El expresidente ecuatoriano Lenín Moreno fue condenado a cinco años de prisión como autor directo de cohecho en el caso Sinohydro, una trama de pagos indebidos por US$ 76,1 millones vinculada a la hidroeléctrica Coca Codo Sinclair. El fallo, todavía de primera instancia, alcanza también a familiares y empresarios. Moreno llegó a la Presidencia como heredero de la Revolución Ciudadana, pero una vez en el poder rompió con Rafael Correa, desplazó a Jorge Glas, terminó con el asilo de Julian Assange y giró hacia las políticas del FMI. Correa, que ya en 2017 lo había definido como un “traidor”, reaccionó ahora calificándolo de “delincuente” y “sinvergüenza”.
Cinco años de cárcel y una trama de US$ 76 millones
Un tribunal de la Corte Nacional de Justicia de Ecuador declaró este viernes 28 de agosto a Lenín Moreno responsable como autor directo del delito de cohecho dentro del denominado caso Sinohydro. La sentencia establece una pena de cinco años de prisión y la prohibición permanente de ejercer cargos públicos. La resolución es de primera instancia y Moreno ya anunció que apelará.
La Fiscalía ecuatoriana sostuvo durante 31 jornadas de juicio que existió una estructura de pagos indebidos relacionada con la adjudicación, financiamiento y ejecución de la hidroeléctrica Coca Codo Sinclair, construida por la empresa estatal china Sinohydro. Según la acusación que terminó siendo acogida por el tribunal, entre 2009 y 2018 circularon aproximadamente US$ 76,1 millones en sobornos, una cifra equivalente a alrededor del 4% del contrato.
Los jueces concluyeron que Moreno intervino cuando era vicepresidente de Rafael Correa en gestiones relacionadas con el proyecto y que su grupo familiar recibió más de US$ 1,1 millones vinculados a la trama investigada. La Fiscalía reconstruyó el movimiento del dinero mediante registros bancarios, documentación societaria, pericias financieras y cooperación penal internacional.
No fue el único condenado. La Justicia declaró responsables a veinte personas. Cinco recibieron cinco años como autores directos, entre ellas Moreno, el empresario Conto Patiño y el exembajador chino Cai Runguo. Otros condenados recibieron tres años o dos años y medio de prisión según su grado de participación. Entre los sentenciados como cómplices aparecen la esposa de Moreno, Rocío González; su hija Irina; dos de sus hermanos y otros integrantes del entramado investigado.
Moreno rechazó el fallo. Aseguró que no recibió “un solo centavo” de Sinohydro, anunció que permanecerá en Ecuador y sostuvo que el proceso sería producto de una venganza impulsada por Rafael Correa. También intentó colocar la responsabilidad sobre el propio Correa y Jorge Glas, argumentando que fueron ellos quienes estuvieron directamente vinculados a la construcción de Coca Codo Sinclair.
La sentencia, sin embargo, no responsabiliza a Moreno por haber firmado personalmente el contrato de construcción. El tribunal consideró probado que, mientras ocupaba la Vicepresidencia, utilizó su posición institucional en gestiones vinculadas a la adjudicación y el financiamiento del proyecto y que existieron beneficios económicos dirigidos hacia su entorno.
Del heredero de la Revolución Ciudadana al “traidor” de Correa
La condena adquiere una dimensión política particular por la trayectoria de Moreno. Llegó a la Presidencia en 2017 como candidato del mismo proyecto que había gobernado Ecuador durante una década bajo Rafael Correa. Fue vicepresidente de Correa entre 2007 y 2013 y ganó las elecciones acompañado por Jorge Glas, una de las principales figuras de la Revolución Ciudadana.
Pero la continuidad duró apenas unos meses.
El 3 de agosto de 2017, Moreno retiró mediante decreto todas las funciones asignadas a Glas, en medio de un enfrentamiento político que terminó profundizando la fractura del oficialismo. El vicepresidente fue posteriormente detenido y condenado dentro del caso Odebrecht.
