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El FMI respalda a Milei, pero exige más ajuste y pone la mira en jubilaciones e impuestos

El organismo aprobó una nueva revisión del acuerdo con Argentina y liberó otro desembolso, pero dejó claro que el programa económico deberá avanzar sobre reformas más profundas. Jubilaciones, impuestos, subsidios, reservas y gasto público vuelven a quedar bajo la lógica de una deuda que condiciona la política económica.

El FMI avala el rumbo, pero pide más

El Fondo Monetario Internacional volvió a darle aire financiero al gobierno argentino, pero el respaldo llegó acompañado de una advertencia de fondo: el ajuste realizado hasta ahora no alcanza para garantizar la sostenibilidad del programa ni el pago de la deuda.

El Directorio del organismo aprobó la segunda revisión del acuerdo de facilidades extendidas con Argentina y habilitó un desembolso cercano a los 1.000 millones de dólares. Con esa decisión, el total girado dentro del programa asciende a unos 15.800 millones de dólares, en el marco de un acuerdo de 48 meses aprobado en abril de 2025.

El comunicado oficial del FMI reconoció avances en materia fiscal, cambiaria y legislativa, y destacó la orientación del gobierno de Javier Milei hacia una economía más abierta y de mercado. Pero detrás de ese elogio aparece el núcleo político del informe: el organismo reclama sostener el ancla fiscal, profundizar reformas estructurales y recomponer reservas internacionales.

La señal es clara. Para el Fondo, Argentina debe continuar reduciendo subsidios energéticos, ajustar mejor las transferencias sociales, contener el gasto discrecional y avanzar en cambios tributarios y previsionales. En otras palabras: el programa no se limita a ordenar números. También busca reconfigurar el Estado, el sistema jubilatorio y la estructura impositiva.

Jubilaciones y sistema tributario bajo presión

Uno de los puntos más sensibles del informe es la referencia al sistema previsional. El FMI plantea que las reformas destinadas a mejorar la “equidad y eficiencia” del sistema tributario y jubilatorio serán esenciales para sostener el ancla fiscal. Traducido al lenguaje político, el organismo vuelve a colocar las jubilaciones dentro de la discusión sobre déficit, deuda y capacidad de pago.

Ese enfoque no es neutro. En países sometidos a programas de endeudamiento, el gasto previsional suele ser presentado como problema fiscal antes que como derecho social. La mirada del Fondo apunta a garantizar previsibilidad macroeconómica, pero el costo de esa previsibilidad suele recaer sobre trabajadores, jubilados y sectores populares.

El informe también cuestiona el sistema impositivo argentino. Lo define como complejo, ineficiente y distorsivo, y apunta contra exenciones, regímenes especiales, diferencias entre tributos nacionales y provinciales, el peso de impuestos considerados poco favorables para la inversión y el funcionamiento del monotributo.

Entre las líneas planteadas aparecen la revisión del IVA, la eliminación de beneficios fiscales, la reforma del régimen simplificado para pequeños contribuyentes y la reducción gradual de impuestos a las exportaciones y a las transacciones financieras. La lógica general es la misma de siempre: aliviar cargas sobre sectores considerados estratégicos para la inversión y compensar esa pérdida de recursos con una estructura tributaria más amplia sobre otros sectores de la economía.

El punto de fondo es quién paga la transición. El FMI habla de eficiencia, competitividad y crecimiento. Pero en una economía marcada por caída del poder adquisitivo, informalidad y desigualdad, cualquier reforma tributaria o previsional puede convertirse en una nueva transferencia de costos hacia abajo si no tiene una protección social fuerte y real.

Deuda, reservas y soberanía económica

El organismo también marcó preocupación por las reservas internacionales. Aunque valoró medidas recientes del Banco Central y mejoras en la confianza de los mercados, reconoció que Argentina no cumplió la meta de acumulación de reservas netas de diciembre y pidió acelerar las compras de divisas.

Ese dato muestra la fragilidad del programa. El gobierno necesita dólares para sostener el esquema financiero, cumplir pagos externos, reducir la exposición con el Fondo y recuperar acceso a los mercados internacionales. Pero esa necesidad vuelve a colocar a la economía argentina bajo una lógica conocida: ajuste interno para sostener compromisos externos.

El FMI proyecta para 2026 un crecimiento de 3,5%, una inflación de 25% hacia fin de año, desempleo de 7,2% y un superávit primario de 1,4% del PBI. Esos números aparecen en el informe como señal de estabilización, pero no explican por sí solos el costo social del programa ni la distribución concreta del ajuste.

Fuentes:
Fondo Monetario Internacional — Comunicado oficial sobre la segunda revisión del acuerdo con Argentina, 21 de mayo de 202

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