El Instituto Alfredo Vásquez Acevedo, uno de los edificios más emblemáticos de la educación pública uruguaya, fue reconocido como Sitio de Memoria. La declaración recupera su historia, su papel en las luchas estudiantiles y docentes, y el homenaje a quienes pasaron por sus aulas y fueron víctimas del terrorismo de Estado.
Un edificio ligado a la historia de la educación pública
El Instituto Alfredo Vásquez Acevedo, conocido por generaciones como IAVA, no es un liceo más dentro de la educación pública uruguaya. Su historia está ligada al desarrollo de la enseñanza secundaria, a la Universidad de la República y a una idea de formación pública que marcó buena parte del siglo XX en Uruguay.
El edificio fue inaugurado en 1911 y diseñado por el arquitecto Alfredo Jones Brown. Desde entonces ocupa un lugar central en el paisaje educativo de Montevideo, entre José Enrique Rodó, Eduardo Acevedo y el entorno universitario. Su arquitectura, su escalinata, sus patios interiores, la Biblioteca Central de Secundaria, el Museo de Historia Natural y el Observatorio Astronómico lo convirtieron en un espacio de estudio, memoria y vida pública.
Durante décadas, por sus aulas pasaron miles de estudiantes. El IAVA se consolidó como un centro de bachillerato, pero también como un lugar de encuentro, discusión, organización y participación. Esa dimensión explica por qué su historia excede lo estrictamente educativo: el liceo fue también escenario de debates políticos, luchas gremiales, reclamos presupuestales, defensa de derechos estudiantiles y resistencia frente al autoritarismo.
La memoria del IAVA no está guardada solo en su edificio. Está en las generaciones que lo habitaron, en sus estudiantes, docentes, funcionarios, familias y exalumnos. Está en los nombres que volvieron a aparecer en el acto de homenaje, en las telas colgadas, en las placas, en las asambleas y en una tradición estudiantil que nunca dejó de mirar la educación pública como un derecho y no como un privilegio.
El IAVA durante el gobierno de Lacalle Pou
Esa historia volvió a quedar en el centro del debate nacional durante el gobierno de Luis Lacalle Pou, especialmente en 2023, cuando el conflicto por el salón gremial estudiantil transformó al IAVA en uno de los puntos más visibles de resistencia educativa.
La Dirección General de Educación Secundaria separó del cargo al director Leonardo Ruidíaz luego de que no procediera al desalojo de estudiantes del salón gremial. El argumento oficial estuvo vinculado a obras de accesibilidad, pero el conflicto rápidamente mostró una discusión más profunda: el lugar de los estudiantes dentro del liceo, el derecho a la organización gremial, la forma en que las autoridades educativas procesaban los desacuerdos y el valor simbólico de ese espacio.
Docentes, estudiantes y familias denunciaron una conducción autoritaria y una falta de diálogo. El episodio no quedó reducido a una disputa edilicia. La Institución Nacional de Derechos Humanos recibió denuncias vinculadas al desalojo del salón gremial, al sumario del director y a posibles afectaciones del derecho de reunión, participación y organización estudiantil.
La propia INDDHH concluyó que la privación del salón gremial fue lesiva de los derechos de reunión de los estudiantes y recomendó a ANEP y Secundaria generar espacios permanentes de diálogo y participación estudiantil, además de poner a disposición un salón adecuado para las actividades gremiales.
El conflicto también llegó al plano político. Lacalle Pou respaldó públicamente lo actuado por ANEP y cuestionó el estado del salón gremial, enfocando su crítica en las pintadas y el cuidado del edificio. Desde la comunidad educativa y los sindicatos se respondió que el problema no era solo material, sino político y pedagógico: cómo se trataba a estudiantes organizados, cómo se entendía la participación adolescente y qué lugar se les daba a las voces críticas dentro de la educación pública.
En ese período, el IAVA volvió a ocupar un lugar que ya conocía: el de centro educativo observado, discutido y disputado. Para buena parte de docentes y estudiantes, lo que estaba en juego no era solamente una sala, una puerta o una rampa. Era la defensa de una tradición de participación estudiantil frente a una política educativa vertical, poco dispuesta a escuchar y demasiado rápida para sancionar.
Sitio de memoria, nombres y homenaje
El 27 de mayo de 2026, el IAVA fue declarado Sitio de Memoria. El acto se realizó en el propio liceo, en José Enrique Rodó 1875, con presencia de autoridades educativas, representantes de Madres y Familiares de Detenidos Desaparecidos, docentes, estudiantes, egresados e integrantes de la comunidad educativa.
La declaración se enmarca en la Ley N.º 19.641 de Sitios de Memoria, que reconoce lugares vinculados a violaciones de derechos humanos cometidas por terrorismo de Estado o accionar ilegítimo estatal por motivos políticos, ideológicos o gremiales.
Durante la actividad se recordaron los nombres de estudiantes del IAVA detenidos desaparecidos y víctimas del terrorismo de Estado. La DGES informó que en el acto fueron nombrados 26 estudiantes detenidos desaparecidos. Entre ellos figuran Casimira María del Rosario Carretero Cárdenas, Carlos Alfredo Rodríguez Mercader, Washington Javier Barrios Fernández, Juan Pablo Recagno Ibarburu, José Pedro Callaba Píriz, Guillermo Manuel Sobrino Berardi, Beatriz Alicia Anglet de León, Graciela Susana De Gouveia Gallo, Daniel Pedro Alfaro Vázquez, Armando Bernardo Arnone Hernández, Eduardo Efraín Chizzola Cano, María Elsa Garreiro Martínez de Villaflor, Jorge Felisberto Goncalves Busconi, María Emilia Islas Gatti, Rafael Laudelino Lezama González, Winston César Mazzuchi Frantchez, Nebio Ariel Melo Cuesta, Juan Antonio Povaschuk Galeazzo y Enrique Joaquín Lucas López.
El homenaje incluyó oratoria de representantes de la Comisión Honoraria de Sitios de Memoria, de la Comisión del Sitio IAVA y de estudiantes del liceo. También hubo participación musical de Alex Burgueño y Milongas Extremas. Luego se descubrió una placa en la puerta del centro educativo, señalando al IAVA como un lugar de resistencia histórica al autoritarismo.
La resolución que declaró al IAVA como Sitio de Memoria sostiene que el liceo fue un espacio de resistencia histórica, con movilización estudiantil desde las décadas de 1950 y 1960, en defensa del presupuesto educativo, el boleto estudiantil y las libertades gremiales. También establece la señalización del lugar, su incorporación al catálogo de Sitios de Memoria y la continuidad del trabajo de investigación, documentación y recuperación de testimonios.
