El presidente electo de Colombia, Abelardo de la Espriella, anunció que restaurará y fortalecerá las relaciones con Israel tras una conversación con el canciller israelí Gideon Sa’ar. El giro marca una ruptura frontal con la política exterior de Gustavo Petro y suma a Colombia al eje latinoamericano más alineado con el gobierno de Benjamin Netanyahu.
Una llamada con Israel y un mensaje político directo
Abelardo de la Espriella puso a Israel entre sus primeras señales internacionales tras ganar la elección presidencial en Colombia. Después de conversar con el canciller israelí Gideon Sa’ar, anunció que su gobierno restaurará y fortalecerá la relación con el Estado de Israel.
El mensaje no fue diplomático ni ambiguo. De la Espriella afirmó que Israel podrá contar con Colombia como un “amigo leal” y un “aliado firme”. Sa’ar, por su parte, lo felicitó por su victoria, lo presentó como un amigo de Israel e informó que lo invitó a visitar Jerusalén.
También Benjamin Netanyahu celebró el resultado electoral colombiano y sostuvo que “los amigos de Israel siguen ganando”. La frase resume el sentido político del movimiento: el triunfo de De la Espriella no solo cambia el rumbo interno de Colombia, también reubica al país dentro del bloque internacional que respalda a Israel en medio de la guerra en Gaza, la ocupación de territorios palestinos y el avance de los asentamientos en Cisjordania.
El contraste con el gobierno saliente es total. Gustavo Petro rompió relaciones diplomáticas con Israel en mayo de 2024, después de acusar al gobierno de Netanyahu de cometer un genocidio contra el pueblo palestino. Esa decisión ubicó a Colombia entre los países latinoamericanos que pasaron de la condena verbal a una medida diplomática concreta.
Con De la Espriella, esa línea queda bajo revisión desde el primer momento.
Embajada en Jerusalén, carbón, armas y seguridad
El acercamiento de De la Espriella a Israel no empezó después de la elección. Durante la campaña ya había prometido instalar la embajada colombiana en Jerusalén, una decisión de alto peso simbólico y político porque supone reconocer esa ciudad como capital israelí en un punto central del conflicto con Palestina.
El presidente electo también había planteado una alianza estratégica con Israel y Estados Unidos como parte de su agenda de seguridad. Su mirada se apoya en la idea de tomar a Israel como modelo de combate al “terrorismo”, una categoría que en América Latina suele habilitar políticas de militarización, debilitamiento de garantías y endurecimiento penal.
La relación con Israel también tiene un costado económico y militar. Colombia e Israel mantuvieron durante años vínculos en materia de defensa, tecnología, comercio y seguridad. Bajo Petro, ese vínculo quedó golpeado por la ruptura diplomática y por la decisión de frenar exportaciones de carbón hacia Israel.
El gobierno colombiano prohibió en 2024 las exportaciones de carbón a Israel y en 2025 endureció esa restricción. La medida fue presentada como una respuesta política ante la ofensiva israelí sobre Gaza. Con De la Espriella, ese frente también puede cambiar: el nuevo gobierno llega con una señal clara de recomposición plena del vínculo bilateral.
Todavía no hay decreto ni decisión administrativa del nuevo gobierno porque De la Espriella aún no asumió. Pero el rumbo político ya fue anunciado: restablecer relaciones, fortalecer la alianza y colocar a Israel entre las prioridades exteriores de Colombia.
Un aliado más para la derecha extrema israelí
El giro colombiano ocurre en un momento en que el gobierno de Netanyahu profundiza su ofensiva militar y territorial. La Corte Internacional de Justicia declaró en 2024 que la presencia continuada de Israel en los territorios palestinos ocupados es ilegal y que el Estado israelí debe poner fin a esa situación lo antes posible.
Naciones Unidas y organismos de derechos humanos también han advertido sobre el avance de asentamientos israelíes en Cisjordania, la anexión de hecho de territorio palestino y el aumento de la violencia de colonos. En paralelo, sectores de la derecha extrema israelí impulsan abiertamente la expansión de asentamientos y el bloqueo de cualquier salida estatal palestina.
En ese contexto, el anuncio de De la Espriella no es solo una normalización diplomática. Es una señal de alineamiento político con el sionismo de Estado que sostiene la ocupación, con la derecha israelí que empuja la colonización territorial y con el bloque internacional que busca blindar a Netanyahu frente a las denuncias por Gaza y Cisjordania.
Colombia pasa así de una política exterior que había roto relaciones con Israel por la masacre en Gaza a una presidencia electa que promete llevar el vínculo “al nivel más alto”. Para el gobierno israelí, el triunfo de De la Espriella significa ganar un aliado regional en un país estratégico de América Latina.
Para Palestina, implica perder una de las voces estatales más duras de la región contra la ocupación israelí.
