrientes y resumía su posición con una frase difícil de interpretar de otra manera: “Nosotros venimos del otro lado”. Sostenía que Álvaro Delgado representaba la continuidad de la Torre Ejecutiva de Luis Lacalle Pou, que Laura Raffo expresaba al herrerismo más tradicional y que hacía falta reconstruir una candidatura wilsonista. “Yo no siento el orgullo del Herrerismo”, decía. “Yo no lo soy”. En otra entrevista del mismo año fue todavía más claro: “¿A mí dónde va a ir la gente a encontrarme? En el wilsonismo. En el herrerismo no me va encontrar”. Cuando lanzó su precandidatura presidencial insistió en la misma definición: “No nos vería en una organización herrerista, lacallista. Nosotros encarnamos lo otro”. No era una frase circunstancial. Era la síntesis de una identidad política sobre la que Gandini había construido durante décadas su lugar dentro del Partido Nacional. Después de la muerte de Jorge Larrañaga, además, pretendía ocupar precisamente el espacio que había quedado vacante entre quienes no se reconocían en el predominio lacallista. Había refundado Por la Patria en 2017, había acompañado a Larrañaga y luego se había distanciado de él en 2020, en una ruptura atravesada también por las diferencias sobre la escasa presencia de su sector en el gobierno de Luis Lacalle Pou. Tres años después seguía presentándose como el dirigente llamado a reconstruir esa otra corriente. La política, sin embargo, terminó llevándolo precisamente hacia el lugar donde había dicho que no lo encontrarían.
Del “otro lado” al acuerdo con Aire Fresco
La interna nacionalista de junio de 2024 marcó la primera estación del cambio. Gandini terminó tercero, muy lejos de Álvaro Delgado y también detrás de Laura Raffo. El proyecto de reconstruir un polo wilsonista capaz de disputar la conducción blanca había quedado reducido a una expresión minoritaria. Apenas unas semanas después comenzó a negociarse la supervivencia parlamentaria de Por la Patria. El resultado fue un acuerdo con Aire Fresco, el sector creado por Luis Lacalle Pou y encabezado electoralmente por Delgado. Gandini ocupó el quinto lugar de una lista común al Senado. Era difícil encontrar una imagen política más cargada de simbolismo: el dirigente que un año antes había dicho que no lo encontrarían en una organización “herrerista, lacallista” terminaba compareciendo al Senado junto al principal espacio construido alrededor del lacallismo. Gandini presentó aquel entendimiento como un encuentro que permitiría mantener la identidad de Por la Patria y conservó listas propias a Diputados, pero la fotografía política ya había cambiado. El dirigente que reclamaba un lugar para “los del otro lado” había terminado buscando su continuidad parlamentaria mediante un acuerdo con quienes había ubicado del lado contrario. Ni siquiera alcanzó. Aire Fresco consiguió tres bancas en el Senado y Gandini, colocado quinto, quedó fuera del Parlamento después de dos décadas consecutivas entre Diputados y la Cámara Alta. La derrota abrió una etapa todavía más dura. En 2025 Por la Patria perdió también Río Negro, su principal referencia territorial fuera de Montevideo, y comenzaron las salidas. Javier Barrios Bove pasó a militar junto a Martín Lema y la 404; Santiago Gutiérrez y Vientos Nuevos emprendieron un camino propio; Aparicio Saravia Padern también dejó el sector y, hacia fines de ese año, Álvaro Viviano protagonizó una de las rupturas de mayor peso. Dirigentes que se marcharon comenzaron a hablar de un “ciclo terminado”.
