El calentamiento ya alcanza los 2,7 °C frente a las costas de Perú y Ecuador, mientras la NOAA estima un 81 % de probabilidad de que el fenómeno llegue a una intensidad muy fuerte entre octubre y diciembre. Para Uruguay, el mayor riesgo aparecería durante la primavera y el comienzo del verano, aunque los organismos advierten que todavía existe incertidumbre sobre la magnitud y distribución de sus impactos.
El Pacífico se calienta, pero el “Super Niño” todavía es una proyección
El Niño 2026 ya no es solamente una posibilidad: el fenómeno está instalado y el sistema oceánico y atmosférico del Pacífico muestra señales claras de fortalecimiento.
La última actualización de la Administración Nacional Oceánica y Atmosférica de Estados Unidos registró una anomalía semanal de +1,2 °C en la región Niño 3.4, ubicada en el Pacífico ecuatorial central y utilizada como principal referencia para medir la intensidad global del fenómeno.
Más cerca de América del Sur, en la región Niño 1+2, frente a las costas de Perú y Ecuador, el calentamiento llegó a +2,7 °C. En una extensa franja del Pacífico central y oriental, la temperatura superficial del mar ya supera en más de un grado los valores normales.
También existe una importante reserva de calor debajo de la superficie. Una nueva onda Kelvin desplazó agua cálida desde el oeste hacia el este del océano, profundizó la termoclina y redujo el ascenso de aguas frías. Los vientos alisios se debilitaron, la nubosidad aumentó sobre el Pacífico central y los índices atmosféricos comenzaron a responder al calentamiento del mar.
La NOAA considera que existe un 97 % de probabilidad de que El Niño continúe hasta comienzos de 2027 y un 81 % de que alcance una intensidad muy fuerte entre octubre y diciembre de 2026, cuando la anomalía de la región Niño 3.4 podría superar los dos grados.
Ese escenario colocaría al episodio entre los mayores del registro disponible desde 1950, junto con los eventos de 1982-1983, 1997-1998 y 2015-2016.
Sin embargo, afirmar que el Pacífico ya alcanzó oficialmente niveles de “Super Niño” no es exacto. La expresión “Super Niño” es una denominación periodística y técnica informal, pero no integra la clasificación operativa de la Organización Meteorológica Mundial, que utiliza las categorías débil, moderado, fuerte y muy fuerte.
La consultora brasileña MetSul sostiene que el episodio podría convertirse en el más intenso de los últimos 150 años y cita simulaciones con anomalías de entre tres y cuatro grados hacia fines de 2026. Pero esos valores son todavía proyecciones de modelos, no temperaturas ya observadas.
Copernicus, el servicio climático de la Unión Europea, ofrece una evaluación más cautelosa: su conjunto de modelos sitúa la mediana de los pronósticos cerca o por encima de los mayores valores observados en las últimas décadas, aunque mantiene un margen de incertidumbre.
Por lo tanto, existe una coincidencia internacional en que El Niño será probablemente fuerte o muy fuerte. Lo que aún no puede darse por confirmado es que vaya a superar todos los registros modernos.
Uruguay y el sur de América enfrentarán una primavera bajo vigilancia
Para Uruguay, los efectos más importantes no necesariamente aparecerán de inmediato. Los episodios de El Niño suelen alcanzar su máxima intensidad entre noviembre y febrero, por lo que la mayor influencia regional podría sentirse durante la primavera de 2026 y el comienzo del verano de 2027.
El último informe de tendencias de Inumet para julio, agosto y setiembre prevé precipitaciones superiores a lo normal únicamente en el noreste del país, con una probabilidad del 40 %. Para el resto del territorio no existe todavía una señal definida: las posibilidades de lluvias por debajo, dentro o por encima del promedio son prácticamente iguales.
En materia de temperatura, Inumet asigna para todo Uruguay una mayor probabilidad de registros superiores a los normales durante el trimestre.
El panorama puede modificarse a medida que El Niño continúe fortaleciéndose. Los modelos de Copernicus ya muestran una señal de precipitaciones superiores a la media en zonas del sur de América del Sur durante octubre, noviembre y diciembre.
Históricamente, El Niño aumenta la probabilidad de lluvias abundantes en Uruguay, el litoral argentino, Paraguay y el sur de Brasil, especialmente durante la primavera y el comienzo del verano. Esto no significa que lloverá todos los días ni que cada tormenta será consecuencia directa del fenómeno, pero sí que el escenario climático puede favorecer episodios persistentes de precipitación.
