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El vapeo deja marcas en los genes de la boca y la ciencia advierte que el riesgo no puede medirse solo contra el cigarrillo

Un estudio publicado en Frontiers in Oncology analizó células de la boca de vapeadores, fumadores y personas que no consumían productos de tabaco o nicotina. La investigación detectó miles de genes con expresión alterada en usuarios de cigarrillos electrónicos y mostró que el daño molecular no depende solamente de cuánto se vapea, sino también del tipo de dispositivo y de los sabores utilizados.

El cigarrillo electrónico volvió a quedar bajo la lupa de la investigación científica. Un estudio publicado el 1.º de junio de 2026 en la revista Frontiers in Oncology analizó células epiteliales orales de vapeadores, fumadores y personas que no consumían productos de tabaco o nicotina, y detectó alteraciones importantes en la expresión de miles de genes.

La investigación fue realizada por Jessica George, Stella Tommasi, Niccolo Pabustan, Daria M. Kessler, Zairah L. Thomas, Lourdes Baezconde-Garbanati, Kimberly D. Siegmund y Ahmad Besaratinia, de la Keck School of Medicine de la Universidad del Sur de California y el Norris Comprehensive Cancer Center.

El dato central es fuerte, pero debe leerse con precisión. El estudio no afirma que vapear cause cáncer de manera directa. Lo que muestra es que el vapeo se asocia con alteraciones transcriptómicas sustanciales en células de la boca, muchas de ellas vinculadas a vías biológicas relacionadas con cáncer, señalización celular, inflamación y otros procesos relevantes para la salud.

En términos simples: los investigadores no estudiaron tumores ya formados, sino señales moleculares tempranas. Analizaron qué genes estaban más activos o menos activos de lo esperado en células expuestas al vapeo o al humo del cigarrillo.

Qué midió el estudio

El trabajo incluyó a 83 adultos sanos del área metropolitana de Los Ángeles, divididos en tres grupos: 35 vapeadores, 24 fumadores y 24 no usuarios. Los vapeadores debían usar cigarrillos electrónicos al menos tres veces por semana durante un mínimo de seis meses y no haber fumado cigarrillos convencionales ni usado otros productos de tabaco en los seis meses previos. Los fumadores debían fumar cigarrillos combustibles al menos tres veces por semana durante un mínimo de un año y no usar otros productos de tabaco o vapeo.

Para obtener las muestras, los participantes se enjuagaron la boca y luego se recolectaron células del interior de las mejillas con un cepillo suave. Sobre esas células se aplicó secuenciación de ARN, una técnica que permite observar la actividad de los genes y detectar diferencias de expresión entre grupos.

Los resultados mostraron 3.124 genes con expresión alterada en vapeadores respecto a los no usuarios. En fumadores, el número fue de 2.180 genes. Además, el 60,1% de los genes alterados en vapeadores no se compartía con los fumadores. Ese dato es clave porque indica que el vapeo no produce simplemente una versión menor o reducida del daño del cigarrillo tradicional, sino un patrón biológico propio.

El artículo lo resume con una frase central: “both vaping and smoking are associated with substantial transcriptomic perturbations in oral epithelial cells”. En español: tanto el vapeo como el tabaquismo se asocian con perturbaciones transcriptómicas sustanciales en las células epiteliales orales.

Dispositivos, sabores y dosis: no todos los vapeos son iguales

Uno de los aportes más importantes del estudio es que no se limitó a comparar vapeadores contra fumadores. También analizó si los cambios genéticos dependían de la dosis, del tipo de dispositivo y del sabor del líquido usado.

En fumadores, el patrón fue más uniforme. El 54,1% de los genes alterados respondió de manera consistente a distintas medidas de exposición, como años de consumo, paquetes acumulados y cotinina en plasma, que es un marcador de exposición reciente a nicotina.

En vapeadores, esa consistencia fue mucho menor: solo el 27,6% de los genes alterados mostró un comportamiento concordante entre las distintas medidas de dosis, como cantidad acumulada de líquido, nicotina acumulada, años de vapeo y cotinina en plasma.

Esa diferencia sugiere que el daño molecular del vapeo no puede explicarse solo por “cuánto” se consume. También importa “qué” se consume y “con qué dispositivo”.

Los investigadores encontraron que la generación del dispositivo y el tipo de sabor explicaban componentes adicionales de la variación en la expresión genética. Los dispositivos de tercera generación y el uso de múltiples sabores mostraron cambios más pronunciados. Esto complica la regulación, porque no alcanza con hablar del cigarrillo electrónico como si fuera un producto único. Hay líquidos, potencias, baterías, formulaciones, sabores y formas de uso muy distintas.

