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Estados Unidos refuerza su presencia militar en el Atlántico Sur con un acuerdo firmado por el gobierno de Milei

La cooperación entre la Armada argentina y el Comando Sur se extenderá por cinco años e incluirá tecnología, entrenamiento y apoyo operativo para vigilancia marítima. El convenio abre una discusión de fondo sobre soberanía, dependencia militar y el papel de Washington en una zona estratégica cercana a Malvinas.

Un acuerdo sensible en el mar Argentino

La Embajada de Estados Unidos en Buenos Aires anunció un acuerdo de cooperación con la Armada argentina para reforzar la vigilancia marítima en el Atlántico Sur. El convenio, previsto por cinco años, fue presentado por Washington antes de que el gobierno de Javier Milei difundiera detalles propios sobre el alcance de la iniciativa.

El entendimiento fue formalizado mediante una carta de intención entre el jefe de la Armada argentina, Juan Carlos Romay, y el contraalmirante Carlos Sardiello, de la Cuarta Flota del Comando Sur. El programa incluye tecnología, entrenamiento y apoyo operativo para detectar, interceptar y neutralizar amenazas marítimas en el mar Argentino.

La cooperación ya comenzó con sensores multiespectrales, sistemas de comando y control, comunicaciones y enlaces de datos destinados a una aeronave B-200M Cormorán de la Armada. También se prevé incorporar aviones Textron B-360 ER MPA, drones de despegue vertical y un simulador para P-3C Orión.

El gobierno argentino presenta el convenio como una respuesta a las limitaciones materiales de la Armada para controlar una extensa plataforma marítima. La zona concentra recursos pesqueros, proyección antártica, rutas estratégicas hacia el Atlántico Sur, cercanía con las islas Malvinas y creciente interés por proyectos energéticos offshore.

La fórmula de los “bienes comunes globales”

El acuerdo fue encuadrado por Estados Unidos dentro del Programa de Protección de Bienes Comunes Globales. Esa expresión encendió cuestionamientos en sectores críticos del gobierno argentino, porque introduce una lectura internacionalizada sobre un espacio marítimo que Argentina considera parte de su responsabilidad soberana.

Para Washington, la cooperación apunta a mejorar la seguridad regional, controlar actividades ilícitas y fortalecer la capacidad de vigilancia frente a amenazas marítimas. Para sus críticos, el problema está en aceptar una narrativa donde el mar Argentino aparece presentado bajo una categoría que puede diluir la idea de jurisdicción nacional.

El analista internacional Ezequiel Magnani sostuvo que no es menor que el anuncio haya salido primero desde la Embajada estadounidense y luego desde el Comando Sur. A su juicio, esa secuencia muestra la direccionalidad estratégica del programa y el carácter asimétrico del vínculo entre Washington y Buenos Aires.

El eje declarado es la pesca no regulada y el monitoreo de embarcaciones. Sin embargo, el acuerdo también se inscribe en la disputa global de Estados Unidos con China, cuya flota pesquera opera cerca de la zona económica exclusiva argentina. En ese tablero, el Atlántico Sur deja de aparecer solo como un asunto de control marítimo y pasa a ocupar un lugar dentro de una competencia geopolítica más amplia.

Soberanía, dependencia y Malvinas

La discusión de fondo no pasa únicamente por la tecnología que recibirá la Armada argentina. El punto central es qué tipo de dependencia se consolida al entregar a una potencia extranjera un rol creciente en la vigilancia de una zona estratégica.

El analista Juan Venturino advirtió que el acuerdo representa una renuncia a desarrollar capacidades propias en materia de soberanía marítima, industria naval y doctrina de defensa. Desde esa mirada, Argentina pasaría de tener dificultades operativas a aceptar una tutela externa sobre un espacio clave de su territorio marítimo.

El convenio también deja un vacío político evidente: el Reino Unido. En el Atlántico Sur, la disputa por la soberanía de las islas Malvinas sigue siendo un asunto central para Argentina. Sin embargo, el acercamiento militar con Estados Unidos omite ese conflicto de fondo, pese a la alianza histórica entre Washington y Londres.

El alineamiento de Milei con Donald Trump y con la agenda militar estadounidense coloca a Argentina en una posición delicada. La ayuda tecnológica puede aparecer, en el corto plazo, como una mejora de capacidades. Pero en el plano estratégico abre una pregunta mayor: hasta qué punto un país fortalece su soberanía si depende de otra potencia para vigilar su propio mar.

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