En el sur de Brasil, los organismos oficiales pronostican para julio-setiembre lluvias por encima del promedio en los tres estados de la región. En Rio Grande do Sul y Santa Catarina los acumulados podrían superar hasta en 100 milímetros la media histórica del trimestre.
La situación obliga a vigilar las cuencas compartidas con Uruguay. Lluvias intensas en Rio Grande do Sul pueden incrementar los caudales de los ríos Uruguay, Cuareim y Negro, además de elevar el riesgo de inundaciones en ciudades ribereñas.
Para el sector agropecuario uruguayo, un período más lluvioso puede mejorar la disponibilidad de agua, recuperar suelos y favorecer pasturas y cultivos de verano. Pero un exceso de precipitaciones también puede provocar anegamientos, erosión, dificultades para sembrar o cosechar, pérdida de nutrientes, enfermedades en cultivos y problemas sanitarios en la producción animal.
El impacto dependerá no solamente del volumen total de lluvia, sino de su distribución. Cien milímetros acumulados durante varias semanas no producen las mismas consecuencias que esa cantidad concentrada en pocas horas.
También deberán reforzarse los sistemas de drenaje, la vigilancia de rutas y puentes, los planes de evacuación y el mantenimiento de las redes eléctricas. En Uruguay, numerosas localidades presentan problemas de drenaje pluvial y las consecuencias suelen ser mayores en barrios con viviendas precarias, terrenos bajos y menor acceso a infraestructura pública.
Sequías, inundaciones y calor: un mismo fenómeno con impactos desiguales
El Niño no afecta de la misma manera a todos los países.
Perú mantiene una alerta por El Niño Costero. Su servicio meteorológico prevé que el calentamiento frente a sus costas continúe hasta el verano de 2027 y alcance una intensidad fuerte entre junio y setiembre de 2026. Para el trimestre julio-setiembre se esperan temperaturas muy superiores a las normales en la costa y lluvias entre normales y superiores en sectores del norte y centro.
El calentamiento del mar puede desplazar bancos de peces, afectar la anchoveta y alterar una actividad fundamental para el empleo y la economía peruana. Al mismo tiempo, las lluvias intensas pueden generar inundaciones y deslizamientos en regiones donde una parte importante de la población vive en zonas vulnerables.
Colombia advirtió sobre posibles aumentos de temperatura, reducción de caudales e incendios de vegetación. Su organismo meteorológico también reconoce una probabilidad del 81 % de que El Niño alcance una intensidad muy fuerte hacia fines de año.
En Brasil, mientras el sur se prepara para lluvias superiores a la media, el norte y el nordeste podrían atravesar condiciones más secas. Esto puede reducir los niveles de los ríos amazónicos, dificultar la navegación, afectar el abastecimiento de comunidades y aumentar el riesgo de incendios forestales.
Indonesia espera precipitaciones inferiores a lo normal entre julio y octubre en Java, Bali, Nusa Tenggara y otras zonas situadas al sur del ecuador. Las autoridades advirtieron sobre escasez de agua, pérdidas de cultivos, incendios, contaminación del aire y posibles presiones sobre el precio de los alimentos.
Los modelos europeos anticipan para los próximos meses menos lluvias en el sudeste asiático, el Caribe y el norte de América del Sur, y mayores precipitaciones en el sur de América del Sur, el este y sur de África y sectores del este de Asia.
El fenómeno se desarrolla, además, sobre un planeta que ya se encuentra excepcionalmente caliente. Copernicus informó que el 21 de junio la temperatura media diaria de la superficie oceánica mundial fuera de las regiones polares llegó a 20,86 °C, el valor más alto registrado para esa fecha.
Un océano más caliente conserva mayor cantidad de energía, aumenta la evaporación y puede aportar más humedad a las tormentas. Esto no permite atribuir automáticamente cada inundación, sequía u ola de calor a El Niño, pero eleva la posibilidad de episodios extremos.
Las consecuencias tampoco se distribuyen de manera justa. Una gran empresa puede asegurar su producción, trasladar mercadería o invertir en sistemas de riego. Una familia rural, un pequeño productor, un trabajador informal o una persona que vive junto a un curso de agua dispone de muchas menos herramientas para protegerse.
Por eso, la información meteorológica debe traducirse en políticas públicas: sistemas de alerta temprana, inversión en vivienda y saneamiento, protección de las cuencas, apoyo a pequeños productores, reservas de agua, prevención sanitaria y planes de respuesta que prioricen a las comunidades más expuestas.