La ruptura con Correa pasó rápidamente de las diferencias políticas a una confrontación abierta. En noviembre de ese mismo año, el expresidente regresó temporalmente a Ecuador y utilizó una palabra que desde entonces marcaría su relación con su sucesor.
“Traidor”.
Correa sostuvo entonces que no habían sabido que Moreno era un “traidor” y lo acusó además de haber llegado al poder ocultando sus verdaderas posiciones. La declaración fue registrada en aquel momento por Reuters, cuando la fuerza política que había gobernado Ecuador durante una década comenzaba a dividirse definitivamente.
Moreno terminaría alejándose cada vez más del programa con el que había sido elegido. Su gobierno impulsó un giro económico hacia políticas de austeridad y un acuerdo con el Fondo Monetario Internacional. En octubre de 2019, la eliminación de los subsidios a los combustibles desató una movilización masiva encabezada en buena medida por organizaciones indígenas y sectores populares.
La respuesta estatal quedó posteriormente documentada por la Comisión Interamericana de Derechos Humanos. La CIDH señaló denuncias de graves violaciones de derechos humanos contra movimientos indígenas y sociales, utilización desproporcionada de la fuerza y 1.228 detenciones entre el comienzo de las protestas y el 13 de octubre. También registró denuncias sobre criminalización de manifestantes, dirigentes sociales y opositores.
El gobierno tuvo finalmente que derogar el decreto que había provocado las movilizaciones después de negociar con el movimiento indígena.
El distanciamiento de la Revolución Ciudadana ya era entonces completo: quien había sido elegido para continuar el ciclo político de Correa terminó gobernando enfrentado a sus antiguos compañeros y aplicando una orientación económica sustancialmente diferente.
Assange, el otro símbolo de la ruptura
Uno de los episodios que mejor simbolizó ese giro ocurrió el 11 de abril de 2019.
Moreno dispuso terminar con el asilo diplomático que Ecuador había concedido siete años antes al fundador de WikiLeaks, Julian Assange, durante el gobierno de Correa. Una vez revocada la protección ecuatoriana, Assange abandonó la embajada en Londres bajo custodia de la Policía británica y quedó detenido.
La decisión provocó una reacción furiosa de Correa y consolidó definitivamente la imagen de Moreno como un dirigente que había roto con prácticamente todos los componentes centrales del proyecto político que lo llevó al Palacio de Carondelet.
La sentencia conocida ahora vuelve a colocar esa historia bajo otra luz.
Moreno construyó buena parte de su legitimidad posterior a la ruptura denunciando irregularidades atribuidas al período correísta y presentándose como quien venía a terminar con determinados vicios del gobierno anterior. Ocho años después, es él quien recibe una condena penal por cohecho por hechos ocurridos precisamente cuando ocupaba la Vicepresidencia de aquel gobierno.
La reacción de Correa no se hizo esperar. Tras conocerse el fallo escribió que la contundencia de las pruebas debía ser considerable para que Moreno terminara declarado culpable y lo calificó de “delincuente” y “sinvergüenza”.
El exmandatario, que desde 2017 viene llamando “traidor” a quien alguna vez impulsó como su sucesor, convirtió así la sentencia en una reivindicación de aquella ruptura política.
Pero más allá de las cuentas pendientes entre dos expresidentes que terminaron convertidos en enemigos, el fallo tiene un peso propio: un tribunal ecuatoriano consideró probado que Lenín Moreno participó como autor directo de una trama de cohecho vinculada a uno de los mayores proyectos de infraestructura de la historia reciente de Ecuador.
La sentencia todavía podrá recorrer instancias de apelación y no corresponde presentarla como definitiva. Pero el cuadro político resulta difícil de ignorar: el dirigente que llegó al poder de la mano de la Revolución Ciudadana, rompió con sus antiguos compañeros, apartó a Glas, retiró el asilo de Assange y condujo a Ecuador hacia el FMI terminó sentado ante la Corte Nacional de Justicia y condenado a cinco años de prisión por corrupción.
La palabra que Correa eligió en 2017 vuelve inevitablemente al centro de la escena política ecuatoriana: “traidor”. Esta vez, acompañada de una sentencia judicial.
