La Iglesia Católica confirmó que el pontífice llegará al país este año. La visita se prepara para noviembre y tendrá actividades en Montevideo y departamentos del interior, con Florida como uno de los puntos de mayor expectativa.
La visita del papa León XIV a Uruguay ya dejó de ser una posibilidad lejana y pasó a ocupar un lugar concreto en la agenda pública. La Iglesia Católica confirmó que el pontífice llegará al país en noviembre de este año, en una gira regional que también incluiría otros países de América del Sur.
Según la información difundida, el viaje tendrá actividades en Montevideo y en departamentos del interior. Florida aparece como uno de los puntos más firmes del recorrido, por su peso religioso e histórico: allí se encuentra el Santuario Nacional de la Virgen de los Treinta y Tres, patrona del Uruguay. También se maneja la posibilidad de sumar un departamento del norte, aún a definir.
Una visita con agenda en preparación
La llegada del papa se viene trabajando desde hace meses entre autoridades eclesiásticas, diplomáticas y de gobierno. La Cancillería uruguaya ya trabaja en la preparación de la visita, aunque todavía falta conocer la fecha exacta y el programa definitivo.
Ese punto es importante: el viaje está encaminado y confirmado por fuentes de la Iglesia, pero la Santa Sede todavía no publicó el itinerario completo en su agenda oficial de viajes. En este tipo de visitas, los detalles finales suelen divulgarse más cerca de la fecha, luego de cerrar aspectos de seguridad, logística, ceremonias, traslados y coordinación institucional.
El cardenal Daniel Sturla había adelantado semanas atrás que la posibilidad de la visita era muy alta. En ese momento habló de una probabilidad cercana al 80% y mencionó noviembre como mes probable. Ahora, la confirmación eclesiástica coloca el tema en otra etapa: la de organización concreta.
Montevideo, Florida y el peso simbólico del interior
Montevideo será parte central del recorrido, como ocurre habitualmente en una visita de Estado y de carácter religioso. Allí podrían realizarse actividades institucionales y una celebración masiva, aunque todavía no existe confirmación pública sobre el lugar.
Florida concentra buena parte de la expectativa. El intendente Carlos Enciso había anunciado que, según fuentes vinculadas al Vaticano, el papa estaría en ese departamento durante la primera quincena de noviembre. La presencia en el Santuario de la Virgen de los Treinta y Tres tendría un valor especial para la Iglesia uruguaya, especialmente después del bicentenario de esa devoción.
La posibilidad de incluir otro departamento del norte ampliaría el alcance territorial del viaje y evitaría que la visita quedara reducida a la capital. Para un país pequeño, pero con fuertes identidades locales, ese dato no es menor: una visita papal también mueve comunidades, peregrinaciones, transporte, seguridad, turismo interno y cobertura internacional.
Uruguay laico ante un hecho de impacto público
Uruguay es uno de los países más laicos de América Latina. La separación entre Iglesia y Estado forma parte de su identidad institucional y cultural. Por eso, una visita papal no se puede leer solamente como un acontecimiento religioso. También tiene dimensión política, diplomática, cultural y social.
Para los creyentes católicos será un acontecimiento espiritual de primer orden. Para el Estado uruguayo, será una visita de enorme visibilidad internacional. Para la sociedad en general, será un hecho público que movilizará debates, adhesiones, reservas y miradas distintas, en un país acostumbrado a separar con claridad la fe personal de las instituciones públicas.
Esa convivencia entre tradición religiosa, laicidad estatal y respeto democrático puede convertirse en uno de los rasgos centrales de la visita. Uruguay recibirá a un líder religioso mundial sin dejar de ser el país laico que es.
Un papa con fuerte vínculo latinoamericano
León XIV, nacido Robert Francis Prevost, tiene una trayectoria muy vinculada a América Latina. Antes de llegar al pontificado fue misionero en Perú durante años, fue obispo de Chiclayo y también obtuvo la ciudadanía peruana. Ese recorrido explica parte del interés de su primera gran gira regional.
Su visita a Uruguay tendrá, además, un peso histórico. El país no recibe a un papa desde los viajes de Juan Pablo II, especialmente recordados por la visita de 1988, que incluyó Montevideo, Florida, Salto y Melo. En aquella oportunidad, la presencia papal quedó marcada en la memoria de miles de personas y también en la cultura popular de varias localidades del interior.