El problema de venderlo como alternativa inocua

Durante años, el vapeo fue promocionado como una alternativa menos dañina que el cigarrillo convencional. Esa comparación puede ser útil en algunos escenarios de reducción de daños para fumadores adultos, pero no sirve para presentar el cigarrillo electrónico como producto inocuo ni para naturalizar su uso entre jóvenes o personas que nunca fumaron.

La ciencia empieza a mostrar una imagen más compleja. El aerosol de los cigarrillos electrónicos puede contener nicotina, propilenglicol, glicerina vegetal, saborizantes, compuestos carbonílicos, compuestos orgánicos volátiles, radicales libres y metales pesados, entre otras sustancias. Algunos de esos componentes pueden participar en procesos de estrés oxidativo, inflamación, daño en el ADN o alteraciones de la regulación genética.

La investigación de George y colaboradores suma una señal de alerta: en las células de la boca, que son el primer tejido directamente expuesto al aerosol inhalado, el vapeo altera miles de genes y activa patrones vinculados a procesos biológicos relevantes para enfermedades.

El cáncer apareció como la principal categoría de enfermedad asociada a los genes desregulados tanto en vapeadores como en fumadores. En vapeadores, el 90,8% de los genes alterados mapeados se vinculó con esa categoría; en fumadores, el porcentaje fue de 92,8%. La vía molecular más afectada en ambos grupos fue el ciclo de proteínas RHO GTPasa, relacionado con procesos celulares como división, migración, adhesión y organización del citoesqueleto, todos relevantes en mecanismos asociados a invasión y metástasis tumoral.

Una advertencia sanitaria, no una moda juvenil

El punto más sensible está en la expansión del vapeo entre jóvenes. Los sabores dulces, frutales, mentolados o mezclados, los diseños atractivos y la promoción en redes sociales han convertido a los cigarrillos electrónicos en productos de consumo cultural, no solo en herramientas de eventual sustitución para fumadores adultos.

La evidencia científica sobre estrategias de mercado muestra que la industria tabacalera y del vapeo utiliza tácticas conocidas: productos con apariencia atractiva, sabores, diseño tecnológico, presencia digital, influencers y presión regulatoria. Esa combinación busca instalar una nueva generación de usuarios de nicotina bajo una imagen menos asociada al cigarrillo tradicional.

Frente a un tema de salud pública, el principio debe ser la cautela. No se trata de generar pánico ni de improvisar diagnósticos. Se trata de decir lo que la evidencia permite decir: el vapeo altera procesos biológicos en células humanas, no todos los productos tienen el mismo impacto y todavía falta conocer el daño clínico acumulado tras años de uso.

La frase comercial “vapear es menos dañino que fumar” resulta insuficiente para orientar políticas públicas. La pregunta correcta no es solo si el cigarrillo electrónico produce menos daño que el tabaco combustible en un fumador adulto. También hay que preguntar qué daño produce por sí mismo, qué pasa en adolescentes, qué ocurre con los sabores, cómo influyen los dispositivos más potentes y qué tipo de regulación protege mejor a la población.

Fuentes científicas:

George J, Tommasi S, Pabustan N, Kessler DM, Thomas ZL, Baezconde-Garbanati L, Siegmund KD, Besaratinia A. “Multidimensional exposure architecture shapes vaping-associated transcriptomic dysregulation in oral epithelium”. Frontiers in Oncology, 2026. DOI: 10.3389/fonc.2026.1838256.

Tommasi S, Caliri AW, Caceres A, Moreno DE, Li M, Chen Y, et al. “Deregulation of Biologically Significant Genes and Associated Molecular Pathways in the Oral Epithelium of Electronic Cigarette Users”. International Journal of Molecular Sciences, 2019. DOI: 10.3390/ijms20030738.

Tommasi S, Blumenfeld H, Besaratinia A. “Vaping dose, device type, and e-liquid flavor are determinants of DNA damage in electronic cigarette users”. Nicotine & Tobacco Research, 2023. DOI: 10.1093/ntr/ntad003.

Gordon T, Karey E, Rebuli ME, Escobar Y-N, Jaspers I, Chen LC. “E-cigarette toxicology”. Annual Review of Pharmacology and Toxicology, 2022. DOI: 10.1146/annurev-pharmtox-042921-084202.

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