Quatroges

Información, cultura y mirada crítica

Cuba y Gaza: dos formas de castigo colectivo contra pueblos enteros

Más de 100 mil cubanos esperan una cirugía en medio de una crisis sanitaria agravada por el bloqueo de Estados Unidos. En Gaza, el mundo observa hospitales destruidos, niños asesinados y una población castigada por hambre, bombas y asfixia. No son situaciones idénticas, pero tienen un punto común: la vida civil convertida en instrumento de presión política.

Una lista de espera que también habla de bloqueo

Cuba informó que más de 100 mil personas permanecen pendientes de intervenciones quirúrgicas. Según datos difundidos por autoridades del Ministerio de Salud Pública, 95.555 pacientes esperan por cirugías generales y otros 5.152 aguardan intervenciones oncológicas.

No se trata de una demora administrativa más. Cada operación postergada puede significar dolor, deterioro, avance de una enfermedad o pérdida de oportunidad médica. En salud, el tiempo no es neutro. Una cirugía que llega tarde puede cambiar una vida para siempre.

La situación también alcanza a pacientes que dependen de hemodiálisis. Cuba informó que 2.888 personas reciben ese tratamiento, altamente dependiente de insumos, agua, electricidad, transporte y equipamiento especializado. Las autoridades sanitarias reconocieron dificultades para garantizar esos servicios en medio de cortes eléctricos, problemas de suministro de agua y escasez de recursos.

El bloqueo económico, comercial y financiero impuesto por Estados Unidos no explica por sí solo todos los problemas internos de Cuba, pero sí agrava de manera directa la capacidad del país para comprar medicamentos, equipos, repuestos, insumos médicos y combustible. Esa presión no cae sobre un edificio del gobierno: cae sobre hospitales, policlínicas, ambulancias, quirófanos y familias que esperan una respuesta.

La salud como arma de presión

La política de sanciones contra Cuba suele presentarse como una medida contra un gobierno. En la vida real, su efecto se mide en anestesia que falta, equipos que no llegan, piezas que no se consiguen, medicamentos encarecidos, pacientes que esperan y médicos obligados a trabajar con menos de lo necesario.

Es una forma de castigo colectivo. No tiene la imagen brutal de una bomba cayendo sobre un hospital, pero puede producir daño humano por acumulación: una operación que se suspende, una terapia que se retrasa, un traslado que no se realiza, una enfermedad que avanza.

Ahí aparece el paralelo con Gaza. En Palestina, el castigo es visible en escombros, niños muertos, hospitales atacados, hambre y desplazamiento masivo. En Cuba, el castigo opera por asfixia económica, restricciones financieras, obstáculos comerciales y escasez inducida. Las formas son distintas, pero la lógica se parece: presionar políticamente a través del sufrimiento de la población civil.

La vida de un niño palestino bajo las bombas y la vida de un paciente cubano que no accede a una cirugía no pueden ponerse en una competencia de dolor. Ningún pueblo necesita demostrar que su sufrimiento es más grave que el de otro. Lo que sí debe señalarse es que existe una matriz común: potencias que deciden quién puede vivir con normalidad y quién debe pagar con su cuerpo una disputa geopolítica.

El mundo mira demasiado y actúa demasiado poco

En Gaza, buena parte de la humanidad ha visto en directo la destrucción de hospitales, escuelas, viviendas y barrios enteros. Se han repetido llamados internacionales, denuncias de organismos humanitarios y reclamos de alto el fuego. Aun así, la maquinaria de muerte siguió funcionando.

Con Cuba ocurre algo distinto, más silencioso. No hay una explosión televisada cada noche, pero hay una erosión constante de la vida cotidiana. El bloqueo no aparece como una escena dramática en una pantalla, sino como una ausencia: no está el insumo, no está el repuesto, no está el combustible, no está el medicamento, no está la posibilidad de resolver a tiempo.

Por eso la comparación no es desacomodada. Gaza muestra la violencia abierta del castigo. Cuba muestra la violencia lenta de la asfixia. En ambos casos, el costo lo pagan personas comunes: niños, ancianos, enfermos, trabajadores de la salud, familias enteras que no deciden la política internacional pero cargan con sus consecuencias..

Fuentes consultadas: Prensa Latina; declaraciones públicas del Ministerio de Salud Pública de Cuba.

Compartir esta nota: Facebook X